UN DÍA LLAMADO "A"
Posted by Fer Irigoyen on Sunday, March 7, 2010 Under: ARTE
Daniel Molina, nos presenta una historia sobre un triángulo amistoso y la inocencia del primer amor. Las imágenes que acompañan este cuento esconden una letra "A". A continuación disfruta de la historia y encuentra la "A" en cada una de las tres imágenes.
Rafa era el hijo de mi amigo Julián; ahora, Julián es el padre de mi amigo Rafa. No es tan complicado. A ambos los conocí cuando me mudé a este modesto edificio familiar, Julián era el padre viudo del segundo piso. Una tarde subí su piso para ofrecerle a Julián una cerveza y, desde entonces, nos hemos bebimos un montón de anécdotas. La amistad se fue haciendo, y con el tiempo yo me ofrecí llevar a su hijo Rafa por las mañanas al colegio, y Julián en señal de agradecimiento, preparó pasta todos los jueves para invitarnos a cenar, a mí y a mi hermana Mariana.
Recuerdo con claridad la primera de esas cenas. Toqué a la puerta y enseguida nos recibió Julián con su sonrisa serena enfundada en su andar antiguo, entramos. A los pocos pasos estaba Rafa, nunca he de olvidar el instante en el que por vez primera Rafa vio a Mariana, al ver aquellos ojos de niño ilusionado me sentí testigo del alumbramiento de un nuevo amor. La sola actitud de Rafa nos dejó callados, y fue el mismo Rafa quien rompió el silencio al presentarse, quien, sin menguar su devoción, se acercó a su musa y la tomó por los hombros, le condujo hacia él y la besó. Quedamos atónitos. El único que parecía saber que sucedía era ese muchacho. La velada transcurrió así, guiada por la conversación del enamorado. Esa fue la primera cena de jueves, que con el tiempo se convertiría más en una cita de amor. El asunto no le molestó a nadie, yo veía en Rafa la cándida idealización de amor que de niño también yo había tenido.
Al mismo tiempo que crecía la devoción de Rafa hacia Mariana, él abría distancia conmigo. Con el tiempo me convertí en el monstruo que se llevaba a Mariana de su lado. Lo único que lamenté fue eso, la guerra personal que Rafa me declaró, una guerra inexistente, porque yo le quería igual o más que Mariana.
Una mañana vino de sorpresa Mariana, yo hice el desayuno y mientras lo comíamos me avisó que no asistiría más a las cenas de los jueves. Lo primero que cruzo por mi pensamiento fue Rafa y su corazón roto. Me costó trabajo pero poco a poco fui entendiendo las buenas intenciones de mi hermana, ella no quería destrozar las ilusiones del niño. No discutí, me limité a asentir con una leve sonrisa, y asistí a la cena del siguiente jueves solo. Aquella noche Rafa no probó bocado y se fue a dormir temprano. Las cenas de los jueves terminaron por extinguirse y, aunque Rafa seguía considerándome su enemigo, yo seguí llevándolo a su escuela, esperando algún día ganarme su simpatía. Y así fue. Por pláticas con su padre me enteré que a Rafa le gustaba leer, así que le compré una hermosa edición de cuentos, la guarde y un viernes se la di.
Al siguiente lunes por la mañana, en el trayecto hacia la escuela, el muchacho tenía otra actitud. Apenas arranqué el auto me miró desde el asiento trasero y después de una sonrisa rompió el silencio, empezó a contarme uno de sus secretos. Todos los días, al despertarse, lo primero que hacía era pensar en una letra y esa letra guiaba su vista, buscándola en todo lo que observara. Tenía que ser una letra formada por las cosas, como la 'h' que se podía ver en una silla, o la 'S' que se forma con las mangueras sobre el pasto, las letras impresas no valían.
Me contó que, para que realmente comenzara su día, la letra debía aparecer, y que justo esa mañana, al despertarse, había pensado en una 'A', me dijo que aún no la veía y que la estaba buscando. Con un cariño infinito puedo asegurar que esa mañana trajo a mí amistad e ilusión. Desde aquel día Rafa y yo hablamos mucho. El descubrimiento de letras ocultas guía nuestros trayectos hacia la escuela. Pocas cosas disfruto tanto como buscar sueños con Rafa. Hay mañanas en que encontramos frases enteras, y de esas frases salen historias, y de esas historias seguro es que nació nuestra amistad.
