Voy a despejar de una vez por todas, la incógnita más grande del mundo… Puede un hombre ser solamente amigo de una mujer? Puede una mujer no desear más de aquel hombre que es mitad su hermano, mitad su alma gemela,  algo más que su pura amistad?

La vida es un garabato, Dios es la pluma, las circunstancias son la tinta, nos enredan, nos desdibujan, nos manchan, nos contraponen y se interponen otros garabatos como si fuera poco el enredo de nuestras vidas, seguimos en un infinito ciclo de giros y trazos sin forma ni rumbo, a veces creo que para la vida somos sólo ratones de laboratorio, yo estoy dispuesta a experimentarlo todo, siempre supe que no seré eternamente joven ni tampoco sabia, pero al menos lo seré todo, nadie podrá quitarme eso, aunque no tenga empleo, aunque no pueda comprarme un par de zapatos o un par de tacos en el puesto de la esquina, nadie podrá arrebatarme mi sexo, mi carne, mi mente y mi corazón, nadie podrá decir que mi nombre no me pertenece porque la vida alguna vez escribió mi primer línea y desde entonces he estado latiendo, palabra a palabra, beso a beso, hombre a hombre, indiscreta y pasionalmente, quizás mi vagina es claustrofóbica, puede que en algunos momentos enloquezca y me ahorque con mi lengua, pero de nuevo recuerdo mi misión en éste mundo, y no, no es encontrar la cura para el cáncer, mi misión es tan simple como la de una ardilla en un jardín y tan complicada como la de un desarmabombas en plena acción, mi lengua es suicida y asesina, los amigos son un bastón, una luz, son todo.

Estuve encerrada en mi departamento varios días, con las cortinas cerradas, sin dejar que la luz del sol encontrara mi cara sucia, con el rímel viejo corrido, con mis ropas tiradas por toda la habitación, con fotos despedazadas decorando la cama. He estado huyendo de mí misma, del dolor, huyendo del recuerdo y del pinchazo que sentí en el pecho cuando vi a Juan fornicando con mi madre, ella volvió a Veracruz y siguió con su matrimonio como si nada hubiese pasado, mi padre aún ignora todo y no iré a decírselo, no quiero romperle el corazón, ojalá sea demasiado inteligente para darse cuenta por él mismo que mi madre no le conviene, mas no pude callar mi sentir y le hablé a mi mejor amigo de toda la vida, a José Luis. Él vivió cerca de mi casa cuando éramos niños, fuimos cómplices en tantas aventuras, me hacía trenzas y me hacía nudos en las agujetas para que me cayera cuando intentara caminar, yo le pegaba gomas de mascar en su cabello y reíamos mucho, nos devorábamos el verano como si fuese algodón de azúcar, la vida era tan sencilla cuando no tenía que preocuparme por usar desodorante o lavarme los dientes para verlo, y al pedirle ahora ayuda es justo lo que estoy haciendo, salí de ducharme, no quiero que vea que soy un caos oficial ni que suenen las alarmas por mi patético estado anímico. José Luis ha vivido en Cuernavaca con su novia los últimos tres años, él dejó Veracruz mucho después de que yo lo hiciera, yo siempre perseguí mi sueño de grandeza y aunque puede que la realidad me haya mostrado que la grandeza no es necesariamente ser millonario, sigo en la persecución.  Que levante la mano a aquel que le estorbe el dinero en su bolsillo…?

Llamé a José Luis un Viernes por la noche, un tanto ebria, sollozando, y él de inmediato reconoció mi voz, pese a que sólo había mencionado su nombre y había dicho “Hola, cómo estás?”,  él quería verme, dijo que necesitaba darme un abrazo, consolarme, yo honestamente me sentía tan sola que no pude recurrir a mi orgullo de mujer independiente y autónoma y le supliqué que viniera a México, que lo necesitaba, que me estaba muriendo de tristeza, que la persona que me dio la vida me había destruido la existencia, le platique un poco de lo sucedido, y a la primera hora de la mañana siguiente ahí estaba José Luis, tocando a la puerta con su manera única y peculiar de hacerlo, tres toquidos rápidos, pausa, tres toquidos lentos, pausa, haciendo una melodía intermitente e inconfundible, era él, afuera de mi casa, listo para darme el abrazo que tanto necesitaba.

