HACIENDOLE EL AMOR A LA IGNORANCIA
Posted by Fer Irigoyen on Tuesday, April 24, 2012 Under: LIFE & BLOG
HACIENDOLE EL AMOR A LA IGNORANCIA...
Su nombre era Claudia, tenía 20 años cuando la conocí. Ella era alta, sus cabellos eran largos y rizados, su nariz era única, peculiar, hermosa; tenía los ojos más misteriosos que jamás haya visto, cuando me miraba sentía que podía leer hasta el más íntimo recoveco de mi alma, ella descubría mis secretos sin darme la oportunidad de decir una sola palabra, ella era inteligente, era divertida, era obesa.
Nos convertimos en los mejores amigos casi al instante de habernos conocido, yo fui su mejor confesor. Claudia solía venir a mi casa para compartirme sus aventuras y experiencias hasta ya muy adentrada la madrugada, y es que el tiempo no nos bastaba cuando nos reuníamos y charlábamos del mundo, eramos la mezcla perfecta, la mujer maravilla y James Bond en una sola habitación conspirando contra el amor y cupido. A veces hablábamos de religión, a veces hablábamos de temas tan triviales y vacíos como Paris Hilton y en algunas ocasiones, nos atrevíamos a revelar nuestros más profundos temores, dándonos cuenta de que teníamos tanto en común, ambos teníamos la misma edad, el mismo signo zodiacal, el mismo peso corporal y el mismo miedo: No queríamos terminar nuestros días solos, abandonados, roídos por el tiempo y el olvido, sin haber amado, sin haber sido amados.
Podría sonar tan dramático viniendo de dos jóvenes con un futuro prometedor por delante pero a nuestra inmadura edad y ante nuestras escasas experiencias, esperábamos lo peor de la vida, con la mejor de nuestras sonrisas, engalanados de nuestras mejores ropas, ella amaba la seda y yo era un poco más práctico, con un poco de algodón y lana me bastaría para soportar los cambios bruscos del clima y de la vida misma.
Y ya había transcurrido un poco de tiempo cuando conocimos casi al mismo tiempo a los que serían los grandes amores de nuestras vidas. El mío se llamaba Efraín, el de ella se llamaba Pedro. Recuerdo cuando con tanto entusiasmo y esmero planeamos y preparamos una maravillosa cena en casa de Claudia y esperamos impacientes por nuestros amores. Le tomé la mano y le dije: Viste, tarde o temprano llegan las cosas buenas a nuestras vidas, somos gente buena, somos lo que merecemos y pronto llegará la recompensa de nuestros corazones, puede que hayamos tenido la adolescencia más confusa, solitaria y dolorosa de la Historia pero aquí estamos, emocionados y con fe, fe de vida y esperanza de amor.
Ella sonrió y fue tan bello, su peinado era como el que usaban en los años 50, caían rizos por su rostro, ocultando uno de sus ojos, dejando a Claudia aún más encantadora de lo que era.
La cena fue de ensueño, no podría haber sido más perfecta, culminó con cada pareja en algún lugar de la ciudad haciendo el amor, conjugando verbos con la piel, reinventando la luna, reescribiendo la noche. No quería que terminara ese momento, en el que por primera vez, tanto Claudia como yo, dejaríamos de ser niños para convertirnos en adultos, dejar la edad de la inocencia para dejar entrar a nuestras existencias a la razón misma de nuestra vida: El amor.
Días después nos vimos Claudia y yo en una cafetería del centro de la ciudad de Querétaro y tuvimos la charla más larga, nos contamos todos los detalles, desde los más íntimos hasta los más vergonzosos, es que no podíamos creer lo que habíamos vivido, eramos cómplices, nos sentíamos como Thelma y Louis, un poco delincuentes, un poco traviesos, un poco inmortales. Claudia me platicó de cómo Pedro le había hecho el amor; fue el relato más erótico y romántico que había escuchado. En un principio ella temía deshacerse de sus prendas, y sólo se sentó en la orilla de la cama y se dejó acariciar por él, hasta que Pedro le pidió que desnudase su espalda y sus pechos, entonces Claudia le dijo: Se supone que debo estar segura de mí misma, no?, se supone que debería sentirme sensual y actuar como una leona pero la verdad es que ésta es la primera vez que estoy con alguien en una cama que no sea yo misma, y si me quito la ropa, cómo sabré que te gustará lo que verás? Me cuesta trabajo creerte a veces y no te enojes por favor, pero he aprendido que los hombres como tú no se enamoran de las chicas como yo, al menos no en la vida real y tengo dos opciones... Cambiar lo que soy y adaptarme a lo que los demás quieren ver o aferrarme a lo que soy y amarme como debería de hacerlo. Decirlo lo hace parecer tan fácil pero en realidad es complicado y...
Pedro puso sus dedos en los labios de Claudia impidiéndole decir otra palabra, entonces él se arrodilló frente a ella, mientras ella seguía sentada en la cama, con lágrimas enormes recorriendo su rostro, los ojos de pedro se cristalizaron y sus manos poco a poco, tiernamente y con la paciencia y amor de una madre que vela a su hijo enfermo, muy lentamente Pedro fue despojando a Claudia de sus ropas, sus miedos, sus inhibiciones, su pasado, sus cicatrices y las heridas que aún seguían abiertas sanaron esa noche, con los besos y el amor que Pedro le dio a manos llenas; Claudia tuvo que rendirse y se dejó llevar por algo que sintió y que no sabía cómo describir.
Mi experiencia con Efraín había sido casi la misma, entonces celebramos y reímos como niños esa tarde Claudia y yo, mientras nos mirábamos y nos reconocíamos, habíamos renacido, eramos jóvenes pero nos sentíamos como recién nacidos; a lo largo de nuestras vidas habíamos escuchado hermosas canciones románticas pero hasta ese momento teníamos la madurez suficiente para poder comprenderlas y vivirlas.
Uno o dos años después, un poco más grandes y quizá un poco más sabios cada quien por su lado tuvimos que superar las rupturas amorosas y sufrimos demasiado, quizá más de lo que una persona debería de sufrir por amor y reconozco que en ese tema eramos unos completos novatos mas nos sabíamos felices y satisfechos pues lo vivido y aprendido nadie nos lo podría quitar jamás.
