CONFESIONES DE UNA EXHIBICIONISTA DESEMPLEADA: LA NINFA Y LA ROSA
LA NINFA Y LA ROSA
A Efraín.
Tengo una amiga que es oficialmente una ninfómana, ha visto muchos psicólogos y se a acostado con la mayoría de ellos, no la juzgo, la quiero mucho, pero nunca podría yo estar en sus zapatos, me da tristeza que nunca encuentra saciedad a la hora de hacer el amor, creo que ella ha olvidado lo que es hacer el amor, cuando empieza no encuentra la hora para terminar, podría pasar días fornicando sin acabar, sin sentirse satisfecha, sino todo lo contrario, comienza a gritar y a llorar a causa de la desesperación, golpea al hombre con el que esté sosteniendo relaciones sexuales y al final del acto sexual, cuando ellos se rinden, ella, termina devastada, derrotada, llorando, pidiéndole al cielo o a quien sea que la escuche un poco de paz y que la libere del infierno que es tener sexo y no sentir placer. Moriría si yo fuese ella, mas la admiré siempre por seguir adelante y mantenerse fiel a sí misma.
Yo he tenido sexo con muchos hombres, no me pidas que te haga una lista porque nos caería encima la Navidad y continuaríamos escarbando en mi historial sexual, algunos han sido hombres, verdaderamente hombres que me han dejado tan satisfecha, agotada y feliz que me hacen pedir más, pero quizá uno o dos días después, puedo estar sentada sobre un hombre, sintiendo el poder de su masculinidad por dentro por horas, sin embargo llego a un punto en el que tanto es suficiente y me rindo al milagroso momento del orgasmo, cuando puedo sentir a Dios, a la Virgen o a cualquier deidad abrazándome, el orgasmo es la evidencia humana de que el paraíso existe verdaderamente y sólo con astucia, consistencia y pasión se consigue.
Aurelia, mi amiga, solía regalarme una rosa roja todos los Jueves en el bachillerato, recuerdo que me contaba desde entonces que cuando tenía sexo con Arturo, su novio, no se sentía plena o realizada como se supone dicho acto debe hacerte sentir (si lo haces bien), sus padres, un par de señores retrógradas, anticuados e ignorantes la tacharon de pervertida, degenerada e incluso llamaron al sacerdote de la parroquia de Coatzacoalcos porque pensaban que estaba siendo poseída por algún tipo de demonio, Aurelia terminó por hartarse de la horrible vida que le daban sus progenitores y se fue de Veracruz, como casi todos mis conocidos, se escapó con el hijo del presidente municipal y rentó una casa en Coyoacán, donde aún radica, por lo que se.
El mes pasado Aurelia quiso suicidarse arrojándose desde un puente peatonal, pretendiendo que dejar su cuerpo tendido en el periférico sería la solución para todos sus males, pero un policía lo impidió aferrándose a ella, la llevó a su patrulla, él limpió las lágrimas del rostro de ella con un pañuelo de seda y la besó, entonces mi amiga no perdió tiempo y le hizo el amor dentro de la patrulla, a plena luz del día (como yo le enseñé) mas el policía ya se había venido tres veces en un lapso de 4 horas, estaba sediento y no podía sostener más su erección pero Aurelia no saciaba su hambre de pene y sexo y quería prolongar lo que inevitablemente tenía que terminar ya, el policía optó por lanzarla desde el auto hasta la calle y marcharse a 160 kph, despavorido, tratando de entender con qué tipo de monstruo acababa de relacionarse.
Hace unos días me encontré con Aurelia en un café y la invité a quedarse en mi casa unos días para que pudiese relajarse y olvidar su intento de ponerle fin a su vida, le demostré que la quiero mucho al prepararle incluso su platillo favorito desde que era niña: El pipián.
Nos pusimos al tanto de nuestras vidas, le conté de mis bochornosos dramas con Juan el político y también le confesé mi fugaz pero hermoso encuentro con José Luis, ella se carcajeó y me dijo que se había quedado con las ganas de clavarle el diente a tan exquisito espécimen masculino, reímos, cenamos, nos duchamos juntas y nos abrazamos; se sentía tan bien reencontrarme con mi vida del ayer, poco a poco, persona a persona rescataba las cenizas de mi pasado; tuve una crisis existencial tal vez, me vi atrapada en un momento donde ya no me reconocía a mí misma o no sabía si tendría futuro, pero ver a la gente de mi pasado le daba significado a lo que vivía hoy.
