EL DÍA ANTES DE LA GUERRA

 

Desperté en una habitación blanca, la luz blanquecina y cálida que entraba desde la ventana a través de las blancas persianas me obligó a cerrar los ojos. Tenía jaqueca y un mareo que me golpeaba como si fuera yo una débil bolsa de plástico dentro de un remolino. Después de un rato y tras palpar en mi lengua y mi garganta un sabor amargo, pasé mi lengua sobre mis labios y los sentí secos y escamosos. El silencio me circundaba y atravesaba mi solitaria...


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