Yo comencé a salir con muchas personas, una tras otra, trataba de llenar un hueco voraz en mi alma que Efraín había dejado con su partida, aunque ese rompimiento fue culpa mía entonces tenía yo que lidiar con mis demonios, opté entonces por ahogarlos con vodka y esconderlos bajo el cuerpo desnudo de cualquier hombre que hubiese querido pasar la noche conmigo. Me alejé un poco de Claudia, ella se fue a estudiar gastronomía a París, su gran sueño de ser chef estaba por materializarse por fin, profesionalmente, yo le había prometido ser el primer comensal en su restaurante apenas lo inaugurara sin embargo yo no le devolvía las llamadas y mientras subíamos de peso también aumentaba el peso de nuestros viejos temores, ella en la hermosa ciudad Parisina, rodeada de viejo romanticismo y parejas abrazadas, sola y pensativa y yo en la cama de algún desconocido que desconocía mi nombre, cada vez más solo y deprimido.
Cuando Claudia volvió a México me buscó y cuando la vi recuerdo haberle dado el abrazo más fuerte y lloramos como niños y jugamos juegos de mesa mientras nos poníamos al día con las noticias y los chismes, entonces ella me platicó que se había enterado que Pedro se había casado con su ex-novia de preparatoria que resultaba ser la hija del gobernador y yo le dije que no sabía nada de Efraín y que tampoco quería saber y le dije: No culpo a mi madre y a mi familia por haberse decepcionado de mi al enterarse que soy un irremediable homosexual, no les culpo por haberme obligado a terminar mi relación con Efraín, no culpo su temor por el 'qué dirán' pues al final fui yo y solo yo quien puso fin a mi historia con ese gran hombre, pese a que el siguió buscándome un tiempo después era de esperarse que se iba a cansar e inevitablemente seguiría con su vida, sólo espero que quien esté a su lado sepa amarlo como yo lo haría, sabes qué es lo que más me da pánico Claudia?, creo que nunca encontraré a alguien que se le parezca un poco a Efraín, y no me refiero al físico sino a su personalidad y a su manera tan honesta y tan pura de amarme, sólo un valiente se atrevería a amarme, no?...
Claudia me dio de pronto una bofetada, se molestó diciendo que no había aprendido nada, lloró conmigo y por mí, por ella y por todas las cosas que nos habían sucedido en los últimos años después de Pedro y Efraín, después como un par de ancianas ebrias, reíamos a carcajadas de nuevo, como si nos burláramos de nosotros mismos o las circunstancias que nos habían convertido en lo que éramos, bebimos un poco de vino y nos quedamos dormidos en mi cama como un par de niños. Mi madre nos arropó y dijo que era bueno vernos juntos de nuevo porque mientras estuvimos separados dijo que tanto Claudia como yo éramos sólo un fragmento errante de un todo y cuando un todo se separa, la nada lo devora todo.
Yo comencé a estudiar pintura y seguía con mis clases de literatura hasta que de repente la fotografía fue lo que se convirtió en mi predestinada profesión; Claudia había abierto su restaurante en una de las mejores zonas de la ciudad y tenía mucho éxito, en la vida profesional comenzaba a irnos bien pero en lo personal eramos un caos silente, oculto, maquillado. Yo comencé una relación con una estrella de rock, su nombre era Alejandro mientras que Claudia siendo un poco más tímida comenzó una relación en línea, con un hombre mayor al cual había conocido en un chat, él vivía en San Luis Potosí, era pintor y también se llamaba Alejandro.
Cuando a Claudia le presenté a Alejandro, su gesto me incomodó un poco, es decir, Claudia era una de las personas más honestas que conocía y pude ver que algo no le gustaba de mi novio, ya que Alejandro se marchó esa noche, le pedí a Claudia que me dijera el motivo o razón por la cual se había comportado tan fría y cortante con Alejandro mi rockstar, a lo cual ella me respondió: No se si es tu miedo o tu desesperación lo que te ciega y no te permite ver más allá de lo que te place ver, porque de algo estoy segura, no lo amas y él no te ama, tú lo usas y él te está usando también, el llena el lado izquierdo de tu cama y tú le llenas el bolsillo de billetes, no es así? Y no, se que no soy una experta en relaciones pero reconozco a la gente de su tipo, para él es muy cómodo tener sexo contigo pues al final le pagas los taxis, las comidas, los placeres y caprichos que al niño se le antoje tener, y tú, tú que eres tan noble y tan incauto prefieres ver amor dónde no lo hay y no te culpo por ello, mírame a mí, me estoy enamorando de alguien a quien sólo veo en una pantalla de computadora sin embargo espero más, quiero más, merezco más.
Y aunque me dolió reconocerlo, al quedarme sin palabras y no poder defenderme o refutar a sus hirientes frases, sabía en el fondo que Claudia tenía razón; Alejandro no era un mal hombre pero sus intenciones para conmigo no eran las más honorables y después de que en una de nuestras citas él me pidiera veinte mil pesos prestados decidí terminar ahí mismo mi remedo de noviazgo y lo dejé atrás, llorando pero firme y leal a mí mismo.
Apenas llegué a casa le llamé a Claudia para contarle lo que acababa de ocurrir pero su madre me dijo que se había ido a San Luis Potosí a pasar unos días ahí; la señora desconocía la razón pero yo sí sabía por quien había viajado a esa ciudad.
Varios días después Claudia me buscó de nuevo, un poco desmejorada, ojerosa, despeinada y con el maquillaje corrido. Después de abrazarla le pregunté si había ocurrido algo o si alguien le había hecho daño, pero tras llorar y sollozar por un largo rato, escondidos en el jardín de mi casa, me platicó al fin, detalle a detalle de su relación con el señor de San Luis Potosí, me mostró los mails impresos que Alejandro le había enviado con frases como: "Quiero hacerte el amor ahora mismo, sentirme tan adentro de tí, hacerte mía porque eres perfecta, princesa mía". Se que casi cualquiera caería con las rodillas derretidas ante frases tan rebuscadas y truculentas pero mi amiga seguía siendo inocente y terminó siendo una débil oveja ante un lobo viejo de ciudad.
Claudia le había enviado fotos de ella mientras él le escribía los correos electrónicos más románticos y dulces, por un momento pensé que tal vez harían una bella pareja hasta que llegó a los sucesos ocurridos cuando ella por fin lo visitó en su casa.