Al día siguiente, salimos al centro, estuvimos coqueteando con unos tipos en el Zócalo y de pronto la perdí de vista, no podía encontrarla entre la muchedumbre, le marqué a su número celular pero estaba fuera del área de servicio, ya asoleada preferí irme a la casa y esperarla, aproveché para preparar la comida (comprar comida Tailandesa cuenta como cocinar?) y entonces llegó Aurelia con una preciosa rosa roja en mano, se acercó a mí y la colocó en mi cabello, acarició mi rostro y dijo que me veía tan hermosa como un diamante pulido por las manos más artesanales, me dio un fuerte abrazo mientras yo percibía su perfume de sándalos hindúes y sin esperarlo me besó.
Yo me asusté un poco, le dije que besaba muy rico pero que debíamos encontrar una solución a su problema y que seguir aumentando las dimensiones del mismo no era esa solución, entonces comenzó a llorar, dijo que debió de haber saltado del puente mientras pudo y tenía valor para hacerlo, dijo que nadie nunca la había amado, que era solo un objeto de placer para los hombres y que incluía a sus padres entre la lista de las personas que la hirieron y la despreciaron, yo no podía seguir viéndola llorar y la tomé de la mano y la llevé a mi habitación, no para hacerle el amor, sólo quería que tomara una siesta y que despertara más tranquila.
Estando recostada dijo: Por qué será que nuestras vidas se han parecido tanto desde que nacimos?, los hombres nos han herido con sus penes, han arrojado sus fluidos en lugares no aptos para albergarlos, somos sus alfileteros, perforan más que nuestra carne, hacen de nuestra dignidad un juego que siempre les hace triunfar, prometen llamarnos pero nunca lo hacen, nos pagan cenas caras esperando a cambio el secreto de nuestra entrepierna, nos compran vestidos de diseñador para después arrancarlos con todas sus fuerzas de nuestros cuerpos, nos insultan mientras rozan suavemente nuestro clítoris, azotan nuestras nalgas para después regalarnos una sonrisa que nos haga permitirles hacer su voluntad sobre nosotras, somos culpables de ser juguetes, sus títeres, hemos zurcido en carne viva los hilos que les ha dado el permiso de convertirnos en su burla, el objeto que les estimula y hace venirse sus asquerosos cuerpos para después llamarnos “putas”; ni si quiera me gusta el sexo, no es divertido, ya no se por que tengo intimidad si así puedo llamarlo con hombres o con quien se deje, es que nadie me hace sentir bien, nadie me complace, todos me hacen sentir una profunda soledad, mientras más me penetran, más sola me siento, más vacía, no puedo ni masturbarme, cuando pongo mis dedos sobre mi labia siento como si un asqueroso ser cobrara vida en mis manos y entonces me exalto, respiro profundo o comienzo a llorar, es que ya la vida ha perdido cualquier sentido que se supone debería de tener, el sexo debería hacerme sentir viva pero me marchita el alma y lo peor de todo es que ya que comienzo, no puedo detenerme, me veo hundida en un pozo y no puedo salir, veo la luz de la superficie pero nunca llego a ella, tengo que seguir, suicidándome para mantenerme con vida, desesperada, sin fe y hastiada, como si la tristeza fuese todo el orgasmo que me merezco por ceder a mi adictiva estupidez voluntariamente.
Mientras hablaba, miraba al techo un tanto perdida pero consciente de lo que decía, no pude evitar sentirme reflejada en cada una de las cosas que decía, Aurelia era como mi alma gemela en ese momento, vivíamos prácticamente la misma pena, la misma vida y no dudo que nos hayamos acostado con los mismos hombres, cómo podría yo consolarla si quizás yo necesitaba el mismo consuelo?...
