CONFESIONES DE UNA EXHIBICIONISTA DESEMPLEADA: XXX LAGER
XXX LAGER (TRES EQUIS)
– ¿Ves? No pasó nada. Te toqué y no me quemaste…–
–Cariño, esto es sólo el comienzo…– Le dije a Noel, húmeda, agitada, conmociona, después de haber sufrido un terremoto por dentro de mi vientre. Sus manos seguían ávidas de mis senos; las yemas de sus dedos dibujaban círculos en mis pezones, volviendo a endurecerlos y a ponerlos colorados a causa de pellizcos súbitos y letales para mi cansancio. Lo invité a levantarse y a que me siguiera a la cama pero él quería seguir ahí tumbado sobre la alfombra, creo que le tenía miedo a la cama o a lo que ella significaba para mí, tal vez sus ojos son como los de los gatos y pueden ver fantasmas entonces ahí veía flotar y enredarse entre las sábanas a todos aquellos, a los “Sin Nombre”, a los descarnados de mí.
Más allá del amanecer y del calor que irradia el sol de medio día, Noel llamó a uno de sus mejores amigos y le pidió que le llevara su guitarra acústica y los puros de menta especial que le había regalado Enrique Bunbury al departamento donde habíamos estado teniendo sexo durante las últimas horas; para mí son incontables. Pasó un rato más, era ya la tarde, quizá las cuatro o cinco y la luz del sol calentaba su espalda desnuda y yo estaba sentada en flor de loto en la cama, quitándome el esmalte de las uñas mientras el me miraba sin decir nada; las paredes blancas rebotaban la luz en su mirada, dejando sus ojos marrones en un tono de miel derritiéndose en mis rincones, los cuales ya conocía a la perfección. Usaba sus manos como almohadas, apoyando el lado izquierdo de su enigmático rostro, la sábana cubría de su espalda baja hasta sus pies, sonreía al ver mi ritual de “la verdadera cara de la belleza” ya que terminé de quitarme el rímel, el rubor y el poco lápiz labial que quedaba en mi boca, ahora podía verme tal y como soy sin máscaras ni mascarillas que disimulan las imperfecciones. Suspiró hondo, clavó su mirada en mi cuerpo y comenzó a cantar con su voz enronquecida “Feel” de Robbie Williams. Sonreí con los ojos agrandados por la agitación de mi corazón bajo mis caja torácica; ese loco músculo con complejo de saltamontes que me aporrea y me hace bullir cuando el placer entra por mis sentidos.
Me levanté para ir a la cocina por un poco de agua, últimamente he estado padeciendo sed de “cruda”… No sé si es la resaca de la ausencia de Julián o por la falta de testosterona diluida en mis venas. Mi dieta es básicamente de frutas, verduras y carne humana, viva, caliente, dura, excitada, masculina y muy en mis adentros. Volví a la habitación y Noel se había quedado dormido, no quise despertarlo y tampoco quise cambiarme de ropa, o mejor dicho vestirme un poco más decentemente pues sólo mi sostén púrpura y mis bragas negras cubrían mi recién alimentada anatomía.
Alguien tocó a la puerta, abrí y era el amigo de Noel con su guitarra y una caja negra de cuero en su mano, lo invité a pasar.
–Hola, soy Chava, el amigo de Noel, aquí tengo lo que me pidió– Asentó la guitarra sobre la alfombra y me dio la caja negra del tamaño de una caja de zapatos.
–Soy Fanya y Noel está dormido, no quise despertarlo, prefiero dejarlo descansar y que recupere sus fuerzas– No pude evitar soltar una sonrisita coqueta y Chava sonrió también.
–Me alegra que Noel esté bien y a salvo, pronto nos iremos de gira y aunque deberíamos de estar ensayando en éstos momentos, mejor que se retroalimente y encuentre a su nueva musa– Dijo Chava mirándome fijamente a los ojos, no puedo decir si su mirada era una advertencia o simplemente me agradecía por haber tratado bien a Noel anoche.
– ¿Ustedes cantan juntos? – Pregunté cerrando la puerta y sugiriéndole con mi mano a Chava que me siguiera a la cocina. Abrí el refrigerador y le di una cerveza, la abrió con sus dientes y abrió la mía de la misma manera. No soy ebria de profesión pero cerveza y una manzana era todo lo que contenía mi refrigerador en ese momento. Reitero, soy mi departamento y no podemos negarlo.