"Muy emocionada y casi clandestinamente tomé muy temprano en la mañana un autobús que me llevó directo a San Luis, no me quería morder las uñas ya que me había hecho la manicura, cuando llegué a la terminal de autobuses y descendí, ahí estaba él, esperándome, vestido con unos jeans vaqueros, con botas y una camisa a cuadros que enmarcaba su cuerpo bien conservado y ejercitado, yo aún me acomodaba la blusa cuando ya estaba de pie frente a él mas no nos abrazamos, él volteó a ver a las personas que estaban cerca de nosotros, pensé que era tímido y sentí ternura por él, me llevó a desayunar a un lugar muy elegante y después caminamos por las calles céntricas de la ciudad, me mostró la estatua de un señor que está alimentando a las palomas y me contó la historia; aquel hombre que toda su vida había ido a ese parque sentado en una banca lanzando semillas a las palomas, hasta que un triste día el señor falleció, pero las palomas seguían ahí, buscándolo o esperando por él, entonces a alguien se le ocurrió hacer la estatua del señor sentado en la banca con su sombrero, vestido elegante como el señor solía y rodeado de palomas fieles y vivas. Debo confesarte Fernando que me enamoré profundamente de Alejandro en ese momento o caí en cuenta de que ya estaba enamorada de él mas al verlo ese amor se había materializado; no podía esperar hasta llegar a su casa, quería que me hiciera el amor, quería que me hiciera sentir todo lo que me había escrito en los correos, me subí a su auto, era muy pequeño, me costó trabajo acomodarme en el, mis piernas son muy largas o gordas, no se pero él notó que iba mal sentada pero no hizo nada para solucionarlo ni yo se lo pedí, no quería verme emberrinchada o quejándome siendo la primera vez que nos veíamos.
Cuando llegamos a su inmensa casa y entramos lo primero que hice fue besarle pero el después de unos cuantos segundos se fue a su taller de trabajo para mostrarme sus pinturas y me mostró una que había hecho especialmente para mí, una manzana roja con hermosas luces y sombras alrededor de ella, le dije que me encantaba y lo miré sin recato alguno y le dije que quería que me hiciera el amor entonces me tomó de la mano y subimos las escaleras hasta llegar a su habitación, me dijo que me pusiera cómoda mientras que él entró al baño; yo me senté a esperarlo, impaciente, mis nervios movían mis pies involuntariamente y ya que él salió del baño en ropa interior me preguntó que qué quería yo hacer y le respondí que lo obvio, que plasmara sus palabras en hechos y que todo aquello que me había dicho, quería que me lo hiciera sentir, vivir en carne propia pero el se recostó boca arriba y me pidió que lo estimulara un poco, entonces comencé a besarle la frente, los labios, el pecho, el vientre y... Bueno, ya sabes, no tenía reparos en hacerle sentir mi amor, cuando me sentí muy excitada, me quité la blusa, le pedí que me desabrochara el brasier y que me hiciera el amor sin embargo me dijo que no podía, que era demasiado pronto pero le pregunté: Entonces qué significa todo lo que me escribiste? Todas esas cosas que dijiste que harías conmigo apenas nos viéramos y él me respondió que no podía entonces noté en sus ojos y en su lenguaje corporal un poco de asco o disgusto de estar conmigo, no podía quitar sus ojos de mi vientre abultado, bueno, de mi panza, y aunque traté de aguantarme el llanto le pregunté que por qué me había hecho ir, por qué había dicho amarme y por qué decía que yo era su perfecta princesa; él respondió: Es que no puedo, no puedo hacerte el amor, estás muy gorda, más de lo que imaginé. Yo le dije: Pero te envié fotos y tú decías amarlas, decías que te excitabas de sólo imaginarme contigo a lo que él replicó: Sí, me enviaste fotos pero creo que estaban editadas, te las tomaste con ángulos engañosos, yo que sé, no te veías tan gorda en las fotos. Yo ya sin fuerzas de seguir escuchando sus ofensas y desprecios me levanté y me volví a vestir, le dije que me iría pero pidió llevarme a la terminal de autobuses, en el camino no dije nada, él sólo me pidió que no lo considerara un monstruo, que sus gustos simplemente estaban bien definidos y que nunca había salido con una mujer obesa, decía que había hecho tanto ejercicio que merecía a una persona igual que él, ya sabes, una mujer de un metro con ochenta centímetros, senos de balón, cintura de avispa y trasero de Jennifer López. Volví ese mismo día a Querétaro pero estuve en mi casa hasta ahora, no me atrevía a salir, no podía verte, me sentía tan ridícula y fracasada, yo que había juzgado tu relación con Alejandro y mi Alejandro que me había rechazado tan despiadadamente, ésto es Karma instantáneo... En fin, quiero que me perdones amigo por haber sido tan ruda contigo, yo que sé del amor verdad?, quizás tu Alejandro será el hombre de tu vida, y es que qué se yo de la vida, he estado gastando mis centavos en productos para bajar de peso, he dejado de comer, estoy usando fajas que no me quedan, estoy tratando de ponerme pantimedias reductoras que no caben en mis piernas, mas he aprendido algo, nunca compres productos que no estén probados o diseñados por y para personas normales, mi faja estaba en un catálogo y una modelo delgadísima la modelaba, y en su momento me pregunté: Qué cantidad de grasa puede tener esa mujer en su cuerpo? Ni un gramo, pero ahí voy yo, la bruta deprimida a gastar en algo que no me queda, tal vez la use en los brazos, tal vez lo tire todo, tal vez... Pero pase lo que pase quiero pedirte algo, abre éste sobre y lee la carta cuando sientas que más lo necesitas, son unas líneas de mí para tí, pero no lo leas ahora, recuerda, sólo cuando más sientas la urgencia de amor."
Después de comer una sopa caliente que mi madre había hecho pude entonces platicarle que a pesar de lo que ella opinaba de sí misma, había acertado con 'mi Alejandro' y que sólo salía conmigo por mi dinero y no es que sea rico pero uno se las ingenia para conseguir dinero hasta por debajo de las rocas cuando queremos complacer los deseos de quien creemos amar.
Los años pasaron, Claudia conoció a un gran hombre y se casó con él, se mudaron a Canadá, el día que nos despedimos parecía que alguien había muerto y puede que así haya sido, pero era más mi dicha por ella que el dolor que sentía porque íbamos a dejar de vernos, se que no se iba a otro mundo, sólo a dos fronteras lejos de mí sin embargo tenerla tan cerca de mí siempre había sido hermoso, su compañía era la mejor cura cuando me herían y es que sabía que seguiría siendo herido pues de eso se trata la vida, no?.