Voy a decirte esto una sola vez, y no quiero que nunca lo olvides, tú vales mucho, tanto que nadie podría pagar con dinero, oro, rubíes ni mansiones, eres una mujer valiente, independiente y que ha vivido demasiadas cosas como para no darte cuenta de que eres invaluablemente maravillosa, eres una criatura mitológica y misteriosa, no eres ninfómana, eres una ninfa del amor; ahora, aunque mi vida no es perfecta, no tengo empleo y un hombre paga mi renta sólo por recibir favores sexuales, puedo enseñarte a amarte a ti misma tanto por dentro como por fuera, tienes que aprender a tocarte, tienes que verte al espejo y desear lo que ves, si lo deseas tú, si tú te excitas con tu propio reflejo entonces cualquier hombre, cualquier persona con sangre en sus venas sentirá deseo y amor por ti, no es una ciencia imposible pero sí es difícil, el único camino hacia la autoestima está lleno de espinas y cristales rotos, tenemos que cruzarlo descalzas a sabiendas de probablemente moriremos en el intento, pero es eso exactamente lo que cuenta, intentarlo, no estar aquí gimoteando y quejándonos de la vida que nos tocó vivir, si Carlos Slim estuviera en tus pellejos te aseguro que no podría sobrevivir una sola noche, así que amiga amada, mueve el trasero y mira la luz, mírame, que aquí estoy para ti, siempre. Le dije, con una sonrisa llena de esperanza en mi rostro, encontrando en mis palabras el remedio para mis heridas aún abiertas y que comenzaban a despedir un hedor a abandono y podredumbre.
Entonces Aurelia dijo: Fanya, por favor, enséñame a amarme, enséñame a sentirme bien bajo mi piel y a encontrar la plenitud y el absoluto placer, a tener por primera vez un orgasmo, quiero sentir el cielo en mi vientre, por favor, toma mi cuerpo y hazme tu mujer. Mira, me despojo de mis ropas, no necesito usar ropa interior, mi interior es tuyo, toca mis senos, mira mis pezones, bésalos, tómame por la cintura, ámame con tu lengua, cómo voy a saber cómo amarme si nadie se ha tomado la molestia de amarme? Cómo voy a saber cómo se siente el amor si los hombres no me aman, sólo copulan conmigo haciéndome sentir que no valgo nada, sé que tú me quieres, puede que no me mires como al hombre de tu vida, no tengo pene, mira mi pubis, te necesita, te necesito, te lo ruego, frota suavemente con tus ojos mi piel, se que con ellos puedes ver por dentro de mí, tú sabes lo que a mí puede elevarme a las nubes e inundarme de placer, estoy dispuesta a morir en tus brazos, si esa muerte me sabe a gloria, a nadie más le pediría esto, que atrevimiento el mío, mas aquí estoy, deseosa de amor, de dejar atrás mis tormentos y demonios, tú eres mi salvación.
Estás de acuerdo de que me encontraba en una encrucijada, no sabía qué decir, qué hacer, mi amiga ahí estaba, de pié frente a mí, desnuda, ofreciéndome su cuerpo, su alma, su vida y su futuro, suplicando por un poco de amor, por un poco de sexo hecho libre de instintos animales, no podía negarme pero tampoco podía saltar sobre ella y hacerla mía, pero me miró a los ojos y en ellos vi la pureza, la inocencia, la ternura y a las niñas que fuimos alguna vez, fue todo lo que necesité para decirle SÍ.
Tomé la rosa que ella había puesto en mi cabello y arranqué un pétalo suavemente con mis labios y la besé, introduje mi lengua en su boca y con ella el pétalo, nos dimos un beso, lentamente, húmedo y tibio, sintiendo el dulzor de su saliva, mis manos comenzaron a acariciarla, palpando cada uno de sus poros, abiertos como girasol al medio día, su tenue sudor lubricaba las caricias, mis dedos pellizcaban con ternura sus pezones, mientras que ella comenzaba a gemir, temblaban sus labios y besaba mi cuello, pero le pedí que no hiciera nada, que se dejara querer, que ésta vez sería diferente a todas las demás veces que ella tuvo sexo, porque ésta noche no tendríamos sexo, haríamos el amor, entraríamos a otra dimensión.