–En realidad, somos una banda, Noel es el vocalista, yo soy el bajista y nos ha ido muy bien, no puedo quejarme. Que rica cerveza– Dio un sorbo a la cerveza y seguía dándome esa mirada que empezaba a incomodarme.
–Entonces él no es solista, o sea, son una banda de rock…– Pregunté con interés, entrecruzando los brazos para cubrir con ellos un poco mis senos.
–Así es. Nos llamamos Zion pero no tocamos rock como tal, creo que nos catalogan como alternativos pero nosotros sólo amamos la música–
–Zion… Que buen nombre. – Salí de la cocina y Chava me siguió, sentía sus ojos violándome, era una mirada excavadora, descarada.
–Aunque no lo parezca, Noel es un poeta, él escribe todas las letras de las canciones–
–Pero claro que parece un poeta, un artista, un genio loco, fue lo primero que pensé cuando lo vi por primera vez. – Sonreí petulantemente, un poco molesta que su propio amigo y colega menospreciara los talentos de Noel. Sin volver atrás la cabeza lo sentí, su presencia, su aura inflada de su ego me pinchaba como alfileres a los globos y sentía que me iba en el aire.
–Carnal, ¿cómo estás? Gracias por traer mis encargos– Dijo Noel abrazando efusivamente a Chava, Noel estaba dándome la espalda y la mirada de Chava estaba embarrada toda en mí así que los dejé solos y fui a la habitación para reciclar los jeans que había usado anoche y cualquier trapo que cubriera el resto de mi cuerpo y como oí la voz de Noel que me llamaba, apresurada me puse el chaleco rojo de Noel y volví con ellos. Noel quien sólo llevaba puestos sus calzoncillos blancos con franjas negras a los lados de su cadera, se sorprendió al verme portando su chaleco entre abierto, mis jeans ceñidos y desgastados y mi sostén.
–Amigo, tienes que irte ahora, dile a todos que el próximo domingo nos reunimos…– Noel se dirigió a la puerta, muy sutilmente echando del departamento a Chava.
–Está bien, pero tenemos que vernos, estamos atrasados en ensayos y ya viene el “Vive Latino” y…– Noel interrumpió el discurso con sabor a regaño de Chava diciendo:
–Carnal, sé todo lo que viene y sé todo lo que tenemos que hacer pero estamos bien, no te preocupes, ahora ve a disfrutar tu domingo. Nos vemos. Adiós– Cerró la puerta y dio un giro veloz mirándome, parecía un demonio de Tasmania hambriento y lascivo. –Sabes qué es lo que te haré mujer… ¿Verdad? – Dijo caminando lentamente en mi dirección. Yo relamí mis labios y comencé a dar pequeños pasos atrás poniendo cara de inocente, como si no supiera lo que iba a pasarnos apenas nos tocáramos de nuevo.
– ¿Me vas a pegar por usar tu chaleco? – Pregunté, haciendo mi voz de niña exploradora, inocente, era una lolita, haciendo con mis dedos rulos en mi cabello.
–Voy a hacer más que eso– Dijo Noel y con la velocidad del aleteo de las alas del colibrí ya lo tenía frente a mí, tan cerca, empujándome violentamente a la pared, acorralándome en una esquina, sus manos me tomaron fuertemente por las muñecas dejándome convenientemente inmóvil, su boca comenzó a prodigar besos por mi boca, mi cuello, mordiendo los lóbulos de mis orejas, besó mi nariz y siguió besando mi boca, humedeció con su lengua mi labio superior y después el inferior, abría y cerraba los ojos, gemía y yo sin pedir permiso logré zafar mi mano derecha y froté suavemente, muy despacio su pecho, dibujando enredaderas imaginarias en su abdomen hasta llegar a su ombligo, haciéndolo gemir, empezó a respirar más profundamente, a jadear salpicándome de saliva en el cuello y seguí descendiendo como exploradora bajo la superficie de la tierra, explorando un volcán a punto de hacer erupción hasta que llegué a su miembro que podía sentirse en todo su esplendor y su rudeza bajo la ropa interior, lo acariciaba, con la ternura y el esmero que usan los gatos para acicalarse. Noel había perdido un poco la concentración, dejó de besarme y apoyó en mi hombro izquierdo su rostro por el lado derecho jadeando, gimiendo, yo ronroneaba, en ese momento era una gata y estaba viviendo mi vida número mil, me sentía tan viva, imparable como avión cruzando los cielos.