Hace poco me ocurrió lo que a Claudia, y sentí bajo mi propia piel los pinchazos de rechazo y de desprecio de alguien que me dijo 'Te Amo', el piso se me movía telúricamente y lo primero que hice fue cerrar mi boca y dejar de comer, estando escondido bajo las sábanas, en algún rincón de mi cama, absorbido por la impotencia y la amargura recordé la carta que Claudia me había dejado años atrás, la busqué y abrí el sobre ansioso, leí la carta y sentí que el cielo se abría para mí, me pregunté si era eso mi Nirvana o si era la iluminación que cambiaría mi vida. La carta con muy pocas pero certeras y sabias líneas decía:
"Amigo, al estar en la cama de Alejandro, mientras me bombardeaba con miradas de rechazo y disgusto no supe cómo reaccionar ni como defenderme, cuando estuve en casa y después de pasar varios días en ayudo voluntario y tratando de bajar en una semana los sesenta kilos que me sobran me di cuenta de algo y recordé mi plática con Pedro, previa a nuestra primera vez. Yo solía pensar que se suponía que él, que ellos debían hacerme sentir hermosa, que ellos debían hacerme sentir cómoda en mi cuerpo, como si fuera una obligación para ellos, el hombre que estuviera conmigo debía darme la confianza que yo no tenía y pude ver que eso era un acto muy injusto y egoísta, cómo es que me atrevía a exigirle a ellos el amor hacia mi persona, amor que yo no sentía por mí? Cómo es que esperaba que Alejandro me hiciera el amor cuando yo no amaba mis senos, mi piel, mis piernas, mis caderas y mis 'llantitas'? Cómo es que pretendía recibir de ellos lo que yo no podía darme?... Sabes, muchas veces a lo largo de toda mi vida, la gente se mofó de mi cuerpo y me miraban tan horriblemente, me discriminaron en la escuela, me discriminaron en algunos empleos temporales que tuve y llegué a un punto en el que me sentía perdida, sabes, una vez leí un libro en el cual una persona explicaba de manera casi científica del por qué algunas personas sienten una repulsión casi predeterminada para con las personas con sobrepeso; ellos piensan que nosotros comemos nuestras penas, que somos el fruto de nuestro propio abandono y gula, tiene la idea de que nos atiborramos de grasas y carbohidratos, por consiguiente engordamos y que entonces si a alguien le incomoda vernos, debemos tolerar las burlas y discriminaciones, pero ellos están tan equivocados como yo solía estarlo. Nunca podré hacer nada para cambiar la mente de esas personas, y por qué he de hacerlo, esa es su mente, su criterio, su ignorancia, que vivan con ello, yo debo aprender a vivir en mí y conmigo. Podría bajar de peso pero no es lo que quiero, se que aunque estuviera delgada seguiría sufriendo, pues mi peso no es el problema, el problema es que no me amo lo suficiente, nunca es suficiente y siempre nos ahogan las carencias afectivas y las ausencias de seres queridos, la presión de que los años pasan y seguimos solos, de que sabemos que no somos el molde de 'la belleza' y que si dos o tres hombres han rechazado lo que somos, el resto de ellos lo hará también, cerrándonos así la puerta hacia un mundo de posibilidades. Yo no voy a bajar ni un sólo gramo de mi peso, yo soy perfecta como soy, pregúntale a la Venus de Milo, no tengo tampoco por qué acoplarme a lo que otra persona quiere o espera de mí, mi cuerpo no es de arcilla, no lo amoldaré a los gustos de un hombre que no le gusta o no se conforma con lo que soy, todo empieza con uno mismo, eso siempre lo hemos sabido pero no se por qué siempre lo olvidamos, debemos de aprender a mirarnos al espejo, sin juzgarnos, sin apedrearnos, debemos amarnos, se supone que nosotros debemos hacernos sentir sensuales, no ellos, recuérdalo siempre, somos lo que necesitamos para ser felices, lo demás y los demás son valores agregados a lo que nosotros somos y valemos, no permitas nunca que alguien más defina lo que eres, me he dado cuenta que las personas que intentan cambiar a los demás, lo hacen porque no están felices consigo mismos, es fácil criticar el patio del vecino cuando el de uno resguarda tantos esqueletos y suciedad. No voy a decirte nada más, tú aprenderás en tu propio camino y bajo tus propias experiencias de lo que te hablo, tú y yo somos uno mismo, somos eso que llaman 'almas gemelas' y no debemos permitir que eso se desvanezca..."
He leído esa carta muchas veces y día a día he tratado de poner en práctica esa cosa llamada 'amor propio', se que no tengo la sonrisa de Julia Roberts pero tengo otras virtudes que me hacen sentir bien con mi propia persona, incluso mis defectos me gustan, son mis defectos, mis fallas, esas cosas que a me hacen ser único e inequívocamente genuino en éste mundo rebosante de gente.
Se que en algún lugar del mundo está esa persona hecha a mano para mí, porque yo fui hecho a mano para esa persona, pero estoy en el proceso de aprendizaje, todavía, he sido un poco lento, más lento que Claudia, ella como cualquier mujer es más inteligente e intuitiva, aprendió de sus errores y se dio cuenta que sus errores son los caminos perfectos que le llevan a su destino.
Es fácil recaer, hacerse daño a uno mismo puede ser tan adictivo como beber alcohol o fumar tabaco, sin embargo hay que atreverse a hallar el nivel entre 'soy lo que soy porque nací para serlo' y 'soy lo que quiero ser porque tengo el poder para convertirme en ello', nunca intentando agradar a otro excepto a uno mismo, porque para lo que uno es un hermoso gris ahumado, para otro es un insípido y aburrido color.
Es aún más fácil hacerle el amor a la ignorancia, cegarnos y preferir vivir en un mundo de mentiras, rodearnos de personas nocivas porque no sabemos lidiar con nosotros mismos, la ignorancia ajena es sólo un reflejo de lo que somos cuando no queremos encontrar la cura de nuestros males. Porque es más cómodo dejarle a la pareja la responsabilidad de amarnos para evitarnos el esfuerzo o la pena de hacerlo, pero a caso es una pena amarnos a nosotros mismos? Por qué esperar a que otro lo haga?
Pero qué es la ignorancia? Es decir 'que le vayga bien?' Es no saber sumar o multiplicar? Es no saber comportarse en una cena de gala? Es criticar, juzgar y señalar con el dedo a otra persona, satirizando sus defectos, crucificando sus motivos? Para mí esa es la verdadera ignorancia, lo más irónico de todo es que las personas ignorantes nos enseñan las grandes lecciones de vida, ese hombre que rechazó a Claudia le dio la pauta de todo y le enseñó a amarse a sí misma, a vivir feliz y a usar traje de baño en la playa, por consiguiente ella ahora vive su final feliz siendo solamente el inicio.
Apodos... Ellos podrán ponerte mil apodos pero nunca podrán arrebatarte tu nombre, tu nombre es amor, conjúgalo con tu cuerpo, con tus manos, con tu boca, con tus ojos, con tus pensamientos, con tu vida, con tu llanto.
Su nombre era Claudia, ahora se llama La Mujer Más Feliz del Mundo, la que me acaba de llamar y me recordó algunos de los mejores momentos de mi vida, yo me llamo Fernando y me apellido 'Sigo Buscando Mi Final Feliz' porque soy genéticamente cursi, porque merezco lo mejor, porque soy lo mejor, porque el mundo y la vida siempre acomodan las cosas en su lugar.
