CONFESIONES DE UNA EXHIBICIONISTA DESEMPLEADA: "LA VECINA".
Posted by Fer Irigoyen on Tuesday, April 27, 2010 Under: FANYA
Hace un mes se mudo al departamento de al lado una chava, en su momento la ví como
a un insecto y la ignoré por completo (actitud a la que recurro cuando se muda a mi
edificio una tipa más mona que yo). Días despues de haberse establecido, comenzó a
tener largas sesiones de sexo con incontable número de personas. Podía escuchar los
gritos, gemidos y besos como si estuvieran surgiendo desde mi cuarto. El primer día
fué muy erótico, tengo que reconocer que fué como una sinfonía para mis deprimidos
oídos el haber escuchado esas voces derramadas de placer e imaginándome desnuda, en
una cama ajena con dos completos desconocidos. Mis manos tenían vida propia. No
recuerdo a que alta hora de la madrugada la vecina dejó de protagonizar tan
caliente y estruendóso performance, pero yo caí rendida. No siempre aplica eso de
"ojos que no ven, corazón que no siente". El segundo día fué muy pasable, realmente
me imaginé encima de todos mis amantes platónicos y de mis mejores ex novios; si
cobraran una tarifa por fantasear sería la mujer más arruinada del mundo; supongo
que la he pagado pues no tengo un centavo en mi Louis Vuitton, pero que bien luce
cuando voy por mi pasarela urbana.
El tercer día sólo tuve un sentimiento de: Been there, Done that. Y comencé
entonces a estresarme. Era demasiado exagerado. Que esa mujercita no tenía otra
cosa en mente que el sexo? Comencé a obsesionarme, observaba por la rendija de la
puerta, y quise contar a cuantos hombres metía a su departamento y vaya sorpresa
que me llevé. Con razón jamás escuche un gemido grave; parecía un American Idol de
sopranos o algo así. Mi vecinita era una especie de Lesbo Medusa Insaciable.
Sólo ví tacones salir y entrar, bellos especímenes de zapatos femeninos, algunos
demasiado pasados de moda como para tener licencia vigente de andar. Y en ese momento quise
ir a tocarle a su puerta y decirle que habíamos personas (quizá no tan decentes)
que teníamos vidas y responsabilidades y que sus largas sesiones de ruido
(excitante, oh Mi Dios) estaba interrumpiendo mis labores, pero no soy tan católica
como para negar que lo que me gusta me fascina.
Fuí hasta su puerta y estaba a punto de tocar cuando salió con sólo una camiseta
estilo sport y calzoncitos muy cute en rosa, me sonrió y echó en el ducto una
pequeña bolsa de basura, camino de vuelta a su departamento y me dijo: -No he
tenido la oportunidad de presentarme, me llamo Analía me mudé aquí hace casi una
semana y es la hora que no hemos cruzado palabra.
Quise responderle con mi usual sonrisa amplia estilo comercial de crema dental :D y
darme la vuelta y dejarla hablando sola, pero era tan bella esa mujer, estaba tan
perfecta que sólo me causó dos pensamientos: ESA MALDITA ES MAS BELLA QUE YO, y
DEBE SER DELICIOSO BESAR ESA BOCA EN FORMA DE CORAZÓN. QUE SEXY.
Le dije mi nombre, nos saludamos de mano, y me invitó a tomarme un té aunque baciló
despues diciendome que no tenía nada en su alacena o refrigerador y entonces yo la
invité a mi departamento (mi refri y alacena gritan de lo hambrientos que estan)
afortunadamente tenía un poco de limonada con piquete, preparé además unas
margaritas y comenzamos a charlar.
Entonces me contó la historia de como a sus 20 años es tan independiente, del
desprecio de sus padres y pidió disculpas si es que me había molestado antes con
sus aullidos (gemidos húmedos oh Mi Dios). Le dije que ni se preocupara, que yo no
soy una santita, además que todos son libres de hacer lo que se les antoje en sus
casas. Analía tenía una mirada de criminal, me estaba matando la forma como me veía
mientras yo sentía que me enredaba en mis propias palabras, efecto secundario a
esas miradas que me desnudaban y abrían mis piernas cual llave maestra. Creo que
sentí dedos en sus ojos.