Su celular timbró cinco veces pero ambos lo ignoramos, yo continuaba frotando su duro miembro por sobre su calzoncillo, él me besó salvajemente, mordiendo mi labio inferior al grado de rajarlo levemente, quizás exclamé algún sonido de dolor pero a ambos nos excitó más el sabor a sangre. Noel definitivamente era un vampiro y yo… No sé que es lo que era pero me sentía fuera de mi piel y entré a la suya. Metí mi mano en su calzoncillo tomando entre mis dedos su pene listo para clavarse en mí y aunque podía ponerme de rodillas y dejar que me castigara con su fuerza y su lujuria, mordí su cuello, busqué su mirada que estaba perdida en algún lugar en el limbo del placer y lo reté sin decir palabras, acariciando su glande intermitentemente. Saqué mi mano y lamí uno por uno mis dedos humedeciéndolos y volví a introducirme en su instrumento rozando con las yemas de mis dedos las orillas de su glande henchido, acaricié su pubis, sus vellos, acaricié sus testículos y deliberadamente les di un tirón provocando un sonoro gemido que provenía desde sus profundidades.
– ¡Me vengo! ¡Me vengo! – Gritó Noel, pasando bruscamente su mano derecha por su cabello, con los ojos cerrados, sobre mí, de pie ambos, apoyados en la pared.
–Aún no, por favor. Ahorita regreso, no dejes que se duerma– Señalé con los ojos su duro instrumento y con dificultad logre desensamblar mi cuerpo del suyo, corrí a la habitación y tomé del cajón de mi pequeña mesita de noche (que carece de una pata) una pomada de alcanfor y menta, no la clásica sino una naturista pero con los mismos efectos curativos ante un resfriado. Unté mis dedos abundantemente en la pomada y tiré la latita sobre la cama, volví con Noel esperando que su erección no se hubiese desvanecido y me encontré con un Noel aún muy firme, bañado en sudor, respirando con dificultad y recargado en la pared, con su brazo derecho doblado tras su cabeza, al verme sonrió placenteramente. Amo su sonrisa, tiene una forma peculiar como si fuera alas de golondrina. Cuando sonríe, su sensual y descuidado bigote pareciera rizarse, sus dientes un poco amarillentos (por fumar y tomar café, supongo ya que su aliento es fresco) completan el hermoso panorama que me regala su boca cuando sonríe.
Me acerqué a Noel, caminando como felina acechando a la presa, dispuesta a comer. Besé su frente, besé su bíceps, besé y mordí delicadamente su codo, inhalé el perfume que despedía su axila, mordí sus pezones y lo besé “de piquito”. Él seguía gimiendo, parecía que agonizaba y lo sorprendí guiando a mis dedos clandestinamente en su fuga hasta llegar dentro de su ropa interior. Tomé firmemente su pene e inicié mi misión de ungirlo. Inmediatamente Noel reaccionó ante la fresca, fría y cálida sensación que causaba el ungüento. Gemía fuertemente y tragaba aire apretando los dientes como si hubiera comido un chile habanero pero no estaba enchilado, estaba extasiado de sentir el frío y el calor unidos en la punta de su instrumento de arte y guerra. Seguí frotando de arriba hacía abajo, rápido y despacio, acariciando la circunferencia de la cabeza; Noel me tomó entre sus brazos y mordió mi barbilla, quejándose de placer, mojándome a mí misma con el placer que sentía al sentirlo muriendo de gozo. Era inminente…
– ¡Ahora sí!... ¡Me vengo! ¡Me vengo! – Mordió mi cuello con fuerza de león y cesaron sus gemidos, dejándolo trémulo, goteando de sudor, tratando de meter aire en sus pulmones, su pecho se expandía y se comprimía. Me miró con sus ojos grandes, marrones, sus pupilas estaban dilatadas. Besó mis labios y me pidió que limpiara mi mano en su calzoncillo pero yo me sentía una diosa, una reina; sentía como si el mundo estuviera bajo mis pies, tenía a Noel bajo mis pies y en mi estado salvaje y con mis pezones inflamados de sangre caliente saqué mi mano cuidadosamente e introduje mi dedo índice a mi boca lamiéndolo desde la base hasta la uña. Sin quitarle los ojos de encima hice lo mismo con los demás dedos, palpando su semen, dejando un gesto de sorpresa grata en su rostro misterioso.