Su nombre era Claudia, tenía 20 años cuando la conocí. Ella era alta, sus cabellos eran largos y rizados, su nariz era única, peculiar, hermosa; tenía los ojos más misteriosos que jamás haya visto, cuando me miraba sentía que podía leer hasta el más íntimo recoveco de mi alma, ella descubría mis secretos sin darme la oportunidad de decir una sola palabra, ella era inteligente, era divertida, era obesa.
Nos convertimos en los mejores amigos casi al instante de habernos conocido, yo fui su mejor confesor. Claudia solía venir a mi casa para compartirme sus aventuras y experiencias hasta ya muy adentrada la madrugada, y es que el tiempo no nos bastaba cuando nos reuníamos y charlábamos del mundo, eramos la mezcla perfecta, la mujer maravilla y James Bond en una sola habitación conspirando contra el amor y cupido. A veces hablábamos de religión, a veces hablábamos de temas tan triviales y vacíos como Paris Hilton y en algunas ocasiones, nos atrevíamos a revelar nuestros más profundos temores, dándonos cuenta de que teníamos tanto en común, ambos teníamos la misma edad, el mismo signo zodiacal, el mismo peso corporal y el mismo miedo: No queríamos terminar nuestros días solos, abandonados, roídos por el tiempo y el olvido, sin haber amado, sin haber sido amados.
Podría sonar tan dramático viniendo de dos jóvenes con un futuro prometedor por delante pero a nuestra inmadura edad y ante nuestras escasas experiencias, esperábamos lo peor de la vida, con la mejor de nuestras sonrisas, engalanados de nuestras mejores ropas, ella amaba la seda y yo era un poco más práctico, con un poco de algodón y lana me bastaría para soportar los cambios bruscos del clima y de la vida misma.
Y ya había transcurrido un poco de tiempo cuando conocimos casi al mismo tiempo a los que serían los grandes amores de nuestras vidas. El mío se llamaba Efraín, el de ella se llamaba Pedro. Recuerdo cuando con tanto entusiasmo y esmero planeamos y preparamos una maravillosa cena en casa de Claudia y esperamos impacientes por nuestros amores. Le tomé la mano y le dije: Viste, tarde o temprano llegan las cosas buenas a nuestras vidas, somos gente buena, somos lo que merecemos y pronto llegará la recompensa de nuestros corazones, puede que hayamos tenido la adolescencia más confusa, solitaria y dolorosa de la Historia pero aquí estamos, emocionados y con fe, fe de vida y esperanza de amor.
Ella sonrió y fue tan bello, su peinado era como el que usaban en los años 50, caían rizos por su rostro, ocultando uno de sus ojos, dejando a Claudia aún más encantadora de lo que era.
La cena fue de ensueño, no podría haber sido más perfecta, culminó con cada pareja en algún lugar de la ciudad haciendo el amor, conjugando verbos con la piel, reinventando la luna, reescribiendo la noche. No quería que terminara ese momento, en el que por primera vez, tanto Claudia como yo, dejaríamos de ser niños para convertirnos en adultos, dejar la edad de la inocencia para dejar entrar a nuestras existencias a la razón misma de nuestra vida: El amor.
Días después nos vimos Claudia y yo en una cafetería del centro de la ciudad de Querétaro y tuvimos la charla más larga, nos contamos todos los detalles, desde los más íntimos hasta los más vergonzosos, es que no podíamos creer lo que habíamos vivido, eramos cómplices, nos sentíamos como Thelma y Louis, un poco delincuentes, un poco traviesos, un poco inmortales. Claudia me platicó de cómo Pedro le había hecho el amor; fue el relato más erótico y romántico que había escuchado. En un principio ella temía deshacerse de sus prendas, y sólo se sentó en la orilla de la cama y se dejó acariciar por él, hasta que Pedro le pidió que desnudase su espalda y sus pechos, entonces Claudia le dijo: Se supone que debo estar segura de mí misma, no?, se supone que debería sentirme sensual y actuar como una leona pero la verdad es que ésta es la primera vez que estoy con alguien en una cama que no sea yo misma, y si me quito la ropa, cómo sabré que te gustará lo que verás? Me cuesta trabajo creerte a veces y no te enojes por favor, pero he aprendido que los hombres como tú no se enamoran de las chicas como yo, al menos no en la vida real y tengo dos opciones... Cambiar lo que soy y adaptarme a lo que los demás quieren ver o aferrarme a lo que soy y amarme como debería de hacerlo. Decirlo lo hace parecer tan fácil pero en realidad es complicado y...
Pedro puso sus dedos en los labios de Claudia impidiéndole decir otra palabra, entonces él se arrodilló frente a ella, mientras ella seguía sentada en la cama, con lágrimas enormes recorriendo su rostro, los ojos de pedro se cristalizaron y sus manos poco a poco, tiernamente y con la paciencia y amor de una madre que vela a su hijo enfermo, muy lentamente Pedro fue despojando a Claudia de sus ropas, sus miedos, sus inhibiciones, su pasado, sus cicatrices y las heridas que aún seguían abiertas sanaron esa noche, con los besos y el amor que Pedro le dio a manos llenas; Claudia tuvo que rendirse y se dejó llevar por algo que sintió y que no sabía cómo describir.
Mi experiencia con Efraín había sido casi la misma, entonces celebramos y reímos como niños esa tarde Claudia y yo, mientras nos mirábamos y nos reconocíamos, habíamos renacido, eramos jóvenes pero nos sentíamos como recién nacidos; a lo largo de nuestras vidas habíamos escuchado hermosas canciones románticas pero hasta ese momento teníamos la madurez suficiente para poder comprenderlas y vivirlas.
Uno o dos años después, un poco más grandes y quizá un poco más sabios cada quien por su lado tuvimos que superar las rupturas amorosas y sufrimos demasiado, quizá más de lo que una persona debería de sufrir por amor y reconozco que en ese tema eramos unos completos novatos mas nos sabíamos felices y satisfechos pues lo vivido y aprendido nadie nos lo podría quitar jamás.
Yo comencé a salir con muchas personas, una tras otra, trataba de llenar un hueco voraz en mi alma que Efraín había dejado con su partida, aunque ese rompimiento fue culpa mía entonces tenía yo que lidiar con mis demonios, opté entonces por ahogarlos con vodka y esconderlos bajo el cuerpo desnudo de cualquier hombre que hubiese querido pasar la noche conmigo. Me alejé un poco de Claudia, ella se fue a estudiar gastronomía a París, su gran sueño de ser chef estaba por materializarse por fin, profesionalmente, yo le había prometido ser el primer comensal en su restaurante apenas lo inaugurara sin embargo yo no le devolvía las llamadas y mientras subíamos de peso también aumentaba el peso de nuestros viejos temores, ella en la hermosa ciudad Parisina, rodeada de viejo romanticismo y parejas abrazadas, sola y pensativa y yo en la cama de algún desconocido que desconocía mi nombre, cada vez más solo y deprimido.