Nos sumergimos en la bañera nueva que estrenaba mi baño, llena de agua cálida como la presencia de Aurelia, nos miramos y nos abrazamos, como si estuviésemos en altamar con temor a ahogarnos, su intimidad y la mía se habían fusionado, éramos una sola mujer, una sola historia, un mismo pasado, un gran deleite; la rosa flotaba entre nosotras, como testigo de nuestros seres confesando su vulnerabilidad, como una caricia que provenía del cielo.
Después de salir de la bañera, ella yacía recostada boca arriba en mi cama, pensativa y apetecible, me puse sobre su cuerpo, besé su pecho, su vientre y me perdí en su vagina, se me fueron las horas dándole amor y mi aliento, ella dejó escapar lágrimas que me motivaron a seguir succionando su intimidad, su sexo, su espíritu con toda la dedicación de la madre naturaleza hacia nosotros. Su cuerpo sabía a miel, y bañado de un frágil rocío fue todo mío, introduje primero un dedo, después dos y entonces fueron cuatro los dedos que estaban acariciándola por dentro, ella parecía tener convulsiones placenteras, exclamaba con fuerza y fogosidad mi nombre, decía: Bendita seas!!!. Mi nariz estaba hipnotizada con el aroma que despedía su piel, me hizo sentir su amor con la fragancia casi divina que se filtraba de entre sus piernas, mi carne leía sus pensamientos y hacia realidad sus deseos, entonces, súbitamente, Aurelia me pidió que la abrazara, mordió mi hombro, clavó sus uñas en mi espalda, tenía contracciones, sonreía, tenía la mirada perdida y entre tanta agitación cayó rendida a la cama, tomó mi mano y dijo gracias, exhaló su último aliento y cerró los ojos.
Aurelia tenía 24 años cuando murió, junto a mí, desnuda, no sólo del cuerpo, también había desnudado su alma y me la había regalado en su totalidad, falleció a causa de un infarto, su corazón no pudo soportar tanto placer, por ese orgasmo que fue tan fuerte, dijo el médico forense que desgarró el corazón y reventó una de sus arterias, mas añadió también: Con el paso de las horas, los músculos se han hecho rígidos y se ha formado una sonrisa en su boca, así que puedo asegurar que tu amiga se fue de éste mundo, feliz, satisfecha y realizada.
Asistí al funeral y llevé una rosa roja que arrojé al ataúd cuando estaban enterrándola, sus padres vinieron desde Veracruz y la lloraron desconsoladamente, los miré con lástima y me senté a la orilla de la tumba mientras los sepultureros arrojaban la tierra sobre el féretro, rodeada de personas que amaron a Aurelia aunque ella haya pensado que nadie nunca la había querido, lloré como si se hubiese muerto una gran parte de mí porque tal vez así fue, pero me siento más satisfecha que nunca, mi amiga fue amada, murió por amor, pudo sentir con intensidad lo que es un orgasmo, lo que es terminar un ciclo gloriosamente para entonces reposar y meditar sobre la vida y sus telarañas, mi amiga Aurelia murió por amor, la amé como me gustaría que a mí me amaran, y eso es un recuerdo que atesoraré hasta el último día de mi existencia.
Ahora sé que el perfume de su cuerpo era el perfume de las rosas, del adiós, de algo mágico que se la llevó para hacerla descansar y brindarle el amor que tanto merecía, ella significa esperanza para mí. Ella es el recordatorio de que cualquiera tiene la capacidad de amar mientras se sienta capaz de amarse a sí mismo, de que el sexo es algo tan puro como dar a luz a un bebé, como cocinar, como ser niña en el patio de su casa soñando con una vida repleta de felicidad, es un mensaje de que en la vida hay algo superior a nosotros y eso es el amor, una sonrisa y una rosa que sobrevive arrancada de su fuente de vida, de la tierra, lo suficiente como para demostrar que incluso alguien que murió en vida puede alcanzar el paraíso en sí mismo, crear algo bello, brillar, palpitar y construir un recuerdo que ni el paso del tiempo pueda dañar jamás.

In : FANYA
Tags: confesiones de una exhibicionista desempleada fanya la ninfa y la rosa aurelia sexo ninfómana
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