– Mujer tú eres algo más– Dijo Noel, suspirando, tambaleándose, me abrazó fuertemente, y deslizó sus manos a mi cintura, sus largos dedos me cubrían completamente.
– Tú sabes delicioso, sabes a miel, sabes a gloria– Relamí mis labios saboreándome el dulzor de su esencia. Yo aún no había llegado a mi final entonces tomé de la mano a Noel y lo llevé a la cama. Lo empujé y cayó boca arriba, acomodó sus brazos tras su cabeza y yo me quité las bragas y se las arrojé a la cara, Noel las mordió y me sonrió tan vorazmente sexy acelerando mis latidos, volviendo a humedecer ahí en lo recóndito de mi entrepierna y más allá. Lo monté, con los tacones y el sostén puestos, desnuda del ombligo hasta los tobillos y busqué la latita del ungüento y les unté a mis dedos de esa crema blanquecina con aroma a alcanfor, respiré profundamente el aroma, cerré los ojos y deslicé mi mano hasta abajo, rocé mi clítoris con los dedos y lo manché con el ungüento y gemí desde las tripas; ardía deliciosamente, era frío y caliente, como si untaras hielo y vertieras cera caliente. Moví mis dedos circularmente hasta que metí dos dentro de mi vagina, comencé a mover mi cadera, serpenteando. Abrí los ojos y contemplé a Noel, complacido e inflado de orgullo y excitación. Continué tocándome hasta que saqué mis dedos de mí y llevé mi mano a su boca, el chupó y succionó mis dedos mientras sus ojos derramaban placer y dicha. Volví a colocar mi mano muy adentro de mi, entre mis piernas sentía al infierno batirse y sucumbir hasta que no pude aguantar más y morí atropellada por un exquisito orgasmo. Caí sobre su pecho abierto y desnudo, sentí en mis sienes latir su corazón como tambora en carnaval. Nos quedamos ahí minutos, horas o quizá días. No sé. Habíamos sido derribamos por nuestro propio placer y no nos arrepentíamos de ello. El mundo seguía girando pero cierta y absolutamente Noel y yo éramos un par de almas diferentes después de haber compartido, fundido y bebido de nuestros cuerpos. Mi cuerpo ya no era tan mío y su cuerpo con todo y sus mieles era mío, nadie podía quitármelo.
*****
A las once de la noche de ese mismo día fuimos a La Condesa a cenar. Moríamos de hambre y Noel me llevó al restaurante de uno de sus amigos. No sabía si era nuestra primera cita si es que así podía atreverme a llamar nuestra salida o si la primera cita fue la noche anterior cuando nos conocimos y después cenamos tacos a las 4:30 de la madrugada. Al entrar al lugar la gente nos miraba, las mujeres se regalaban completas con sus gestos y movimientos corporales y a mí me acribillaban con la mirada, los hombres miraban mis piernas y uno que otro extraviaba su mirada en “el paquete” de Noel. Antes de ir al restaurante, fuimos a su departamento. Era lujoso, era un caos, era simplemente Noel en todas partes y en todas las paredes. Yo me sentí intimidada ante el hecho de que estaba en la casa de Noel y aunque me pidió que lo siguiera hasta su alcoba yo preferí quedarme en la sala de estar, me senté en el suave y esponjoso sillón que consentía mis adoloridos músculos de tanto sexo y acomodé mi humanidad, cruzando mis piernas todo lo que mi ceñida minifalda de seda gris oscura me permitía. Me puse una blusa negra de encajes en el pecho sin sostén y una chaqueta de cuero gris. Saber que iba a salir con una estrella de la música me impulsaba a mejorar mi manera de vestir, al menos para no ser humillada por cualquier fashionista que quisiera arrebatarme a Noel. Miraba mis uñas que una hora antes había barnizado de color negro cuando apareció Noel, vestido como un semidios del rock. Se vistió con una camisa negra, unos pantalones color vino oscuro y un saco del mismo color, zapatos puntiagudos y brillantes como de charol sin ser de charol precisamente. El pantalón enmarcaba su delgada y larga silueta. Noel no es indispensablemente el hombre más musculoso, no tiene el cuerpo de Julián pero su abdomen está trabajado, sus brazos y piernas son masculinas preseas que destellan su anatomía perfecta, con sus músculos mostrándose a simple vista, antojándome pasarle la lengua como si fuera una paleta de fresa con relleno cremoso. Me puse de pie, gracias a los stilettos que recubrían mis empeines y mis tobillos con un bello encaje negro sin llegar a mi pantorrilla, elegantes y de veinte centímetros que decidí (gracias a Dios) ponerme, tenía casi la misma estatura de Noel, éste se acercó a mí, oliendo levemente a cigarro con colonia cítrica y marina; realmente no sé, su sola presencia me disparaba como cohete a la luna haciéndome olvidar mis sentidos. Noel me haló hacía él ciñendo mi cuerpo al suyo fuerte y violentamente. Jadeé, él apretó mis nalgas que gracias a la falda se veían tan hermosas y bien paraditas como las de Venus de Milo.