Cuando Claudia volvió a México me buscó y cuando la vi recuerdo haberle dado el abrazo más fuerte y lloramos como niños y jugamos juegos de mesa mientras nos poníamos al día con las noticias y los chismes, entonces ella me platicó que se había enterado que Pedro se había casado con su ex-novia de preparatoria que resultaba ser la hija del gobernador y yo le dije que no sabía nada de Efraín y que tampoco quería saber y le dije: No culpo a mi madre y a mi familia por haberse decepcionado de mi al enterarse que soy un irremediable homosexual, no les culpo por haberme obligado a terminar mi relación con Efraín, no culpo su temor por el 'qué dirán' pues al final fui yo y solo yo quien puso fin a mi historia con ese gran hombre, pese a que el siguió buscándome un tiempo después era de esperarse que se iba a cansar e inevitablemente seguiría con su vida, sólo espero que quien esté a su lado sepa amarlo como yo lo haría, sabes qué es lo que más me da pánico Claudia?, creo que nunca encontraré a alguien que se le parezca un poco a Efraín, y no me refiero al físico sino a su personalidad y a su manera tan honesta y tan pura de amarme, sólo un valiente se atrevería a amarme, no?...
Claudia me dio de pronto una bofetada, se molestó diciendo que no había aprendido nada, lloró conmigo y por mí, por ella y por todas las cosas que nos habían sucedido en los últimos años después de Pedro y Efraín, después como un par de ancianas ebrias, reíamos a carcajadas de nuevo, como si nos burláramos de nosotros mismos o las circunstancias que nos habían convertido en lo que éramos, bebimos un poco de vino y nos quedamos dormidos en mi cama como un par de niños. Mi madre nos arropó y dijo que era bueno vernos juntos de nuevo porque mientras estuvimos separados dijo que tanto Claudia como yo éramos sólo un fragmento errante de un todo y cuando un todo se separa, la nada lo devora todo.
Yo comencé a estudiar pintura y seguía con mis clases de literatura hasta que de repente la fotografía fue lo que se convirtió en mi predestinada profesión; Claudia había abierto su restaurante en una de las mejores zonas de la ciudad y tenía mucho éxito, en la vida profesional comenzaba a irnos bien pero en lo personal eramos un caos silente, oculto, maquillado. Yo comencé una relación con una estrella de rock, su nombre era Alejandro mientras que Claudia siendo un poco más tímida comenzó una relación en línea, con un hombre mayor al cual había conocido en un chat, él vivía en San Luis Potosí, era pintor y también se llamaba Alejandro.
Cuando a Claudia le presenté a Alejandro, su gesto me incomodó un poco, es decir, Claudia era una de las personas más honestas que conocía y pude ver que algo no le gustaba de mi novio, ya que Alejandro se marchó esa noche, le pedí a Claudia que me dijera el motivo o razón por la cual se había comportado tan fría y cortante con Alejandro mi rockstar, a lo cual ella me respondió: No se si es tu miedo o tu desesperación lo que te ciega y no te permite ver más allá de lo que te place ver, porque de algo estoy segura, no lo amas y él no te ama, tú lo usas y él te está usando también, el llena el lado izquierdo de tu cama y tú le llenas el bolsillo de billetes, no es así? Y no, se que no soy una experta en relaciones pero reconozco a la gente de su tipo, para él es muy cómodo tener sexo contigo pues al final le pagas los taxis, las comidas, los placeres y caprichos que al niño se le antoje tener, y tú, tú que eres tan noble y tan incauto prefieres ver amor dónde no lo hay y no te culpo por ello, mírame a mí, me estoy enamorando de alguien a quien sólo veo en una pantalla de computadora sin embargo espero más, quiero más, merezco más.
Y aunque me dolió reconocerlo, al quedarme sin palabras y no poder defenderme o refutar a sus hirientes frases, sabía en el fondo que Claudia tenía razón; Alejandro no era un mal hombre pero sus intenciones para conmigo no eran las más honorables y después de que en una de nuestras citas él me pidiera veinte mil pesos prestados decidí terminar ahí mismo mi remedo de noviazgo y lo dejé atrás, llorando pero firme y leal a mí mismo.
Apenas llegué a casa le llamé a Claudia para contarle lo que acababa de ocurrir pero su madre me dijo que se había ido a San Luis Potosí a pasar unos días ahí; la señora desconocía la razón pero yo sí sabía por quien había viajado a esa ciudad.
Varios días después Claudia me buscó de nuevo, un poco desmejorada, ojerosa, despeinada y con el maquillaje corrido. Después de abrazarla le pregunté si había ocurrido algo o si alguien le había hecho daño, pero tras llorar y sollozar por un largo rato, escondidos en el jardín de mi casa, me platicó al fin, detalle a detalle de su relación con el señor de San Luis Potosí, me mostró los mails impresos que Alejandro le había enviado con frases como: "Quiero hacerte el amor ahora mismo, sentirme tan adentro de tí, hacerte mía porque eres perfecta, princesa mía". Se que casi cualquiera caería con las rodillas derretidas ante frases tan rebuscadas y truculentas pero mi amiga seguía siendo inocente y terminó siendo una débil oveja ante un lobo viejo de ciudad.
Claudia le había enviado fotos de ella mientras él le escribía los correos electrónicos más románticos y dulces, por un momento pensé que tal vez harían una bella pareja hasta que llegó a los sucesos ocurridos cuando ella por fin lo visitó en su casa.
"Muy emocionada y casi clandestinamente tomé muy temprano en la mañana un autobús que me llevó directo a San Luis, no me quería morder las uñas ya que me había hecho la manicura, cuando llegué a la terminal de autobuses y descendí, ahí estaba él, esperándome, vestido con unos jeans vaqueros, con botas y una camisa a cuadros que enmarcaba su cuerpo bien conservado y ejercitado, yo aún me acomodaba la blusa cuando ya estaba de pie frente a él mas no nos abrazamos, él volteó a ver a las personas que estaban cerca de nosotros, pensé que era tímido y sentí ternura por él, me llevó a desayunar a un lugar muy elegante y después caminamos por las calles céntricas de la ciudad, me mostró la estatua de un señor que está alimentando a las palomas y me contó la historia; aquel hombre que toda su vida había ido a ese parque sentado en una banca lanzando semillas a las palomas, hasta que un triste día el señor falleció, pero las palomas seguían ahí, buscándolo o esperando por él, entonces a alguien se le ocurrió hacer la estatua del señor sentado en la banca con su sombrero, vestido elegante como el señor solía y rodeado de palomas fieles y vivas. Debo confesarte Fernando que me enamoré profundamente de Alejandro en ese momento o caí en cuenta de que ya estaba enamorada de él mas al verlo ese amor se había materializado; no podía esperar hasta llegar a su casa, quería que me hiciera el amor, quería que me hiciera sentir todo lo que me había escrito en los correos, me subí a su auto, era muy pequeño, me costó trabajo acomodarme en el, mis piernas son muy largas o gordas, no se pero él notó que iba mal sentada pero no hizo nada para solucionarlo ni yo se lo pedí, no quería verme emberrinchada o quejándome siendo la primera vez que nos veíamos.
