CONFESIONES DE UNA EXHIBICIONISTA DESEMPLEADA: LA CARCEL DE UN BESO
LA CÁRCEL DE UN BESO.
Nunca le he tenido miedo a la oscuridad, nunca he sido claustrofóbica pero si he temido toda la vida encerrarme en una habitación con alguien que no me sepa amar, no hay más oscuridad que un corazón incapaz de sentir amor y no hay más cárcel para mí que la boca de quien amamos besar porque su beso aprisiona tus instintos, cautiva tus latidos, impulsa la rabia y la dicha diluidas como morfina en las venas; un beso es un infinito y pequeño sótano donde alojas el alma y la vida entera, un beso lo inicia todo: la paz, la guerra, la vida, la muerte, la gloria, el infierno, el placer y el dolor… Un beso es la perfecta guillotina para los condenados a muerte que como yo, hemos puesto el cuello en el cadalso, con el corazón ondeando una bandera blanca, con la elegancia puesta en las caricias y las caretas arrancadas de mis intenciones, no quiero más de lo que yo puedo dar, no vivo más de lo que muero por vivir y sobrevivo.
Para los extraños que nos miran perplejos y un tanto intimidados allá afuera, somos Julián y yo la causa de la ira Divina, mientras nos besamos en algún parque o casi hacemos el amor en cualquier calle, a cualquier hora, sobre el pavimento como cama, como carretera para nuestros alientos y la desvergüenza de nuestros antojos que nos mutila la voluntad y nos doma como si fuéramos tigres de circo, porque somos presos de la boca de quien amamos besar cuando nuestro lado más primitivo muestra las garras y rasguña nuestro ser, la lengua es la llave que cierra el cerrojo; yo soy una fugitiva profesional mas siempre retorno gustosa al calabozo, para recibir mi castigo y reventar con los foetazos del amor pues soy solo una esclava indefensa aunque a veces pretenda ser una asesina en serie imposible de atrapar.
Julián y yo amamos el calor y el olor que tiene nuestra habitación, es un perfume inventado por nuestros cuerpos, se perciben su hambre de gloria y mis ganas de él, flotan en el aire las feromonas de nuestra piel mezcladas con el humo de los cigarros que a veces fumamos, las cervezas que se hacen rancias, las uvas que fermentan –que alguna vez coloqué sobre su pecho– y las fragancias que rociamos sobre nosotros antes o después de intimar; amamos el distintivo perfume de lo que somos pero últimamente adoramos respirar el esmog de la ciudad, fumamos el humo que arrojan los autos y la humedad que se palpa en las paredes, ésta gran metrópolis es un banquete para nuestros sentidos, vivimos unidos a la ciudad como si fuera una gran matriz convirtiéndonos en un tierno par de fetos abrazados, siempre besándose, siempre con la mirada clavada sobre el otro, tórtolos sin alas, un par de sendas construidas para andar paralelamente rumbo al mismo destino, contagiados de la grandeza del universo, henchidos de lujuria, amor y otras variedades de delicias humanas; somos aquel par de maleducados que se devora con un beso, somos el motivo por el cual esa asustadiza madre le cubre los ojos a su pequeña hija y aligera el paso para alejarse lo más pronto posible de nosotros, soy la mano que exprime su virilidad, él es la lluvia que lava las lágrimas, la soledad y las huellas que va dejando.
Solemos regresar a media noche al departamento, agotados pero conservando la sonrisa en el rostro, él aún maravillado por todo lo que México le ofrece visual y emocionalmente, yo tomo una ducha para quitarme el hollín del cabello y las miradas de otros sobre la carne, para mí Julián es la madre patria, es lo que todo hombre debería de ser, el molde del cielo o el cielo de mi mundo donde me desmoldo, me transformo, me revive. Hay ocasiones las cuales la habitación es demasiado pequeña o permisiva, buscamos la adrenalina que nos regala a manos llenas el peligro y lo prohibido, él me ahorca y yo muero poquito o sobre algún puente peatonal nos desnudamos, cuando la noche ha cubierto cada centímetro de la ciudad, salen los chacales dispuestos a cazarse el uno al otro, olvidando quien es la presa y quien es el cazador, pierdo la cuenta de las mordidas que nos damos, solo siento que nos amamos, al final de la noche, cuando nuestros cuerpos yacen tendidos sobre la acera lo único que cuenta es que estamos juntos, no hay patria, océano o religión que nos pueda separar.