Aquella mañana de lunes, antes de bajarse del auto, Rafa volteó hacia afuera, había gente pasando. De un momento a otro el niño se volteó hacia mí y muy contento me dijo que había encontrado su 'A', que de hecho, al caminar, todos tenemos una A .
Rafa era el hijo de mi amigo Julián; ahora, Julián es el padre de mi amigo Rafa. No es tan complicado. A ambos los conocí cuando me mudé a este modesto edificio familiar, Julián era el padre viudo del segundo piso. Una tarde subí su piso para ofrecerle a Julián una cerveza y, desde entonces, nos hemos bebimos un montón de anécdotas. La amistad se fue haciendo, y con el tiempo yo me ofrecí llevar a su hijo Rafa por las mañanas al colegio, y Julián en señal de agradecimiento, preparó pasta todos los jueves para invitarnos a cenar, a mí y a mi hermana Mariana.Recuerdo con claridad la primera de esas cenas. Toqué a la puerta y enseguida nos recibió Julián con su sonrisa serena enfundada en su andar antiguo, entramos. A los pocos pasos estaba Rafa, nunca he de olvidar el instante en el que por vez primera Rafa vio a Mariana, al ver aquellos ojos de niño ilusionado me sentí testigo del alumbramiento de un nuevo amor. La sola actitud de Rafa nos dejó callados, y fue el mismo Rafa quien rompió el silencio al presentarse, quien, sin menguar su devoción, se acercó a su musa y la tomó por los hombros, le condujo hacia él y la besó. Quedamos atónitos. El único que parecía saber que sucedía era ese muchacho. La velada transcurrió así, guiada por la conversación del enamorado. Esa fue la primera cena de jueves, que con el tiempo se convertiría más en una cita de amor. El asunto no le molestó a nadie, yo veía en Rafa la cándida idealización de amor que de niño también yo había tenido.
Al mismo tiempo que crecía la devoción de Rafa hacia Mariana, él abría distancia conmigo. Con el tiempo me convertí en el monstruo que se llevaba a Mariana de su lado. Lo único que lamenté fue eso, la guerra personal que Rafa me declaró, una guerra inexistente, porque yo le quería igual o más que Mariana.Una mañana vino de sorpresa Mariana, yo hice el desayuno y mientras lo comíamos me avisó que no asistiría más a las cenas de los jueves. Lo primero que cruzo por mi pensamiento fue Rafa y su corazón roto. Me costó trabajo pero poco a poco fui entendiendo las buenas intenciones de mi hermana, ella no quería destrozar las ilusiones del niño. No discutí, me limité a asentir con una leve sonrisa, y asistí a la cena del siguiente jueves solo. Aquella noche Rafa no probó bocado y se fue a dormir temprano. Las cenas de los jueves terminaron por extinguirse y, aunque Rafa seguía considerándome su enemigo, yo seguí llevándolo a su escuela, esperando algún día ganarme su simpatía. Y así fue. Por pláticas con su padre me enteré que a Rafa le gustaba leer, así que le compré una hermosa edición de cuentos, la guarde y un viernes se la di.
Al siguiente lunes por la mañana, en el trayecto hacia la escuela, el muchacho tenía otra actitud. Apenas arranqué el auto me miró desde el asiento trasero y después de una sonrisa rompió el silencio, empezó a contarme uno de sus secretos. Todos los días, al despertarse, lo primero que hacía era pensar en una letra y esa letra guiaba su vista, buscándola en todo lo que observara. Tenía que ser una letra formada por las cosas, como la 'h' que se podía ver en una silla, o la 'S' que se forma con las mangueras sobre el pasto, las letras impresas no valían.Me contó que, para que realmente comenzara su día, la letra debía aparecer, y que justo esa mañana, al despertarse, había pensado en una 'A', me dijo que aún no la veía y que la estaba buscando. Con un cariño infinito puedo asegurar que esa mañana trajo a mí amistad e ilusión. Desde aquel día Rafa y yo hablamos mucho. El descubrimiento de letras ocultas guía nuestros trayectos hacia la escuela. Pocas cosas disfruto tanto como buscar sueños con Rafa. Hay mañanas en que encontramos frases enteras, y de esas frases salen historias, y de esas historias seguro es que nació nuestra amistad.
Aquella mañana de lunes, antes de bajarse del auto, Rafa volteó hacia afuera, había gente pasando. De un momento a otro el niño se volteó hacia mí y muy contento me dijo que había encontrado su 'A', que de hecho, al caminar, todos tenemos una A .
In : ARTE
Tags: un dia llamado a" "daniel molina" "literatura"
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