Ya en el restaurante él ordenó vino y yo pedí un mousse de chocolate con chispas de chocolate amargo y menta.
–Mujer, ¿no se supone que el postre se come al final? –Preguntó Noel extrañado, sonriendo, frotando su dedo pulgar sobre su barba.
–Hombre, ¿no te has dado cuenta que yo todo lo como de abajo hacia arriba? Prefiero comenzar por lo dulce y después llegar al plato fuerte…– Respondí a Noel, guiñando con un ojo, flirteando y él me devolvió la sonrisa, apretujó mi mano con la suya, suspirando y reincorporándose ya que el mesero se acercaba con una botella de… ¿Cerveza?
–Disculpará señor pero nos hemos quedado sin vinos. No hay ni tintos ni blancos, lo único que tenemos es tequila, coñac y whisky pero nadie consume eso en la cena, al menos que usted me lo pida yo se lo traigo. Federico le manda esto…– Explicaba el mesero mientras sonreía, Noel también sonrió, ambos conscientes de la pequeña broma de Federico, el amigo de Noel y dueño del lugar, mientras el mesero colocaba en la mesa dos botellas de cerveza XX Lager. Las botellas verdes brillaban con la tenue luz del restaurante; las gotas que delataban que estaban frías se derramaban hasta caer en la mesa. El mesero tomó nota de lo que queríamos para cenar. Noel ordenó salmón ahumado acompañado de una ensalada de pepinos, tres tipos de lechuga, tomates, cebolla y pimientos aderezada con aceite de oliva. Yo ordené sopa de queso y pollo asado al estilo yucateco. No entendí que había pedido para cenar mas sólo quería comer algo diferente, algo que pudiera superar el sabor que Noel había dejado en mis papilas gustativas. Temía nunca poder quitarme su dulce sabor de la lengua y el paladar. El mesero se fue y Noel tomó mi mano izquierda y con su largo dedo índice acarició dibujando pequeñas aves volando, líneas, espirales. Mi piel se erizó, una ráfaga de calor se introducía entre mis piernas hasta llegar a mis entrañas. Miré a la gente que ahí se encontraba cenando, al mismo tiempo nos veían. Me poseyó la idea de hacerle el amor a Noel sobre la mesa en frente de todos, mis pezones se irguieron y las fuerzas en mis rodillas parecían derretirse junto con el vaho líquido de las cervezas frías.
–Caray, yo que quería cenar contigo en un lugar elegante bebiendo mi vino favorito y nos traen cerveza.
–No te preocupes por ese tonto detalle Noel. Además, quiero confesarte que ésta es mi cerveza favorita. Es todo lo que tengo en mi refrigerador– Tomé un sorbo de mi cerveza, lamí la punta de la botella insinuando mis ganas, incomodando los ojos fisgones y entrometidos que nos lapidaban.
– ¿En serio es tu cerveza favorita? Entonces no todo ha salido tan mal. – Dijo Noel respirando un poco aliviado.
–Nada junto a ti podría salir mal. Además no tienes nada que demostrarme. Estar junto a ti es una experiencia de locos. Mira a la gente, todos te conocen y darían su vida por poder venir y pedirte un autógrafo. Ellas se preguntan qué es lo que estás haciendo conmigo y otros nos prejuzgan. Yo soy una mosca que se estrelló en el parabrisas de tu lujoso auto. Me siento como en el cielo, en el salón de la fama del rock, me siento como si fuera Pamela Courson y tú fueras la reencarnación de Jim Morrison. Mis mejillas están calientes y mi corazón irriga sangre desde que te conocí. O sea, apenas ayer a ésta hora estaba muerta en vida y un poco más tarde Jaime me llevó hasta donde tú estabas fumando tu cigarro. Siento como si ya hubiera pasado media vida, tal vez es el efecto que causa no salir de la cama y perder la noción del tiempo. Me siento viva contigo. – Las palabras parecían brotar de mí como si fuera un ojo de agua, un geiser cuyo torrente de palabras sinceras y amablemente cálidas dibujaban una enternecedora sonrisa en el rostro de Noel.