De repente puso su dedo (el índice, el real) en mis labios, silenciándome al
instante y me preguntó:
- No tienes a caso curiosidad de que alguien te haga el amor sabiendo que ese
alguien tiene una lengua que sabe exactamente qué necesitas y en dónde?
Pocas veces me siento una amateur en esto del sexo, tragué hondo y le respondí:
- Es que a caso existe esa lengua? (ok, soy una loba y me encanta)
Analía puso su copa en la mesa, relamió sus labios y yo me disponía a servirle más
de mi limonada picante, cuando se avalanzó sobre mí como leona sobre su presa. Me
sentí una gacelilla luchando por su vida, y en dos segundos dejé de hacerlo.
Analía comenzó a desnudarme tan rápido como un niño le quita la envoltura a un
regalo. Después comenzó muy despacio, acariciando mis pechos, mordiendome la boca,
respirando en mi cuello, lamiendo mi vientre justo abajo de mi ombligo. No me dió
tiempo de decirle que yo soy banana split girl, y no quise interrumpirla. Introdujo
sus dedos!!!, en mi boca we!, sabían a vainilla, toda ella sabía a vainilla, su
suave y tersa piel se adhería a la mía, su boca parecía una ventosa muy por debajo
de mí, muy dentro, su lengua parecía una serpiente en llamas, y sin haberme dado
cuenta yo ya estaba cantanto al ritmo que todas aquellas amantes que Analía dejó
entrar a su cuarto y es que no lo podía controlar, mi cuerpo se volvió esclavo de
sus más salvajes deseos. Jamás fuí tocada de esa manera, jamás sudé de esa forma,
su boca besó la mía como si el sol fuese a morir mañana. Me recostó en la cama, y
comenzó a morder mis pezones, lamía mi abdomen, acariciaba mis nalgas, y de pronto
su cara se perdió entre mis piernas, es todo lo que recuerdo.
Se fué la luz y todo quedó a oscuras, es decir, entramos a mi departamento a las 3
de la tarde y ya era la noche y... Ya puedes imaginarlo.
Me quedé dormida y cuando desperté Analía ya no estaba. Todo el día estuve
recostada en la cama como si hubiese perdido el conocimiento, recordándo lo que
había ocurrido, tratando de descifrar cómo es que comenzó y en qué momento terminó.
Ese día Analía no hizo el amor con nadie más. Lo sé porque imperaba la paz en su
departamento, sólo escuché unos golpecillos en la pared y quiza el eco de sus
tacones tocando el piso.
Al día siguiente fuí hasta su puerta para llevarle un pequeño pay de limón que le
preparé (compré en el super) y toqué pero no me abrió. Pensé que quizá había
tambien ido de compras o no sé, uno sale a la calle para un sin fin de cosas.
Entonces me abordó don Cosme, el cuidador de mi edificio y me dió un sobre que
Analía le pidió me entregáse personalmente.
Ya en la intimidad de mi habitación, abrí el sobre, confieso que con mucha emoción;
me desconocía a mí misma en esos momentos, tengo 25 años y sexualmente activa desde
los 13. Jamás alguien me causó tal emoción al grado de que mi corazón era un
esúpido e imparable grillo.