Suelen decir que la curiosidad mató al gato sin embargo yo creo que la curiosidad es algo inofensivo, la curiosidad es cosa de niños, el ocio por otro lado, es infaliblemente letal, fue quien degolló al gato y puso esposas en mis muñecas anoche…
Nos encontrábamos los dos casi derretidos por un beso, una caricia, su cuerpo embravecido, mis pechos al aire y los testigos yendo y viniendo, un arbusto hacía el papel de lecho, a las cinco de la tarde, con la luz naranja del sol metiéndose entre nosotros, olvidamos por un momento donde estábamos, olvidé no gemir y él no dudó en deshacerse de sus jeans desgastados, quizá alguien pensó que me hacían víctima de algún sacrificio o ritual, que me herían o me hacían daño y entonces trajeron a la policía, al encontrarnos prensados, sudorosos e innegablemente desnudos, los guardias del orden nos pidieron que nos vistiéramos y nos pusiéramos de pie, después de que una gran multitud nos rodeó, los policías nos aventaron contra la patrulla, nos esposaron y nos leyeron nuestros derechos, Julián y yo nos miramos sin entender qué sucedía pero saboreando el fruto de tantos días de siembra, sabíamos que tarde o temprano nos atraparían, inconscientemente anhelábamos sentir una emoción más fuerte, romper el límite de lo vedado, las normas de la sociedad o simplemente esquivar el aburrimiento que tarde o temprano a todas las parejas consume.
Los delitos: Actos indecentes en vía pública y sexo candente (bueno, ese no es precisamente un delito, ¿o sí?); mi reacción fue reír como una tonta mientras que Julián estuvo serio en todo el camino hasta llegar a la delegación, entonces nos guiaron hacia los separos, de repente vi que un policía arrastraba a Julián por otro camino que por donde a mi me llevaban, me insultaron y empujaron dentro de los separos, donde yacía acostada en el piso una mujer ebria, una prostituta gritona golpeando los barrotes y yo, una idiota que comenzaba a temblar de miedo por culpa de la ausencia de su hombre.
Un policía fue a mi celda para decirme que podía hacer una llamada para dar aviso a la familia, como si fuese a presumirles que me encontraba presa por un delito menor aunque no por eso dejo de ser una delincuente, se supone que la familia debe pagar tu fianza pero mi familia estaba lejos, mi madre me dejaría pudrirme en prisión, yo misma me dejaría pasar la vida aquí si estuviera junto a Julián mas mi realidad era otra. El policía se marchó llamándonos “rameras” y alebrestó entonces a la prostituta que se aproximó a mí con ganas de pelear, yo comenzaba a morderme las uñas, ignorándola por completo, hundida en mi mundo desmantelado, en el hueco que sentía entre mis brazos, a mi costado, alrededor de mis caderas, por todo mi cuerpo, la ausencia de Julián era tan espesa que hacía el aire difícil de respirar, su presencia es todo el oxígeno que necesito y para las diez de la noche me asfixiaba, arañaba las paredes, sin importarme el hedor a orín que corroía el suelo, me recosté, usé de almohada los muslos de la prostituta que se había cansado de tanto protestar, y se que las horas avanzaban pero lo hacían tan lento, lo suficientemente despacio para hacerme sentir la agonía de estar apresada como una criminal, lejos de quien amo, arrancada de su piel, tan separada de mi felicidad; tenía tanto miedo de cerrar los ojos, tenía miedo a la noche, no quería que apagaran ese foco que apenas alumbraba la celda, me negaba a dormir, no quería despertar sola, sola conmigo y con completas extrañas que al igual que yo nos dejamos atropellar por nuestros más ínfimos instintos, todos los miedos que nunca tuve surgieron esa noche para hacerme suya sin misericordia, vilmente gobernándome sin otorgarme la oportunidad de luchar; tácita y ahogada con ese nudo que atravesaba mi garganta intenté sobrevivir a la madrugada pero no pude, el espacio se hacia cada vez más pequeño, las paredes se acercaban a mí dispuestas a aplastarme, cedí al miedo y comencé a aullar como loba malherida mas nadie me escuchó, a nadie le importaba, me sentía tan sola, me sentía tan vacía, sin maquillaje, naufragaba en el averno.
Julián por su parte hizo amistades en su celda y esperó con paciencia a que los amigos de sus padres –aquellos en cuya casa lo conocí– pagaran la fianza y lo liberaran un poco pasada la media noche; Julián le pidió a los señores que pagaran también mi fianza pero ellos no quisieron, no por el hecho de no gastar su dinero sino porque pensaban que yo lo estaba llevando por un mal camino que lo había puesto directamente en la cárcel, ahora Julián tenía que comparecer en la embajada española y yo tenía que subsistir con lo que me quedaba de él hasta que volviera a verlo.