Cuando llegamos a su inmensa casa y entramos lo primero que hice fue besarle pero el después de unos cuantos segundos se fue a su taller de trabajo para mostrarme sus pinturas y me mostró una que había hecho especialmente para mí, una manzana roja con hermosas luces y sombras alrededor de ella, le dije que me encantaba y lo miré sin recato alguno y le dije que quería que me hiciera el amor entonces me tomó de la mano y subimos las escaleras hasta llegar a su habitación, me dijo que me pusiera cómoda mientras que él entró al baño; yo me senté a esperarlo, impaciente, mis nervios movían mis pies involuntariamente y ya que él salió del baño en ropa interior me preguntó que qué quería yo hacer y le respondí que lo obvio, que plasmara sus palabras en hechos y que todo aquello que me había dicho, quería que me lo hiciera sentir, vivir en carne propia pero el se recostó boca arriba y me pidió que lo estimulara un poco, entonces comencé a besarle la frente, los labios, el pecho, el vientre y... Bueno, ya sabes, no tenía reparos en hacerle sentir mi amor, cuando me sentí muy excitada, me quité la blusa, le pedí que me desabrochara el brasier y que me hiciera el amor sin embargo me dijo que no podía, que era demasiado pronto pero le pregunté: Entonces qué significa todo lo que me escribiste? Todas esas cosas que dijiste que harías conmigo apenas nos viéramos y él me respondió que no podía entonces noté en sus ojos y en su lenguaje corporal un poco de asco o disgusto de estar conmigo, no podía quitar sus ojos de mi vientre abultado, bueno, de mi panza, y aunque traté de aguantarme el llanto le pregunté que por qué me había hecho ir, por qué había dicho amarme y por qué decía que yo era su perfecta princesa; él respondió: Es que no puedo, no puedo hacerte el amor, estás muy gorda, más de lo que imaginé. Yo le dije: Pero te envié fotos y tú decías amarlas, decías que te excitabas de sólo imaginarme contigo a lo que él replicó: Sí, me enviaste fotos pero creo que estaban editadas, te las tomaste con ángulos engañosos, yo que sé, no te veías tan gorda en las fotos. Yo ya sin fuerzas de seguir escuchando sus ofensas y desprecios me levanté y me volví a vestir, le dije que me iría pero pidió llevarme a la terminal de autobuses, en el camino no dije nada, él sólo me pidió que no lo considerara un monstruo, que sus gustos simplemente estaban bien definidos y que nunca había salido con una mujer obesa, decía que había hecho tanto ejercicio que merecía a una persona igual que él, ya sabes, una mujer de un metro con ochenta centímetros, senos de balón, cintura de avispa y trasero de Jennifer López. Volví ese mismo día a Querétaro pero estuve en mi casa hasta ahora, no me atrevía a salir, no podía verte, me sentía tan ridícula y fracasada, yo que había juzgado tu relación con Alejandro y mi Alejandro que me había rechazado tan despiadadamente, ésto es Karma instantáneo... En fin, quiero que me perdones amigo por haber sido tan ruda contigo, yo que sé del amor verdad?, quizás tu Alejandro será el hombre de tu vida, y es que qué se yo de la vida, he estado gastando mis centavos en productos para bajar de peso, he dejado de comer, estoy usando fajas que no me quedan, estoy tratando de ponerme pantimedias reductoras que no caben en mis piernas, mas he aprendido algo, nunca compres productos que no estén probados o diseñados por y para personas normales, mi faja estaba en un catálogo y una modelo delgadísima la modelaba, y en su momento me pregunté: Qué cantidad de grasa puede tener esa mujer en su cuerpo? Ni un gramo, pero ahí voy yo, la bruta deprimida a gastar en algo que no me queda, tal vez la use en los brazos, tal vez lo tire todo, tal vez... Pero pase lo que pase quiero pedirte algo, abre éste sobre y lee la carta cuando sientas que más lo necesitas, son unas líneas de mí para tí, pero no lo leas ahora, recuerda, sólo cuando más sientas la urgencia de amor."
Después de comer una sopa caliente que mi madre había hecho pude entonces platicarle que a pesar de lo que ella opinaba de sí misma, había acertado con 'mi Alejandro' y que sólo salía conmigo por mi dinero y no es que sea rico pero uno se las ingenia para conseguir dinero hasta por debajo de las rocas cuando queremos complacer los deseos de quien creemos amar.
Los años pasaron, Claudia conoció a un gran hombre y se casó con él, se mudaron a Canadá, el día que nos despedimos parecía que alguien había muerto y puede que así haya sido, pero era más mi dicha por ella que el dolor que sentía porque íbamos a dejar de vernos, se que no se iba a otro mundo, sólo a dos fronteras lejos de mí sin embargo tenerla tan cerca de mí siempre había sido hermoso, su compañía era la mejor cura cuando me herían y es que sabía que seguiría siendo herido pues de eso se trata la vida, no?.
