Todo lo que tenía que hacer era respirar, pero no podía; me estaba quemando el pecho, me estaba doliendo el corazón; era la primera vez que había decidido enamorarme con la intención de que fuera para siempre.
No podía quitarme del alma las palabras de Mateo, su mirada mezclada entre burla y lascivia no de la buena, no podía olvidar haberlo visto desnudo con esa otra mujer, sabiendo que acababan de tener sexo, y que me usó solo para enriquecer su estúpida colección de arte.
No puedo ...
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