Abrí la puerta y quedé maravillada con su look, su cabello, su estilo de vestir, era él mismo pero se había sofisticado, su sonrisa iluminó el pasillo y me lancé a él como si fuera una niña viendo a Santa Claus en Navidad, nos abrazamos y entramos a la casa. Platicamos por horas, me preparó unas quesadillas improvisadas con lo poco o nada que tenía en mi refrigerador, sabían exquisitas y así anochecimos, él ya bostezaba pero seguía escuchándome con mucho interés, mas le pedí que fuera a dormir ya que mañana podríamos seguir platicando. Él se durmió sobre el sofá, se recostó y lo cobijé, en ese momento recordé tantas cosas que había olvidado, cosas que tenían que ver con José Luis, quizá eso le pasó a Juan al ver a mi madre, el pasado te da un puñetazo tan estruendosamente fuerte que no te queda de otra mas que recordar y volver a vivir.

José Luis solía estar enamorado de mí, a los 15 años él intentó darme un beso en la boca pero nunca se lo permití, de hecho me daba un poco de asco, él siempre ha sido como el hermano que nunca tuve y mi mejor amigo, le conté todos mis secretos, era como mi diario viviente, y lo veía de cualquier manera menos como al chico al cual quería besar y acariciar, él me escribía poemas, me regalaba malvaviscos y me ayudó demasiado para salir rápido de la difícil etapa de la adolescencia,  él fue un gran refugio para mí cuando mis padres parecían no comprenderme y escapaba corriendo de la casa, llorando, sintiéndome sola como hasta hoy me sentía.

Ver a José Luis recostado en mi sofá, dormido y silente, me recordó aquella vida que tuve alguna vez, él fue insistente durante muchos años hasta que me fui y le perdí el rastro, volví a verlo en una navidad que fui a casa de mis padres e intercambiamos números telefónicos, solía llamarlo casi todos los días hasta que su novia se disgustó por ello y dejé de hacerlo, sin embargo me vale madre, ella no es dueña de José Luis, ni yo lo soy, y hoy yo lo necesito, ella puede tenerlo cuando se le antoje… Ella lo tiene por completo todas las noches.

José Luis… Su cuerpo es el de un obrero que ha formado músculos grandes  por tanto trabajo, tiene la espalda ancha, las piernas y el abdomen bien definido, sus nalgas son redondas y se le forman esos hoyuelos en la espalda baja que tanto me enloquecen, es alto, con barba y bigote, su cabello es negro y rizado, sus cejas son gruesas, sus manos están llenas de callos, son masculinas, llenas de venas saltadas, son duras, sus brazos son fuertes y cuando te abraza sientes a los costados sus bíceps como si fueran rocas, huele a fruta, ha cambiado tanto, ya no es el niño enclenque o el adolescente desesperado que iba a verme las tardes de verano deseoso que saliera con él, usando falda y sandalias de cuero.

Me fui a dormir pero no pude cerrar los ojos, me quemé las pestañas pensando en el pasado, olvidando el presente y sin importarme el futuro, bebiendo café con vino tinto no pude evitar no imaginar una vida al lado de José Luis… Y si mi amigo fue el hombre de mi vida y yo nunca caí en la cuenta? Y si él pudo haber sido el amor de mi vida pero mi egoísmo y mi sed de libertad lo arruinaron? No debí de haber dejado mi pueblo ni dejar atrás sin remordimiento alguno a José Luis, él siempre ha sido incondicional, me pregunto si seguirá enamorado de mí?... Es tan triste que siempre demos por hecho que aquella persona que nos ama siempre lo hará reciba lo mismo o no a cambio, pareciera que pensamos que para ellos es un acto obligatorio, somos animales a veces, caníbales, seres hartos de lujuria con complejo de alcancía. Nunca todo es suficiente.

Carajo!!!  No puedo dejar de pensar en José Luis, me siento como una estúpida adolescente enamorada por primera vez, eran las 5 de la mañana y ahí seguía, saqué de mi caja de secretos las cartas que me dio alguna vez,  no podía apartar la vista de nuestras fotos  posando como un par de tontos en la playa, construyendo castillos de arena, mi sonrisa aún inocente y su compañía eternamente incondicional.

