CONFESIONES DE UNA EXHIBICIONISTA DESEMPLEADA: LA GEISHA
Posted by Fer Irigoyen on Thursday, September 15, 2011 Under: FANYA
Qué vida la mía... Eso me digo todos los fines de semana cuando amanezco en casas ajenas, desnuda en colchones sobre el suelo, al lado de desconocidos, usando sus camisas e incluso su ropa interior... A veces no puedo recordar nada; quizá ya es hora de que me despida del vodka por algún tiempo.
He estado saliendo las últimas semanas con un político. Yo solía pensar que los políticos son ratas que visten de Armani y le roban a la gente por la cual deberían de trabajar; pero mi hombre es diferente. Su nombre es Juan Rodriguez, tiene 34 años y es géminis, me encanta como besa, me encanta como me toca, me mata su aroma, el perfume de su piel que se diluye entre mis poros, cuando suda sobre mi cuerpo, cuando me sofoca y no me rindo; Juan me hace el amor de manera tierna, aunque a veces, es muy rudo y me fascina, puedo sentirlo completito adentro,
hay veces que le digo: Basta!, creo que me vas a perforar los pulmones... Él sólo se ríe, me abraza y sigue haciéndome el amor, me ha decodificado enteramente, sabe que cuando digo basta, quiero más, salvaje e incansablemente.
A Juan lo conocí en una fiesta de gala que dieron en honor al embajador japonés;fué tan curioso. Todo comenzó cuando tropecé con un tipo en la calle que por cierto no dejaba de verme, me preguntó que si era modelo; mi experiencia me ha enseñado que esa pregunta generalmente se responde con cerveza, cigarrillos y una cama, así que le dije que no,
que no perdería mi valioso tiempo haciendo algo tan estúpido como el modelaje, el hombre frunció el ceño, pero me dio su tarjeta de contacto, me dijo que si me interesaba ser una geisha para una fiesta que le avisara, que la paga era buena y que me iba a divertir mucho.
Honestamente no sé nada de las geishas, sólo se que se la chupan a los japoneses muy delicadamente, que se untan una cosa blanca pastosa en la cara, y que caminan como si no hubieran parado de coger durante meses. Pero siendo aún más sincera, mi alacena grita desde hace tiempo famélica, y no recuerdo cuando fue la última vez que comí un buen filete (claro, sin contar las salchichas masculinas, esas se comen en crudo), entonces opté por tragarme el orgullo para tener mientras tanto algo en el estómago, le llamé al agente y me citó en un cuarto de hotel.
Casi al instante pensé que no me había equivocado, que cuando algún tipo le pregunta a las mujeres en la calle si quieren ser modelos, es sólo una invitación maquillada para fornicar sin compromiso ni la necesidad de usar los apellidos para hacer que se abran más fácilmente las piernas.
Llegué al hotel, subí por el elevador, que por cierto olía fuertemente a sexo, ahí había una pareja, sus mejillas estaban rojas, primero pensé que tenían calor ya que era una tarde calurosa, pero no, estaban haciéndolo cuando entré al elevador, y tuvieron que interrumpir su acto, pobres ilusos, no saben que a mí incluso me grabaron en un elevador de Acapulco haciéndole sexo oral a una estrellita de rock que sigue llamando pero no contesto.
Ya estando en la habitación, apareció de la nada el agente con otras chicas, creo que salieron del baño, no sé, sólo podía ver sus tetas moviéndose y brincando al ritmo de sus pasos, estaban totalmente desnudas y en fase de caracterización y maquillaje, entonces el agente me indicó que me maquillara, me alistara y me rociara un perfume especial hecho a base de jazmín y otras esencias (supongo que ese aroma es afrodisíaco para los penes japoneses).
A las 7 de la noche ya habíamos oficialmente 7 geishas en la habitación del hotel listas y despampanantes portando el kimono para gobernar en la fiesta, el agente nos pidió mucha discreción y nos sugirió que tuviéramos una mente abierta y que accediéramos a complacer al que fuese a elegirnos como su acompañante para la noche.
La paga nos la darían al final de la noche, yo en realidad quería llegar a la fiesta y comer algo, mis tripas gruñían más que mi vagina cuando ha pasado una semana sin tener sexo.
El hombre nos llevó a la fiesta en una limusina, no pude evitar llegar a tercera base con otra geisha, parecía un polvorón cremoso y dulce, lucía exquisita aquella mujer, nos despeinamos un poco y tuvimos que retocar nuestro maquillaje pero para entonces ya habíamos arribado triunfalmente...
En la fiesta se encontraba la crema y nata de la política, entonces pensé que no nos daríamos abasto siendo sólo 7 geishas contra tantos hombres, pero el hombre nos dijo que muchos de los políticos eran gays, algunos estaban casados y eran demasiado simplones para atreverse a tener una aventura de una noche con una geisha, y los que sobraran, serían aquellos que sí requerirían de nuestros servicios.
Las otras geishas de inmediato comenzaron a circular entre los hombres, llevando con ellas bocadillos o copas con champaña para ofrecer, la fiesta era como un fragmento extraído de la más bella imagen japonesa que haya podido imaginar, estaba perfectamente decorada, era todo tan real que incluso yo pensé que era japonesa, a veces la imaginación es el mejor alimento para la vida.
Yo me fui directamente a las mesas donde estaban los banquetes, comí mucho sushi, amo el sushi, había otros platillos que no conozco y que probé con gula y sin recato; entonces apareció él, como un príncipe de película, Juan, invitándome caballerosamente un trago de sake, dios mío, es la cosa más loca que he bebido y lo disfruté mucho al igual que la compañía, Juan compartió conmigo muchas anécdotas graciosas, y la razón por la cual se realizaba esa fiesta que sería un secreto para todos; era tan elocuente, tan seductor sin proponerselo, era todo un hombre;
quiero decir, sigue siéndolo, sensual, guapo, atractivo y delirante, pero en ese entonces no sabía que me pediría ser su geisha.