Su carta fué concisa y brutal:
"Fanya, espero me perdones por desaparecer sin avisarte. Es que, tenía ya que
volver a mi casa. Soy casada, tengo una hija de dos años y vivo felizmente con mi
marido. Por así decirlo. Mi nombre no es Analía y sólo renté el departamento porque
mi marido decidió pintar y redecorar la casa y entonces se volvió inhabitable. Él
se fué con la niña a Monterrey donde sus padres para que ellos vieran a su nieta y
yo decidí quedarme para supervisar los trabajos que le hacían a la casa, mas le dí
rienda suelta a algo que nunca había hecho. Y te agradezco por haberte dejado amar
y por haberme dejado ser tu hombre, esa siempre había sido mi fantasía y moriré
sabiendo que la cumplí un millón de veces en el lapso de una semana. A Dios le tomó
7 días crear el universo y la vida y a mí me tomó 7 días vivir la vida como siempre
había querido vivirla, en plena y propia libertad. A estas alturas de la carta
quizá ya devolviste el estómago o me estas odiando y duchándote como si tuvieses
años sin haberlo hecho pero quiero que me entiendas; somos mujeres, cierto?
Un beso. De mi boca a la tuya sólo nos separará un recuerdo."
O sea, déjame rebobinar la cinta we, leí bien? Una mujer me acaba de romper el
corazón? Eso lo acepto de los hombres, lo que tienen de brutos lo tienen de
deliciosos pero ahora a mi edad y con lo experta que pensé que era, una mujer me
usó y me dejó. Se siente re feo we. Por lo visto esa mujer lo hace todo con pasión.
Aunque quisiera corregirla sólo en algo: No la odio, yo no podría odiar algo que
nunca he amado.
De mi candente aventura han transcurrido ya casi tres semanas. Nadie ha rentado el
departamento. Yace ahí tan silencioso, es curioso que sus paredes y las mías saben
lo que ocurrió ese día, esa semana; eso es algo que el marido de Analía... Lo
olvidaba, no se llama Analía; yo sé algo que el marido de mi exvecina ignora.
Fué la primera vez que he estado con una mujer y no se si será la última. Me dejé
fluir y lo disfruté. Espero recuerde mi nombre al menos, no sé si viviré aquí
eternamente, pues este departamento de lujo no se paga solo, esta noche tengo que
ir a visitar a mi patrocinador pero esa es otra confesión que te la cuento otro día
con más tiempo mi amor.

Escrito por Fer Irigoyen.
Una confesión semanal de Fanya, la exhibicionista desempleada.
(c)2010
a un insecto y la ignoré por completo (actitud a la que recurro cuando se muda a mi
edificio una tipa más mona que yo). Días despues de haberse establecido, comenzó a
tener largas sesiones de sexo con incontable número de personas. Podía escuchar los
gritos, gemidos y besos como si estuvieran surgiendo desde mi cuarto. El primer día
fué muy erótico, tengo que reconocer que fué como una sinfonía para mis deprimidos
oídos el haber escuchado esas voces derramadas de placer e imaginándome desnuda, en
una cama ajena con dos completos desconocidos. Mis manos tenían vida propia. No
recuerdo a que alta hora de la madrugada la vecina dejó de protagonizar tan
caliente y estruendóso performance, pero yo caí rendida. No siempre aplica eso de
"ojos que no ven, corazón que no siente". El segundo día fué muy pasable, realmente
me imaginé encima de todos mis amantes platónicos y de mis mejores ex novios; si
cobraran una tarifa por fantasear sería la mujer más arruinada del mundo; supongo
que la he pagado pues no tengo un centavo en mi Louis Vuitton, pero que bien luce
cuando voy por mi pasarela urbana.
El tercer día sólo tuve un sentimiento de: Been there, Done that. Y comencé
entonces a estresarme. Era demasiado exagerado. Que esa mujercita no tenía otra
cosa en mente que el sexo? Comencé a obsesionarme, observaba por la rendija de la
puerta, y quise contar a cuantos hombres metía a su departamento y vaya sorpresa
que me llevé. Con razón jamás escuche un gemido grave; parecía un American Idol de
sopranos o algo así. Mi vecinita era una especie de Lesbo Medusa Insaciable.