–Yo me siento vivo a tu lado. Quiero que seas mi musa– Replicó Noel, tomando mi mano izquierda y llevándose mi dedo meñique a su boca. Miré rápidamente alrededor y algunas mujeres se indignaron, abrieron su boca sorprendidas y una golpeó la mesa con la servilleta. Sonreí por dentro y clavé mis pupilas en las suyas.
–Te juro que nunca imaginé que alguien que luce como tú luces podría decir lo que tú dices…–
–Mujer, tú eres algo más, tú no ves las apariencias, tú ves más allá…– Besó mis dedos, besó mi mano y la puso entre sus dos manos aprisionándola. Yo quería ser mi mano y estar encerrada entre el calor de las suyas. Quería morir en él, moría por vivir para él. Soñaba con alguien como él.
–Las apariencias son ropas que nos quitamos cuando cae la noche y contigo me es tan fácil ser honesta y es tan cómodo ser quien soy. Ves mis defectos como virtudes. – Dije presionando los senos entre mis brazos.
– ¿Quién dijo que tenías defectos? – Noel levantó la voz en modo de broma, fingiendo un repentino enojo, aporreó su puño en la mesa, haciendo que los comensales entrometidos nos miraran con más insistencia que antes. Tomé la iniciativa y me levanté de mi silla, aprovechando la libertaad que me brindaba que un amigo de Noel era el dueño del restaurante, empujé con mis nalgas un poco la mesa, dejando al descubierto las piernas de Noel, levanté un poco mi falda casi llegando a mi ropa interior y me senté sobre ese sexy y atormentado rockero con cejas afiladas y ojos meditabundos. El mesero no había vuelto con la cena y yo estaba famélica. Quería carne; algún día mi estómago será vegetariano pero mi vagina siempre será carnívora… Hasta el último día de mi vida.
– ¿Qué haces? – Preguntó Noel, un poco intimidado, mirando a las personas más próximas a nosotros. Colocó sus manos en mi cintura y me abrazó por completo con sus dedos, me reacomodó sobre su pelvis y sentí su miembro despertarse, volverse fuerte, crecía bajo su pantalón color vino.
–Tengo hambre. Hay algo que debes saber de mí… Es uno de mis “defectos” – Dije bajando el volumen de mi voz, respirando agitadamente, acerqué mis labios a su oído derecho. Sin dejar de ver a una mujer que tenía frente a mí, ella me miraba con cara de que quería vomitar sobre mi cabello, yo sonreí ufana y vanagloriada, moviendo muy despacio mi cadera sobre su erección.
–Oh… Mujer… Hmmmm. ¿Qué es eso que me quieres decir? – Noel comenzaba a gemir pero era imperceptible, sólo yo podía oír sus sonidos de placer. Cuando Noel está excitado no gime con la garganta. Él gime como yo. Lo hacemos desde las entrañas, desgarradoramente desde las entrañas.
–Me gusta tener sexo en público. En otras palabras. Soy exhibicionista. Me gusta que me miren mientras poseo y soy poseída. Me derrite que los ojos del mundo me vistan cuando mi cuerpo está insaciablemente desnudo. –Mordí como ratón la orilla de su oreja y alejé mi cara poniéndola frente a la suya, tratando de leer su respuesta, anticipando su reacción y sus palabras.
– Wow… ¿Es ese tu defecto? – Preguntó Noel sin un rastro de sorpresa o incomodidad en su rostro.
– ¿Te parece poco? – Mordí mi labio inferior y quise ponerlo a prueba, demostrarle lo que una exhibicionista es capaz de hacer y chupé mi dedo índice y lo deslicé como si fuera una pitón hasta llegar a su pubis y al mío; mi diminuta tanga de encaje negro estaba mojada y su erección ya había humedecido su pantalón. Introduje mi dedo en mi vagina que estaba lista para recibir la estocada de Noel. Saqué mi dedo y lo enterré en la boca de Noel. – ¿A qué sabe? – Pregunté, con la respiración entrecortada. La gente nos miraba casi hastiada, furibunda. Los hombres estaban complacidos. Eran ellas las que estaban al borde del colapso.
