CONFESIONES DE UNA EXHIBICIONISTA DESEMPLEADA: UNA EXCELENTE PELÍCULA.
Suavemente se funden las luces y comienza la película. Me corazón late fuertemente con tan solo sentirte a mi lado. El olor de tu loción inunda el espacio y adivino en la oscuridad tu mirada, tus manos, tu perfil. Miro de reojo y ahí estás, atento a la pantalla. Me sonríes.
Me siento como una adolescente, cuando con torpeza rozas mi seno al tomar las palomitas. Mi piel se eriza, mis mejillas se sonrojan. La película está por comenzar y miro a mi alrededor y solo hay algunas butacas ocupadas. Estamos casi solos en una gran sala de cine. Suspiro.
Las grandes bocinas hacen girar el sonido de la película por toda la estancia, mientras yo solo puedo escuchar mis propios latidos. Latiendo más y más fuerte. Temo que puedas escucharlo tú también.
Nuevamente te acercas a mi, te inclinas a mi oído y suspiras algunas palabras mientras mordisqueas el lóbulo de mi oreja. Siento como una corriente de electricidad atraviesa mi cuerpo. Los vellos de mi cuellos se irguen como un animal a punto de atacar. Me mojo los labios y no sé que decir.
Mis manos sudan, el asiento se me hace pequeño, cambio de posición y trato de poner atención a la película, pero tú tocas suavemente mi mano y pierdo rápidamente la concentración. Tomas mi mano y la besas. Pasas tu lengua entre las comisuras de mis dedos, mientras tu dedo hace círculos en la palma de mi mano. Estoy en éxtasis.
Intento no mirarte a la cara. Era solo una inocente salida al cine. Me dije que no iba a pasar nada más, pero mi cuerpo solo quiere abalanzarse sobre el tuyo y tomarte ahí mismo. Recupero el aliento y tomo un poco de refresco.
Hace calor o soy yo o eres tú. Necesito aire fresco. Discretamente me levanto del asiento y salgo al pasillo. Me digo: “Respira, solo respira”. No sé ni de que se trata la película, mis deseos están ardiendo dentro de mi cabeza y latiendo fuertemente entre mis piernas. Inocente película, inocente nada.
Regreso y tomo mi lugar junto a ti. Tus hermosos ojos castaños brillan en la oscuridad como un felino. No hay nadie cerca de nosotros en el balcón del cine. Me acerco, te beso tiernamente en los labios y me retiro rápidamente. El juego ha comenzado.
Tú, mi fiel cómplice, entiendes que ya nos perdimos esta película y reanudas los besos en la oreja, bajando por mi cuello al hombro, a ese lugar que solo tú conoces y sabes detonar. Nuestras bocas se buscan en la oscuridad. Jugamos un poco, antes de enlazarnos en un beso largo, húmedo y profundo. Tus manos buscan nuevos caminos y me recorres completa sobre la ropa. ¡Qué excitante!
Te palpo palmo a palmo, de la misma manera, hasta encontrar mi punto favorito. Siento como tu cuerpo se estremece. Mi blusa se abre como las puertas de un jardín que reciben a un grupo de niños curiosos que retozarán entre las hojas. ¡Bienvenido¡
Toco tu pecho y siento como tu respiración se entrecorta y pide más. Nadie puede escucharnos por la música que envuelve y retumba. La oscuridad, que también es nuestra secuaz, nos cubre y no deja que nadie vea más allá de un par de siluetas. Bajo mi mano y encuentro la hebilla de tu cinturón. La gente ríe a carcajadas por alguna escena graciosa de la película. Tu ríes de los nervios y de la premonición de lo que está por pasar.
Abro lentamente tu cinturón y me aventuro con el cierre de tu pantalón. Mi mano se desliza por ahí y encuentra, como un ave, un lugar tibio y cálido donde hacer nido. Tu piel es tan suave y hace perfecta pareja con mis dedos que te sujetan rítmicamente siguiendo la música de tu respiración. Arriba, abajo, más abajo, arriba nuevamente.
Pego mi cara a la tuya para escuchar tus gemidos mudos, mustios, que quieren ser tragados por el ruido de la película. El calor es abrumador, mi pecho siente como tus manos traviesas me estrujan y acarician con pasión. Una de tus manos, cual explorador de nuevas tierras, toma camino y abre mis piernas para buscar bajo mi falda.
Sin mas, mueves un poco mis bragas y te adentras en lo desconocido. Mientras trato de no jadear fuertemente, sigo tocándote, mimándote. En una escena, el protagonista de la película hace alguna tontería y aprovecho para soltar una fuerte risa, disimulando un grito de pasión.
Me excita tanto saber que nadie se imagina lo que estamos haciendo, siento una mezcla de emoción y miedo. En tanto, tú me regalas una deliciosa explosión de todos mis sentidos y cubres mi boca con besos para que no grite tu nombre. Besos entrecortados son el preludio del dulce y tibio regalo que guardan tus entrañas. Tu cuerpo se estremece como golpeado por un rayo.
Faltan solo unos minutos para que la película termine, pero nosotros ya tenemos un final feliz. Un momento para recordar maliciosamente en los ratos de rutina y hastío. Un momento que fue solo tuyo y mío.
La sala se ilumina y salimos lentamente tomados de la mano con las mejillas sonrojadas y brillando como la luz de mil soles. ¡Fue una excelente película!

Escrito por Laura Zita para
Fer Irigoyen - Confesiones de una exhibicionista desempleada.
(c)2010
In : FANYA
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