Estando recostada en mi cama, girando entre las sábanas escuché pasos y volví mi cabeza hacia la puerta de mi habitación y ahí estaba él. Dijo que no podía dormir y me pidió permiso para dormir conmigo en mi cama, dijo también estar preocupado por Mariana, su novia, la dejó en su casa abruptamente para venir corriendo a mi lado. Eso fue un mata pasiones para mí, pero verlo sin camiseta y con boxers solamente fue exactamente el tipo de alimento visual que necesitaba para comenzar a echar a volar mi imaginación, me dejó tomarle un par de fotos, sonreía apenado mientras lo devoraba con la cámara y la mente, noté en sus ojos un brillo especial, sus labios me invitaban a morir esa noche mas dejé encajonada mi pasión y pretendí conformarme con el recuerdo de él plasmado en fotografías.

Pasó un rato, el mundo estaba realmente silencioso, lo escuchaba tragar su saliva, el eco de mi corazón resonaba como tambores de pueblo el día de la virgen, yo le daba la espalda y él estaba acostado boca arriba.

Estoy tan caliente, dijo, que podría masturbarme ahora mismo o hacérselo a la almohada, tengo mucho calor y no he dejado de sudar ésta noche. Tengo el miembro durísimo, de hecho está comenzando a dolerme un poco, llevo ya dos horas con ésta loca erección, perdóname si te incomodo al decirte esto.

Está bien, no te preocupes, tengo sueño, descansa. Le dije. Sé que quizá soné un poco seca o impersonal pero realmente no quería prestarle atención porque en ese instante le habría succionado la vida con cada poro de mi piel, me habría adherido como ventosa a su carne y habría bebido hasta la última gota de su ser.

De pronto se movió y cambió de postura en la cama, quedamos en la posición llamada “La Cucharita” y lo sentía acercando su cuerpo hasta el mío, entonces pude percibir en plenitud su pene ardiente rozando mis nalgas, José Luis se aproximaba aún más y entonces incluso pude sentir su vello púbico haciéndome sentir pequeñas cosquillas, como si arañas traviesas caminaran por mi espalda; él arrimó su pecho y abdomen a mi espalda, su corazón latía impresionantemente rápido, yo ya estaba casi al borde del orgasmo, entonces me abrazó y comenzó a lamer mi oreja, besó mi cuello, poco a poco fue poniendo su pierna entre las mías para que yo las abriera y entonces comenzó a frotar mi clítoris, lubricó sus dedos con saliva y siguió haciéndolo dibujando círculos con las yemas de los dedos, besando mis hombros, buscando mi boca, deslizando su lengua hasta mis senos, puso su anatomía sobre la mía, estuve boca arriba viéndolo con las pupilas bien dilatadas, puse su dedo en mi boca y comencé a succionarlo, suave pero con fuerza, lo succionaba como si fuese a extraerle jugo, él descendió y me hizo sexo oral, es un maestro con la lengua, para entonces ya estaba perdida,  flotando en el país del nunca jamás TERMINES DE HACERMELO COMO LO ESTÁS HACIENDO, yo tan lubricada y con los pezones duros no podía parar de gemir y mis gemidos hacían música al son de sus gemidos, mordí muy despacio sus pectorales, acariciaba su abdomen mientras mi mano tenía por prisionero a su henchido miembro, sus gestos de dolor y placer eran divinos y sensuales, entonces, sus ojos me miraron, sus pupilas eran cuchillos cortándome suavemente, me miró tiernamente, esperando la indicación de que ya pudiese entrar en mí y fue así que me penetró.  Su pene es sumamente grueso, no es tan largo pero lo compensa todo con el grosor, tiene muchas venas y es exactamente lo que amo de un pene, es varonil, no solo porque es pene tiene necesariamente que ser varonil, pero el de José Luis era todo un señor pene, un caballero, tenía una pequeña curva que me hizo gritar complacida, suplicando por más, más, sin fin… Más. Su cadera se movía al ritmo de la mía, lo metía con fuerza y lo sacaba lentamente, volvía a hacer lo mismo, yo gemía, perdida, en la ciudad más poblada del planeta, perdida y encontrada  con alguien que forma parte del origen de mi vida, sentí que volví a nacer. Estuvimos haciéndolo por horas, y ambos con una sonrisa de satisfacción tatuada en el rostro, nos delatábamos y confesábamos al mundo lo que acabábamos de hacer, entonces, aún recostados, recobrando el aliento, nos miramos, nos tomamos de la mano, nos dimos un tierno beso en la boca y pudimos conciliar al fin el sueño. Pasamos gran parte del Domingo dormidos, para el Lunes muy temprano y casi sin mencionar palabra, José Luis se despidió de mí, me besó en la boca de nuevo, su lengua húmeda entró en mi boca y acarició mi lengua, mi mano se coló con vida propia en sus pantalones, sabiendo que iba a extrañar con locura todo, absolutamente todo lo que José Luis me había hecho sentir, a los 7, 12, 16 y 25 años de mi vida.