Sólo ví tacones salir y entrar, bellos especímenes de zapatos femeninos, algunos
demasiado pasados de moda como para tener licencia vigente de andar. Y en ese momento quise
ir a tocarle a su puerta y decirle que habíamos personas (quizá no tan decentes)
que teníamos vidas y responsabilidades y que sus largas sesiones de ruido
(excitante, oh Mi Dios) estaba interrumpiendo mis labores, pero no soy tan católica
como para negar que lo que me gusta me fascina.
Fuí hasta su puerta y estaba a punto de tocar cuando salió con sólo una camiseta
estilo sport y calzoncitos muy cute en rosa, me sonrió y echó en el ducto una
pequeña bolsa de basura, camino de vuelta a su departamento y me dijo: -No he
tenido la oportunidad de presentarme, me llamo Analía me mudé aquí hace casi una
semana y es la hora que no hemos cruzado palabra.
Quise responderle con mi usual sonrisa amplia estilo comercial de crema dental :D y
darme la vuelta y dejarla hablando sola, pero era tan bella esa mujer, estaba tan
perfecta que sólo me causó dos pensamientos: ESA MALDITA ES MAS BELLA QUE YO, y
DEBE SER DELICIOSO BESAR ESA BOCA EN FORMA DE CORAZÓN. QUE SEXY.
Le dije mi nombre, nos saludamos de mano, y me invitó a tomarme un té aunque baciló
despues diciendome que no tenía nada en su alacena o refrigerador y entonces yo la
invité a mi departamento (mi refri y alacena gritan de lo hambrientos que estan)
afortunadamente tenía un poco de limonada con piquete, preparé además unas
margaritas y comenzamos a charlar.
Entonces me contó la historia de como a sus 20 años es tan independiente, del
desprecio de sus padres y pidió disculpas si es que me había molestado antes con
sus aullidos (gemidos húmedos oh Mi Dios). Le dije que ni se preocupara, que yo no
soy una santita, además que todos son libres de hacer lo que se les antoje en sus
casas. Analía tenía una mirada de criminal, me estaba matando la forma como me veía
mientras yo sentía que me enredaba en mis propias palabras, efecto secundario a
esas miradas que me desnudaban y abrían mis piernas cual llave maestra. Creo que
sentí dedos en sus ojos.
De repente puso su dedo (el índice, el real) en mis labios, silenciándome al
instante y me preguntó:
- No tienes a caso curiosidad de que alguien te haga el amor sabiendo que ese
alguien tiene una lengua que sabe exactamente qué necesitas y en dónde?
Pocas veces me siento una amateur en esto del sexo, tragué hondo y le respondí:
- Es que a caso existe esa lengua? (ok, soy una loba y me encanta)
Analía puso su copa en la mesa, relamió sus labios y yo me disponía a servirle más
de mi limonada picante, cuando se avalanzó sobre mí como leona sobre su presa. Me
sentí una gacelilla luchando por su vida, y en dos segundos dejé de hacerlo.
Analía comenzó a desnudarme tan rápido como un niño le quita la envoltura a un
regalo. Después comenzó muy despacio, acariciando mis pechos, mordiendome la boca,
respirando en mi cuello, lamiendo mi vientre justo abajo de mi ombligo. No me dió
tiempo de decirle que yo soy banana split girl, y no quise interrumpirla. Introdujo
sus dedos!!!, en mi boca we!, sabían a vainilla, toda ella sabía a vainilla, su
suave y tersa piel se adhería a la mía, su boca parecía una ventosa muy por debajo
de mí, muy dentro, su lengua parecía una serpiente en llamas, y sin haberme dado
cuenta yo ya estaba cantanto al ritmo que todas aquellas amantes que Analía dejó
entrar a su cuarto y es que no lo podía controlar, mi cuerpo se volvió esclavo de
sus más salvajes deseos. Jamás fuí tocada de esa manera, jamás sudé de esa forma,
su boca besó la mía como si el sol fuese a morir mañana. Me recostó en la cama, y
comenzó a morder mis pezones, lamía mi abdomen, acariciaba mis nalgas, y de pronto
su cara se perdió entre mis piernas, es todo lo que recuerdo.