Antes de irse, Julián fue a mi celda y metió entre la reja sus brazos, me haló hacia él y me besó, dijo que empeñaría su computadora para sacarme libre, que volvería por mí y que todo lo que había ocurrido sólo le sucede a la gente valiente, osada y con espíritu aventurero, que pocas veces en su vida se había sentido tan vivo; dijo tantas cosas pero yo sólo escuché sus ojos que murmuraban amor con cada mirada, lo besé una vez más hasta que le pidieron que se marchara.
Ahí estaba yo, tras las rejas, con el cuerpo cautivo pero con el alma y el corazón más libres que nunca, dentro de la jaula de un beso, el beso más dulce, un beso indeleble, incurable. No me dolía estar detenida, ser fichada o señalada; no me dolía la cárcel, me perturbaba su beso que se iba y me liberaba de nosotros, me estorbaba sentirme tan libre pese a que no lo era, extrañaba la forma de su cuerpo cuando reposa junto al mío, palpaba el sabor de su boca entre el desplante de la lejanía y el despojo de mi intimidad.
Puedes estar enclaustrada en una fosa, pero tu mente vuela, tu espíritu se libera haciendo más liviana la tortura de estar privado de tu libertad pero de un beso que te apresa no puedes escapar; tu mente, tus pensamientos, tus recuerdos, lo que eres y lo que serás le pertenece a alguien más, nos convertimos en la rapiña de una boca que nos captura con su sola presencia. Después de un beso no hay marcha atrás.
Cuando amaneció, Julián ya había pagado el dinero que me pondría en libertad, corrí para abrazarlo tan fuerte que caímos los dos al suelo, le lloré como si se hubiese muerto, él me consoló y besó mi mejilla…
“Mujer, debemos hacerlo otra vez”
“¿En público?”
“Así es, en frente de la casa del presidente si es necesario, el caso es que no me importa donde lo hagamos si quienes lo hacen somos tú y yo”
“Estás loco pero amo eso de ti, entre tantas otras cosas. Cualquiera hubiera corrido con las decisión de no volver a verme nunca más.”
“Fuimos pillados pero lo sentí tan rico, me corrí en ese justo instante.”
“Tuve una noche espantosa sin ti, si alguna vez me cuestioné si te amaba en realidad, anoche se develaron mis dudas y descubrí el amor tan desesperado, afilado y descarado que siento por ti, te amo y al fin lo exclamo sin miedos ni tapujos, te necesito para que me mantengas cautiva entre tus manos, para que me liberes y me hagas sentir mujer.”
“También me di cuenta de que te amo Fanya, ¿sabes qué hice?, hace unas horas hablé con mis padres, ellos estaban muy molestos por lo sucedido, me exigieron volver a Sevilla pero con todo el respeto que me merecen les dije que en verdad te amo y que quiero hacer mi vida en México, a tu lado, entonces me dieron su bendición y nos abrieron las puertas de su casa, dándonos su apoyo que para mí es muy importante”
“Me has hecho la mujer más feliz, la más dichosa, ¡ay dios! No te hago el amor aquí porque le temo a ser atrapada de nuevo sino porque apesto a aderezo de mujer ebria con salsa de prostituta.”
“No te preocupes mujer, tomaremos una larga y caliente ducha juntos, el mundo es nuestra cama, no lo olvides.”
“¿Sabías que tu beso es mi prisión predilecta?”
“¿Ah sí? Entonces sé mi prisionera, yo seré el carcelero de tu sexo, le pondré candado a tu corazón, sé mi más fiel cómplice, seamos el crimen y el castigo, yo te profeso con cada beso lo que soy y lo que tengo, tú concédeme un rincón en tu vida, hazme compañero de cada pena y cada alegría; con tus labios sobre los míos hagamos un pacto: Un día de tu eternidad por mi existencia expuesta en tus manos.”
“Sigo presa, ya lo sabes, soy tuya y para que lo sepas si fuera un pájaro te pertenecerían mis alas, no hay nada que sea imposible para nosotros, diseñemos el mañana ésta noche, ahora.”
El ocio mató al gato y me esposó y me refundió en los separos, por cada delincuente inocente hay un policía arrestado por sí mismo y lo corrompido de su persona, por cada exhibicionista graduado existe un voyerista famélico, por cada mujer que desfallece enamorada tras el roce de un beso existe un hombre que con alevosía, premeditación y ventaja adiestra su boca y tira a matar.
Me declaro una apasionada culpable de lo que siento, pido cadena perpetua para mi cuerpo, afilen el hacha, corten mi cuello, ha terminado ya el litigio: Un beso para siempre es justo la inyección letal que merezco.

In : FANYA
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