Se me acercó un hombre japonés, me habló en un muy bizarro español y me invitó a la habitación de su hotel, me regaló un ramo hermoso de sakuras, flores del cerezo de color muy vivo, pero Juan le dijo que él ya me había pedido que lo acompañara el resto de la noche, entonces el japonés muy educadamente se despidió y se fue, lo curioso es que Juan no me había dicho nada y fue cuando sentí por primera vez mariposas en el estomago por él, por un momento pensé que tanto sushi estaba a punto de hacerme daño, pero no, realmente Juan me había flechado y sin duda alguna lo acompañaría hasta el anillo más grande de Saturno si me lo pidiera.
Continuamos bebiendo sake hasta que la Fanya geisha comenzó a besarlo, Juan se puso nervioso y mejor optamos por irnos a su casa.
Un pequeño palacio en interlomas; ya con la barriga llena, podría hacerle el amor a cualquier hombre por días enteros sin necesitar agua o cobijo.
Juan quería seguir con el tema japonés y de inmediato puso música instrumental japonesa, sonaba increíble, y él lucía seductoramente atropellante. Yo no sabía como actuar, no es que soy tosca o brusca pero siempre me voy por el camino salvaje, una bestia muerde mejor que un pato, pero Juan me incitaba a ser tierna, a acariciarlo en vez de morderlo, a darle masajes con aceite de rosas y nuez, a besarle sus pies y no introducir su pene hasta mi garganta, supuse que eso sería algo que haría eventualmente así que entré bien en el personaje y me dejé llevar.
El primer contacto que tuve con Juan fué un beso que me hizo ver a Marlon Brando flotando con alas y un arpa, supe que el sake estaba surtiendo su efecto letal cuando se mezcla con un beso tan tóxico, un beso delicioso que provenía de una boca que me hacía sentir virginal, como una niña.
Casi llegué a las lágrimas al sentir sus labios encontrándose con los míos, se sentía como si el universo embonara perfectamente en nuestros pechos; su lengua húmeda y tibia me arrulló y sus brazos fueron como una balsa que me llevó al paraíso.
No soy japonesa y no crecí siendo entrenada para ser una geisha, pero Juan me hizo sentir mujer sin necesidad de usar mis armas más comunes y escuetas. Esa noche fue una de las mejores noches de mi vida.
Después de venirse, Juan me besó la frente, me dijo: -Tienes que dormir niña hermosa, que mañana nos espera un gran día.
Yo estaba totalmente sorprendida, no me cabía en la cabeza que tendría otro día para disfrutar a Juan y sus encantos. Nos amaneció besándonos y enredados entre abrazos y sábanas, él preparó el desayuno mientras me duchaba, me dio de comer de su tenedor directo a la boca, me hacía sentir como una niña, repito, que vida la mía, no me reconocía a mí misma, supongo que esta es la vida que llevan las niñas bien, entonces, quizá, esta es la vida que me merezco.
Paseamos por toda la ciudad, me llevó a museos, me contó historias de su trabajo y la política, me tomó de la mano y acarició suavemente mis senos... Pero... Sí, hay un pero; Juan no me miraba a los ojos,
él me hacía sentir única, especial y maravillosa, pero no me sostenía la mirada, me evadía, no teníamos contacto visual, y eso es como tener un pastel sin pan o una pistola sin municiones. Pensé que estaba demasiado nervioso o tal vez era algo casual. Sin embargo hemos estado saliendo, quiero esforzarme para que ésto funcione, quiero tener una relación duradera con un hombre, pero no cualquier hombre, quiero que sea Juan el hombre al que le dedique mi existencia,
quiero sentirme niña y mujer al mismo tiempo mientras me hace el amor, quiero que me cocine mientras planeamos una vida juntos, pero es eso posible si no me mira a los ojos? Si no es capaz de mirarme a los ojos, será
capaz de amarme tal y como soy y apostarlo todo por mí?
Quizás estoy exagerando, eso me dicen mis amigas, también me comentan que Juan puede estar ocultándome algo, que me miente o simplemente algo le avergüenza. Yo no quiero pensarlo, seré yo la razón por la cual él no me mira a los ojos? Aunque cuando sonríe siento de nuevo mariposas, terodáctilos y tarántulas en mi estómago, su sonrisa es única, su caricia es única, su aroma es único, todo él es uno en un billón.
Por ahora seguiré en ésta aventura, no quiero arruinarlo por precipitarme a hacer conjeturas, aunque yo seguiré buscando sus ojos y seguiré matándolo con mi boca, mi lengua es una medusa, su anatomía es la víctima perfecta.
Hoy le daré un regalo, tiene que ser original, pensé en chocolates pero eso tiene de original lo que yo tengo de madre Teresa, así que me haré un tatuaje en la espalda, me tatuaré una geisha, para tener plasmado para siempre en mi piel
el recuerdo de la noche donde lo conocí, para recordarle que amo como me hace sentir y para darle la oportunidad de extraviar la mirada en otra parte, porque sé que a veces se siente rico dejar de ser una loba hambrienta para ser una dulce gacelilla.
Probablemente nunca volveré a usar un kimono ni sandalias de madera pero, puedo ser lo que él me pida que sea, puedo complacerlo de maneras que tal vez no se imagina, puedo hacer cosas que normalmente no haría, puedo ser una geisha, desnuda, pero con modales de una dama hecha para amar más allá de la piel.

In : FANYA
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