Se fué la luz y todo quedó a oscuras, es decir, entramos a mi departamento a las 3
de la tarde y ya era la noche y... Ya puedes imaginarlo.
Me quedé dormida y cuando desperté Analía ya no estaba. Todo el día estuve
recostada en la cama como si hubiese perdido el conocimiento, recordándo lo que
había ocurrido, tratando de descifrar cómo es que comenzó y en qué momento terminó.
Ese día Analía no hizo el amor con nadie más. Lo sé porque imperaba la paz en su
departamento, sólo escuché unos golpecillos en la pared y quiza el eco de sus
tacones tocando el piso.
Al día siguiente fuí hasta su puerta para llevarle un pequeño pay de limón que le
preparé (compré en el super) y toqué pero no me abrió. Pensé que quizá había
tambien ido de compras o no sé, uno sale a la calle para un sin fin de cosas.
Entonces me abordó don Cosme, el cuidador de mi edificio y me dió un sobre que
Analía le pidió me entregáse personalmente.
Ya en la intimidad de mi habitación, abrí el sobre, confieso que con mucha emoción;
me desconocía a mí misma en esos momentos, tengo 25 años y sexualmente activa desde
los 13. Jamás alguien me causó tal emoción al grado de que mi corazón era un
esúpido e imparable grillo.
Su carta fué concisa y brutal:
"Fanya, espero me perdones por desaparecer sin avisarte. Es que, tenía ya que
volver a mi casa. Soy casada, tengo una hija de dos años y vivo felizmente con mi
marido. Por así decirlo. Mi nombre no es Analía y sólo renté el departamento porque
mi marido decidió pintar y redecorar la casa y entonces se volvió inhabitable. Él
se fué con la niña a Monterrey donde sus padres para que ellos vieran a su nieta y
yo decidí quedarme para supervisar los trabajos que le hacían a la casa, mas le dí
rienda suelta a algo que nunca había hecho. Y te agradezco por haberte dejado amar
y por haberme dejado ser tu hombre, esa siempre había sido mi fantasía y moriré
sabiendo que la cumplí un millón de veces en el lapso de una semana. A Dios le tomó
7 días crear el universo y la vida y a mí me tomó 7 días vivir la vida como siempre
había querido vivirla, en plena y propia libertad. A estas alturas de la carta
quizá ya devolviste el estómago o me estas odiando y duchándote como si tuvieses
años sin haberlo hecho pero quiero que me entiendas; somos mujeres, cierto?
Un beso. De mi boca a la tuya sólo nos separará un recuerdo."
O sea, déjame rebobinar la cinta we, leí bien? Una mujer me acaba de romper el
corazón? Eso lo acepto de los hombres, lo que tienen de brutos lo tienen de
deliciosos pero ahora a mi edad y con lo experta que pensé que era, una mujer me
usó y me dejó. Se siente re feo we. Por lo visto esa mujer lo hace todo con pasión.
Aunque quisiera corregirla sólo en algo: No la odio, yo no podría odiar algo que
nunca he amado.
De mi candente aventura han transcurrido ya casi tres semanas. Nadie ha rentado el
departamento. Yace ahí tan silencioso, es curioso que sus paredes y las mías saben
lo que ocurrió ese día, esa semana; eso es algo que el marido de Analía... Lo
olvidaba, no se llama Analía; yo sé algo que el marido de mi exvecina ignora.
Fué la primera vez que he estado con una mujer y no se si será la última. Me dejé
fluir y lo disfruté. Espero recuerde mi nombre al menos, no sé si viviré aquí
eternamente, pues este departamento de lujo no se paga solo, esta noche tengo que
ir a visitar a mi patrocinador pero esa es otra confesión que te la cuento otro día
con más tiempo mi amor.

Escrito por Fer Irigoyen.
Una confesión semanal de Fanya, la exhibicionista desempleada.
(c)2010
In : FANYA
Tags: "fanya la exhibicionista desempleada" "fer irigoyen" "sexo" "lesbianismo"
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