Se fue en un taxi para tomar un autobús que lo iba a poner de vuelta en el camino de su mujer, me miró con tristeza, puse mi mano en la ventanilla, pero no fue suficiente, se marchó dejándome sólo polvo y recuerdos viejos más vivos y jóvenes que nunca.

Para entonces Juan y su traición habían desaparecido de mi mente, la herida había sanado con la savia del cuerpo de José Luis, deleitada y atónita, noté que me dolía imaginar a mi mejor amigo con otra, haciéndole el amor todas las noches, haciendo su vida y llegando al altar con Mariana, creo que lo amo. No se, lo necesito, lo extraño y daría lo que sea por tenerlo una madrugada más junto a mí.

Por eso ahora entiendo que los hombres no pueden ser amigos de las mujeres, nosotras no podemos tener una amistad basada en hermandad y afectos sin matices sexuales con ellos, el hombre siempre querrá dominar a la mujer, en la cama, en la mesa, en la calle, en la oficina, en la sala de estar, frente al televisor, y la mujer siempre ansiará recibir flores, chocolates, besos a media noche, poemas, sexo rudo con sabor a miel ya sea sin compromiso o con la promesa de una eternidad juntos, un amor carnal y pasional siempre estará implícito en cualquier tipo de relación entre ambos géneros, no podemos mirarnos a los ojos sin haber imaginado antes a la otra persona sin ropa sobre la cama.

No podemos ser amigos porque siempre uno de los dos terminará enamorado y generalmente con el corazón roto, en mi caso, creo que estoy enamorada de mi mejor amigo y no debí hacerlo, él nunca me va a corresponder, el tiempo en el que él me amó ya pasó, y fue un amor de adolescente que no sobrevivió el paso del tiempo, él ahora duerme con alguien más y aunque lo hicimos la mitad de un Domingo no significa que me ama; los ángeles te besan pero los demonios te cogen, no es así?

Somos primitivos en demasiados aspectos de nuestra existencia, referente a nuestras necesidades podemos ser básicos o demasiado quisquillosos y complicados, hablando acerca del amor y la amistad, no puedes tener sexo con alguien que te tiene etiquetada en su mente como su hermanita menor a la cual ama proteger. No debemos enamorarnos porque terminaremos con las manos vacías, la boca seca y el corazón cortado en trocitos listo para que las hienas hagan un festín de el.

Guardo la esperanza, sabes, tal vez pronto sonará mi teléfono y escucharé su voz, suspirará y me dirá que quiere venir a visitarme otra vez, ha pasado una semana desde que vino a salvarme de mí misma y se fue, estoy aquí sentada junto al teléfono, recordando a la Fanya que tenía 15 años y tanto lo rechazó, tratando de robarle sus posibilidades y entregárselas a la Fanya de hoy en día que aunque sin ser más sabia o madura por fin abrió los ojos, sabe ciertamente que la vida es un garabato,  el amor es un laberinto, perder las oportunidades de amar es una gran pendejada. Fanya no tiene remedio, quiere enamorarse está enamorada de su mejor amigo, quiere dar la vuelta al mundo en 80 días sin dejar la cama un solo instante ni permitir que la gravedad aniquile su capacidad de soñar (que patética soy, hablo de mí en tercera persona, tan sola me siento?).

Pudo su cuerpo de amante amarme una noche; podrá su corazón de amigo quererme como algo más en su vida? No debí dejarlo entrar, ahora soy yo la que no quiere salir.



Bookmark and Share