CONFESIONES DE UNA EXHIBICIONISTA DESEMPLEADA: EL REGRESO
Posted by Fer Irigoyen on Friday, September 2, 2011 Under: FANYA
Para personas como mi madre y sus amigas soy una escoria que debe ser borrada del planeta,
para los amigos de mi padre soy su fuente de lujuria y la causa de sus erecciones, eyaculan pensando en mí
aún cuando están penetrando a sus esposas o secretarias, se lo meten a ellas pero me dedican su gran hazaña.
Para mi hermana soy una niña inmadura obsesionada con el sexo, para la sociedad en general soy una NiNi de 25 años
pero para mi espejo soy un par de senos firmes, suaves y hermosos, mis pezones son como dos centenarios de oro con centro de diamante, me gusta acariciar suavemente las areolas mientras me miro al espejo y me pregunto... Qué será de mí?... Es curioso que las respuestas vienen seguidas de orgasmos húmedos y tibios, tumbada en el piso de mi departamento, en medio de la ciudad más grande del mundo, vagando desnuda en la inmensidad de mi intimidad me encuentro una vez más en el lugar donde comencé, he regresado a mi vida, he exprimido mi destino y he cogido con demasiados hombres, tantos como para saber que aunque no soy mi sustento, soy todo lo que necesito para sobrevivir.
Estoy acostumbrada a salir por las noches, todas las noches, voy al club que está de moda, todos los días tengo nuevas amigas, todos los días hay algún hombre deseoso por llevarme a su cama, entre sus brazos y hacerme el amor, todos los hombres aunque son un par de bolas con pene te hacen el amor de manera diferente; claro!, algunos no te hacen el amor, hay hombres que te usan como un artefacto de carne para complacerse a sí mismos, mas no me molesta, yo también los uso, me gusta morder sus tetillas, dios mio!, amo los pezones de los hombres, es algo que me humedece, los pezones en los hombres son el mas bello error que pudo haberle ocurrido al género masculino, me gusta rozar su abdomen con mi lengua, y aunque tenemos una biblia llamada El Kamasutra, me gusta siempre la posición llamada vulgarmente "De Perrito", me gusta que el hombre sea el hombre, me gusta sentir el peso de su cuerpo,
me gusta sentir la fuerza de sus arremetidas, me gusta ser el toro y que ellos sean el torero, cada estocada es tocar el cielo, toque a toque, cuando hago el amor dejo de ser mujer y me convierto en algo más, en algo que nadie puede contaminar, hay hombres que me hacen sentir el cielo por horas, incansablemente, y hay hombres
que ni si quiera pueden elevarme hasta las nubes sin embargo no nací para matar egos, dejo sus camas con una sonrisa de plenitud en mi rostro, seguro ellos pensarán que fueron el gran macho y que me hicieron sentir como nadie, puede que así sea, cada experiencia es un tesoro que me lleva a otro tesoro, cada hombre es diferente,
y aunque yo sigo siendo la misma, con ellos me transformo en lo que quieren que yo sea; soy como un camaleón y me mimetizo con el color de su piel o con el sabor de su sudor, es el arte del sexo, es el placer más dulce del ocio.
Anoche por ejemplo, estuve con un actor, trabaja en la televisora de Chapultepec; lo conocí en un restaurante en La Condesa, lo reconocí casi de inmediato, y llevaba unos hermosos lentes de sol, pero al verme se los quitó, miraba fijamente desde mis tobillos hasta mi boca, me miró a los ojos y relamió sus labios suavemente, entonces me dí cuenta
que él no era gay, es que tengo el error de dar por hecho de que todos los que trabajan en la televisión son jotos o lesbianas, él acaba de terminar de grabar una telenovela, conserva un cuerpo fuerte, musculoso y un peinado que me fascinó, cuando él se fue al baño, aproveché para bajarme más el escote y dio resultado, extravió sus ojos en mis tetas,
y fingiendo que ya se iba del establecimiento, se acercó a mi mesa y me preguntó la hora, y le dije: ¿A caso tu Rolex no funciona?, reí coqueteandole descaradamente y le dí la hora, le dije que estaba esperando a alguien y me dijo: Ven conmigo y te pago la cuenta!... Ay!, eso era justo lo que necesitaba ya que no llevaba ni un sólo centavo en el bolso y pensé que tendría que tirarme al gerente o a algún mesero para dejarme escapar, entonces, después de 15 segundos de sonidos guturales que le daban a entender mi indecisión, le dije que sí, que me iba con él, que yo ya sabía quien era pero que no me interesaba, quería conocer al verdadero hombre detrás de las cámaras.
Él, todo un caballero, abrió la puerta de su auto y me subí a el, manejó despacio, y me preguntó más de mí, preguntó mi nombre y lo pronuncié casi con acento francés, quería que se le parara el pito y ver si tendría una noche de gozo o de frustración... Fanya, le dije, me llamo Fanya. A él le gustó mi nombre, me acarició la pierna con su mano derecha, y lentamente deslizó sus dedos dentro de mi pantaleta de fino encaje, y comenzó a acariciar mi clítoris, lo hacía al ritmo de un torbellino y yo lo único que pude hacer fue abrir un poco más las piernas y aferrarme a su fuerte brazo, mientras el me llevaba a la locura, sabiendo lo que hacia nos miramos a los ojos, mi respiración estaba tan agitada, y empezaban a escaparse tenues gemidos de mi garganta, no podría contener lo que sentía, era tan delicioso, y sólo eran sus dedos, por cierto, enormes dedos; esa es siempre una buena referencia de lo que podremos encontrar más al sur de la anatomía masculina.