–Mujer… Yo…– Noel apenas podía articular palabras, se estaba dejando llevar por el placer y yo estaba sorprendida que no le importaba que estábamos casi al centro de todas las mesas rodeados de personas.
–Tómame Noel. Tómame aquí. Métemelo todo aquí, en la mesa, aquí. – Supliqué en voz baja, anhelando.
–Tengo una mejor idea. – Noel me puso de pie con sus dedos rodeando por completo mi cintura, acomodé mi falda y mi cabello, mordí mi labio a causa de la emoción y Noel tomó las dos botellas de cerveza. Sacó de su cartera un billete de doscientos pesos y lo colocó sobre la mesa. Me tomó de la mano y como alma que llevaba el diablo a lo más incandescente del infierno, me llevó fuera del restaurante, caminamos dos o tres cuadras hasta llegar a un callejón. Pensé que me iba a hacer el amor ahí pero algo no le satisfizo del lugar y seguimos caminando. Mi vagina estaba más hambrienta que mi estómago. Noel aún ponderaba su erección y sólo en ese momento me arrepentí de haberme puesto los stilettos.
Llegamos a un parque, estaba oscuro, a lo lejos las luces de los faroles iluminaban entre los árboles y dejaba ver una pequeña fuente. Noel desabrochó su pantalón y bajó suavemente el cierre. Se aproximó a mí pero movió su cabeza a los lados, diciendo no. Mordió su labio inferior y sonrió maquiavélicamente.
– ¡Métemelo! – Supliqué fuerte y roncamente. Mi garganta estaba seca. Creo que toda el agua que mi cuerpo posee se encontraba allá abajo lubricando al sur de mi ombligo.
–Te dije que tenía una mejor idea. Levántate la falda. Quítate la tanga.– El tono de su voz se había tornado mandón, como de dictador pero era tan sensual. Agitó una de las botellas de cerveza a la altura de su pene, como si se estuviera masturbando y después de que me quité la tanga, tenía enrollada la falda en mi cintura con el alma expuesta entre mis piernas. Me senté en una banca, fría, congelaba mis nalgas pero apenas si podía mitigar el hervor de mis entrañas. Noel se puso de rodillas y mordió mi muslo. Sonrió y sumergió su rostro entre mis piernas. Su lengua parecía un delfín nadando entre mi clítoris y mi labia. Introdujo su lengua en mi vagina provocando mi aullido, inaudible para el mundo, sólo él y yo podíamos escuchar nuestros sonidos de placer. Perdí las fuerzas de mis cuatro miembros. Sus dientes mordieron mi clítoris y besó mi ingle y siguió bajando hasta llegar a mi muslo y mi rodilla. Me había dejado a medias, Noel abrió un poco más mis piernas y volvió a agitar la botella. La espuma de la cerveza quería escapar de la botella, parecía que iba a explotar, entonces repentinamente introdujo media botella en mi vagina. Grité y ésta vez estoy segura de que el mundo sí pudo oírme. Pude sentir el frío líquido, burbujeante, espumoso, suave, recorriendo las paredes de lo más profundo de mi cuerpo, como las olas del mar que se aporrean en los riscos y en la arena y espumea a su paso llevándoselo todo de vuelta al mar. La cerveza lo agitaba todo en mí, efervescente, Noel introdujo un poco más la botella y después la sacó lentamente, en forma circular haciendo énfasis con la boca de la botella en el clítoris, midiendo con sus ojos y su sexto sentido de león mi excitación y mi locura. Ya estando fuera la botella me hizo chupar la punta y me fascinó el sabor. Sabía a mí y a cerveza XX Lager. Agridulce. Amargo. Orgasmo reprimido.
Noel bebió de mi interior la cerveza que salía y goteaba. Mi voz se hizo ronca y grité:
–¡¡¡No pares!!!
–No lo haré nena– Murmuró Noel, libando como abeja en flor, la miel burbujeante que brotaba de mi cuerpo entregado y rendido en la banca fría de un parque oscuro en La Condesa. Algunas personas pasaron caminando cerca de nosotros pero no nos importó. El mundo no existía. Tal vez Noel era un exhibicionista de closet, puede que estuviera experimentando algo nuevo y en su afán de complacerme quizás se volvió loco conmigo arrastrándome al infierno que después de ésta noche es seguro que tiene ya instaladas las jaulas para nosotros, y sabes… No me arrepiento.