Hace poco me ocurrió lo que a Claudia, y sentí bajo mi propia piel los pinchazos de rechazo y de desprecio de alguien que me dijo 'Te Amo', el piso se me movía telúricamente y lo primero que hice fue cerrar mi boca y dejar de comer, estando escondido bajo las sábanas, en algún rincón de mi cama, absorbido por la impotencia y la amargura recordé la carta que Claudia me había dejado años atrás, la busqué y abrí el sobre ansioso, leí la carta y sentí que el cielo se abría para mí, me pregunté si era eso mi Nirvana o si era la iluminación que cambiaría mi vida. La carta con muy pocas pero certeras y sabias líneas decía:
"Amigo, al estar en la cama de Alejandro, mientras me bombardeaba con miradas de rechazo y disgusto no supe cómo reaccionar ni como defenderme, cuando estuve en casa y después de pasar varios días en ayudo voluntario y tratando de bajar en una semana los sesenta kilos que me sobran me di cuenta de algo y recordé mi plática con Pedro, previa a nuestra primera vez. Yo solía pensar que se suponía que él, que ellos debían hacerme sentir hermosa, que ellos debían hacerme sentir cómoda en mi cuerpo, como si fuera una obligación para ellos, el hombre que estuviera conmigo debía darme la confianza que yo no tenía y pude ver que eso era un acto muy injusto y egoísta, cómo es que me atrevía a exigirle a ellos el amor hacia mi persona, amor que yo no sentía por mí? Cómo es que esperaba que Alejandro me hiciera el amor cuando yo no amaba mis senos, mi piel, mis piernas, mis caderas y mis 'llantitas'? Cómo es que pretendía recibir de ellos lo que yo no podía darme?... Sabes, muchas veces a lo largo de toda mi vida, la gente se mofó de mi cuerpo y me miraban tan horriblemente, me discriminaron en la escuela, me discriminaron en algunos empleos temporales que tuve y llegué a un punto en el que me sentía perdida, sabes, una vez leí un libro en el cual una persona explicaba de manera casi científica del por qué algunas personas sienten una repulsión casi predeterminada para con las personas con sobrepeso; ellos piensan que nosotros comemos nuestras penas, que somos el fruto de nuestro propio abandono y gula, tiene la idea de que nos atiborramos de grasas y carbohidratos, por consiguiente engordamos y que entonces si a alguien le incomoda vernos, debemos tolerar las burlas y discriminaciones, pero ellos están tan equivocados como yo solía estarlo. Nunca podré hacer nada para cambiar la mente de esas personas, y por qué he de hacerlo, esa es su mente, su criterio, su ignorancia, que vivan con ello, yo debo aprender a vivir en mí y conmigo. Podría bajar de peso pero no es lo que quiero, se que aunque estuviera delgada seguiría sufriendo, pues mi peso no es el problema, el problema es que no me amo lo suficiente, nunca es suficiente y siempre nos ahogan las carencias afectivas y las ausencias de seres queridos, la presión de que los años pasan y seguimos solos, de que sabemos que no somos el molde de 'la belleza' y que si dos o tres hombres han rechazado lo que somos, el resto de ellos lo hará también, cerrándonos así la puerta hacia un mundo de posibilidades. Yo no voy a bajar ni un sólo gramo de mi peso, yo soy perfecta como soy, pregúntale a la Venus de Milo, no tengo tampoco por qué acoplarme a lo que otra persona quiere o espera de mí, mi cuerpo no es de arcilla, no lo amoldaré a los gustos de un hombre que no le gusta o no se conforma con lo que soy, todo empieza con uno mismo, eso siempre lo hemos sabido pero no se por qué siempre lo olvidamos, debemos de aprender a mirarnos al espejo, sin juzgarnos, sin apedrearnos, debemos amarnos, se supone que nosotros debemos hacernos sentir sensuales, no ellos, recuérdalo siempre, somos lo que necesitamos para ser felices, lo demás y los demás son valores agregados a lo que nosotros somos y valemos, no permitas nunca que alguien más defina lo que eres, me he dado cuenta que las personas que intentan cambiar a los demás, lo hacen porque no están felices consigo mismos, es fácil criticar el patio del vecino cuando el de uno resguarda tantos esqueletos y suciedad. No voy a decirte nada más, tú aprenderás en tu propio camino y bajo tus propias experiencias de lo que te hablo, tú y yo somos uno mismo, somos eso que llaman 'almas gemelas' y no debemos permitir que eso se desvanezca..."
He leído esa carta muchas veces y día a día he tratado de poner en práctica esa cosa llamada 'amor propio', se que no tengo la sonrisa de Julia Roberts pero tengo otras virtudes que me hacen sentir bien con mi propia persona, incluso mis defectos me gustan, son mis defectos, mis fallas, esas cosas que a me hacen ser único e inequívocamente genuino en éste mundo rebosante de gente.
Se que en algún lugar del mundo está esa persona hecha a mano para mí, porque yo fui hecho a mano para esa persona, pero estoy en el proceso de aprendizaje, todavía, he sido un poco lento, más lento que Claudia, ella como cualquier mujer es más inteligente e intuitiva, aprendió de sus errores y se dio cuenta que sus errores son los caminos perfectos que le llevan a su destino.
Es fácil recaer, hacerse daño a uno mismo puede ser tan adictivo como beber alcohol o fumar tabaco, sin embargo hay que atreverse a hallar el nivel entre 'soy lo que soy porque nací para serlo' y 'soy lo que quiero ser porque tengo el poder para convertirme en ello', nunca intentando agradar a otro excepto a uno mismo, porque para lo que uno es un hermoso gris ahumado, para otro es un insípido y aburrido color.
Es aún más fácil hacerle el amor a la ignorancia, cegarnos y preferir vivir en un mundo de mentiras, rodearnos de personas nocivas porque no sabemos lidiar con nosotros mismos, la ignorancia ajena es sólo un reflejo de lo que somos cuando no queremos encontrar la cura de nuestros males. Porque es más cómodo dejarle a la pareja la responsabilidad de amarnos para evitarnos el esfuerzo o la pena de hacerlo, pero a caso es una pena amarnos a nosotros mismos? Por qué esperar a que otro lo haga?
Pero qué es la ignorancia? Es decir 'que le vayga bien?' Es no saber sumar o multiplicar? Es no saber comportarse en una cena de gala? Es criticar, juzgar y señalar con el dedo a otra persona, satirizando sus defectos, crucificando sus motivos? Para mí esa es la verdadera ignorancia, lo más irónico de todo es que las personas ignorantes nos enseñan las grandes lecciones de vida, ese hombre que rechazó a Claudia le dio la pauta de todo y le enseñó a amarse a sí misma, a vivir feliz y a usar traje de baño en la playa, por consiguiente ella ahora vive su final feliz siendo solamente el inicio.
Apodos... Ellos podrán ponerte mil apodos pero nunca podrán arrebatarte tu nombre, tu nombre es amor, conjúgalo con tu cuerpo, con tus manos, con tu boca, con tus ojos, con tus pensamientos, con tu vida, con tu llanto.
Su nombre era Claudia, ahora se llama La Mujer Más Feliz del Mundo, la que me acaba de llamar y me recordó algunos de los mejores momentos de mi vida, yo me llamo Fernando y me apellido 'Sigo Buscando Mi Final Feliz' porque soy genéticamente cursi, porque merezco lo mejor, porque soy lo mejor, porque el mundo y la vida siempre acomodan las cosas en su lugar.
In : LIFE & BLOG
Tags: haciendole el amor a la ignorancia fer irigoyen autoestima amor amistad
blog comments powered by Disqus
