Entonces llegamos a su casa, es un tanto minimalista pero qué diablos, no iba a coger con la casa, iba a hacerlo con él. Descendimos del auto y entramos a la casa, me invitó una copa de vino espumoso, frío, sabroso como Carlos, ese es su nombre.
El me pidió que lo esperara en la sala de estar, pero lo que hice fue husmear por todas partes. Carlos bajó sólo con ropa interior dejándome ver su celestial cuerpo, y recalcando a través de su ropa interior que
estaba completamente listo para mí, en ese mismo instante me quité la blusa, bajé delicadamente mi falda y me despojé de mi brasier, él se acercó a mí y comenzó a besarme, metiendo lengua como abeja en un tarro de miel,
besaba con tanta pasión, caí rendida a él con su beso, entonces me abrazó y me estrujó contra él fuertemente, casi asfixiándome yo ya gemía de placer, y el gozaba mientras yo expresaba abiertamente cómo me hacía sentir, entonces él se sentó en el mueble y me haló con violencia, me pidió que le hiciera sexo oral, y si en algo tengo maestría es en matar a los hombres con mi boca en su miembro.

Carlos tenía un pene enorme, tenía casi el tamaño de mi antebrazo, y con trabajo pude introducir en mi boca unos pocos centímetros de su monstruo, pero entonces mi lengua lo masajeaba mientras yo lo miraba a sus ojos, lo veía perderse extasiado, y con su corazón latiendo a mil, me pidió que lo montara, y eso hice, con apetito voraz me senté sobre su pene y de poco a poco entró completamente en mí, y comenzamos a mecernos al unísono, mientras yo movía mis caderas de cierta manera que lo dejaron aullando de satisfacción, movimientos que aprendí yendo a clases de belly dance; ahorcaba su monstruoso pito con mi vientre y de manera enfermiza chupaba mis tetas, dejando su saliva por toda mi piel, abrazado a mí, fuimos uno hasta que me pidió lo que me pidió...
Ni siquiera deseo recordarlo, pero tengo que sacarlo de mi sistema. Estando tan entrados y deseosos en el pleno clímax de esa noche que no quería que terminara, me pidió que le hiciera un fisting y eso mató mi libido.
De nuevo le pregunté y me pidió suplicando que para poder eyacular necesitaba que le introdujera mi puño y dí un grito de niña asustada en película de terror, y me negué a hacerlo, de repente se molestó, y me ordenó que abandonara su casa, y seguía gritando, diciéndome que cómo es que yo pensaba que él estaba en donde estaba sin tener que hacer sacrificios y al momento no entendí, hasta que comprendí sus palabras.
Me dijo: Algunos se tienen que drogar para encajar en algún grupo, algunos tienen que beber para parecer agradables y algunos se tienen que acostar con los productores para obtener personajes mediocres en telenovelas
aún más mediocres, pero que cierto ejecutivo lo había transformado en alguien diferente para siempre, que le abrió un mundo diferente de la sexualidad donde el único límite es Saturno, que lo convirtió en un adicto a practicas sexuales que aún están sepultadas bajó tabúes, y yo ya casi terminada de vestirme le dije que lo entendía, pero que no podía hacerlo pues es algo que el hombre debería hacerle a la mujer y no al revés, entonces me preguntó si quería experimentar, y la verdad yo aún estaba deseosa pero ya estaba frickeada, no me imaginaba a ese semental siendo un alfiletero de puños de ejecutivos pervertidos.
Le agradecí sus atenciones y me marché, salí de su casa sin zapatos, llevaba los tacones en mi bolso, y caminé hasta afuera de esa privada y esperaba un taxi, en completo estado de shock, sintiéndome como una principiante,
cuando yo me sentía toda una experta en sexo llegó éste hombre, éste actor que está enamorado del drama de su vida y estuvo a punto de sumergirme en un mundo que, aunque me da curiosidad conocer, de ninguna manera lo haré,
a veces soy más machista que un macho mexicano; Dios me dio una vagina para usarla como Él manda.
Volví de nuevo a mi departamento parcialmente amueblado, y en el silencio y la noche, terminé lo que Carlos no terminó, y me fumé dos cigarrillos en memoria de nuestro encuentro que terminó prematuramente.
Aún tenía el sabor de su pene en mi paladar, aún sentía su cuerpo adentro del mío, sentía punzadas calientes, sentía su aliento perforando mis poros, sentía la música de su vientre dentro del mío, sentía al hombre y yo me dí completa, sin reparos pero con una sola condición: Si tienes una pistola, úsala, mátame con ella, odio las balas de salva, acribíllame que quiero morir e irme al cielo una vez más.
Soy una vagabunda, lo sé, todas las noches cuando recorro las calles de la ciudad veo trozos de mí tatuados en las aceras, percibo mi sexo impregnado en tantos hombres, y no puedo quitarme esa llaga de soledad que sigue abierta y a veces sangra, pero los besos lo sanan todo, no importa que no sea un beso con amor, un beso es un beso, es un acto de afecto y lo tomo como tal; dicen que las prostitutas no besan a sus clientes, pero yo no soy una puta ni tampoco regalo amor, simplemente doy lo que me dan, pido lo que doy, vivo absolutamente cada detalle, cada segundo. Siempre supe que los hombres son frutos y bebo su jugo incesantemente, la vida me enseñó a usar mis sentidos siempre a mi favor.
Para la mayoría de las personas soy un plan fallido sin empleo ni rumbo fijo pero para Carlos y el resto de los hombres soy una misión, un objetivo, un premio y a veces la recompensa que se desnuda del universo bajo sus sábanas.
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