Pasó una media hora y con mi tanga en su lugar y mi falda cubriendo lo que debía cubrir, con su pantalón abrochado y su cierre arriba, ambos despeinados y con la frente húmeda de sudor caminamos de vuelta al restaurante. Tomados de la mano, era una emoción extracorporal que me raptó mientras mi cuerpo seguía caminando junto a Noel. No podía creer lo que había sucedido. Acababa de sentir cosas que nunca había sentido. Solía pensar que lo había vivido casi todo y en el casi caí en la cuenta que resta un universo que no he explorado y Noel me lo está ofreciendo, invitándome a su nave a aterrizar en planetas inexplorados. Somos dos astronautas de la piel. Somos dos locos con hambre, lo sé.
Cenamos, sin poder contener esa sonrisa postcoital en nuestros necios rostros. Besó mi mano, me levanté dejando a medio comer mi pollo, besé su frente y fui al tocador. Tardé unos minutos, tratando de crear una atmósfera de anticipación y una renovada excitación mas cuando volví Noel estaba rodeado por cuatro chicas emocionadas y sin dar crédito que tenían frente a ellas a su ídolo Noel el vocalista del grupo Zion. Que bobas, pensé. No son celos lo que sentí sin embargo había percibido algo muy parecido. Ellas causaron un corto circuito en mi vientre. Deje que se fueran llevándose un beso en su mejilla y un autógrafo en servilletas para poder acercarme de nuevo a nuestra mesa. Terminé de cenar. Bebí de mi cerveza y tragué despacio el burbujeante líquido. Noel sonrió malévolamente, recordando lo que me había hecho y froté su pierna con mi pie. Pidió la cuenta, después de pagar salimos y ya los paparazis nos esperaban afuera del restaurante.
¡¡¡Carajo!!! ¿Y si alguno de ellos nos fotografió en el parque? Un miedo casi paralizó mis piernas pero después vino a mi cabeza una idea loca… Una idea, nada más.
Noel esquivó con maestría a los paparazis y ya su auto esperaba en la calle, estacionado. Los flashazos me cegaron como la luz de los autos ciega a los gatos antes de arrollarlos. Me subí al automóvil en el lado del copiloto viéndolo todo en blanco. Noel se subió rápidamente, introdujo la llave y encendió el motor.
–Más vale que te acostumbres a esta mierda, mujer, si queremos seguir saliendo…– Sonrió tiernamente y como si fuera un sexy corredor de autos puso en marcha “su nave” a toda velocidad rechinando los neumáticos en el asfalto y nos alejamos del barullo. Noel se imaginaba saliendo conmigo, mañana y con suerte el día después y así hasta que el calendario se quedara sin hojas. No quería precipitarme, no quería derramar el vaso antes de llenarlo. La ciudad de noche y sus luces de colores que se desvanecían en su piel, su mano se recostó en mi pierna, ésta vez puse mi mano encima y le di un apretón de bienvenida.
De vuelta al departamento, agradecida de su modesto pero muy caluroso cobijo muy conocedor de mi persona, me quité los stilettos, descansé los pies descalzos en la alfombra, me quité la chaqueta y la falda y las arrojé junto a la puerta del baño. Me quedé sólo con la tanga de encaje negro y con la blusa de encaje negro también, combinando sus diseños y colores con la silueta de mi cuerpo. Después de todo, aunque bajé de peso, mis nalgas siguen en su lugar, bien puestas, dispuestas para dar batalla a cualquier atrevido guerrero.
Volví mi cabeza atrás, estando en la puerta de la habitación y no vi a Noel. Camine un poco afuera para entonces encontrarlo en la cocina. Tenía en su mano otra botella de cerveza XX Lager casi congelada. Sonrió como un ángel caído, feliz de haber hallado su paraíso. Miró mi cuerpo de arriba hacia abajo, sus pupilas se dilataron, dilatando mi ser de adentro hacia afuera. Sus manos varoniles agitaron vigorosamente la botella al nivel de su miembro que ya estaba erecto, levantado como el asta de una bandera, rebatiendo mi aliento, mi corazón.
Corrí a la habitación gritando emocionada como doncella en peligro y Noel me siguió riendo.
Las burbujas cubrieron la noche, me inundaron hasta lo más secreto. Demencia mojada, ligeramente amarga. ¿Quién lo hubiera dicho? Hoy soy el cáliz de un dios del rock, bebiendo mi cerveza favorita, derramando fuego, borbotando el infinito.
In : FANYA
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