CONFESIONES DE UNA EXHIBICIONISTA DESEMPLEADA: EL MODELO Y LA LIEBRE.
Posted by Fer Irigoyen on Tuesday, May 4, 2010 Under: FANYA
Vanidad. La vanidad no es un pecado; es un demonio, la vanidad tiene colmillos y muerde profundamente. Yo soy vanidosa, pero como todas las cosas en el universo; hay niveles, clases y tipos.
Apenas hace tres días estaba de "novia" de un modelo proveniente del país de las pizzas y el spaguetti; y no cualquier modelo sino uno muy famoso, imagen de marcas importantes como Calvin Klein (a veces uso trusas blancas de hombre y me parezco tanto a Kate Moss, soy una mona); él es practicamente perfecto; al menos su cuerpo lo tiene todo, no por nada es una estrellita y en México lo trataban como tal.
Lo conocí en una pasarela que me invitó una amiga; ella no es modelo ni nada pero siempre tiene pases para los mejores eventos, y ahí lo ví, Leandro es su nombre, estaba sentado junto a su booker (un viejo joto, cincuentón y con peluquín) y junto a una tipa que con una gota más de botox en su cara y podría reventarsele cual globo lleno de agua.
El ambiente estaba padrísimo, las luces y la música, las modelos y los outfits que mostraban, algunos muy buenos y otros como para fusilar al diseñador; en casi todo el tiempo en lo que transcurrió el evento no le quité el ojo de encima a Leandro, y es que con ese bronceado, se me antojaba una cucharada de nutella.
Al final de la pasarela, mi amiga me llevo a un antro donde se reúnen todos y todas las personas de la industria de la moda para "celebrar"; había un tipo que repartía condones en la puerta de los baños, supongo que en esas fiestas eso es contumbre y la aplaudo, al menos son orgiasticamente protegidos.
Se me había olvidado que existía Leandro hasta que llegó mi amiga del brazo con el hasta la mesa donde estábamos y me lo presentó.
Gloria: Fanya, te presento a Leandro, modelo italiano internacional, Leandro, te presento a Fanya, no es una belleza de mujer?
Leandro: Es absolutamente una belleza. Modelas?
Fanya: Gracias, pero nó, no modelo, en sí la vida es todo un show de pasarela y poses y pretenciones, para qué modelar?
Leandro: Al menos te pagan por hacerlo profesionalmente jajaja!
Fanya: Ja!!! Mucho gusto, tengo que irme, me llegó una llamada de mi tía la que no tiene teléfono. Ciao.
Odio la arrogancia de los hombres; en las mujeres es un instinto de supervivencia, pero en los hombres es como sacar el pastel del horno antes de tiempo y presumir que eres el mejor chef. Leandro me abordó en mi pequeña huída y me preguntó que si estaba molesta o que si algo de él me había molestado. Lo miré fijamente y de arriba hacia abajo y pude entonces quizá entender que tenía que darle una oportunidad al modelito; es decir, es un italiano y de manera predeterminada todos los italianos saben rico, pero nada como que yo le pusiese un poco de mi picante mexicano.
Como sea, con su par de manos enormes me tomo por los brazos y casi me cargó y me sacó del antro; me dijo que estaba aturdido de la mala música que estaban poniendo y yo le dije que estaba aturdida de ver como la gente en ese lugar es más falsa que mi inocencia.
Le saqué una risa sin intención y me llevó en su carrazo a comer tacos; casi pensé que era broma pero el me suplicó que si podíamos comerlos porque no había podido hacerlo y era de las cosas que tenía anotadas en su lista de: COSAS IMPOSIBLES DE DEJAR DE HACER EN MEXICO.
Me comí dos tacos; ok, ok, me comí siete tacos, ésta belleza tiene que ser bien alimentada; el se comió diez y pidió otra ración para llevar.
Nos fuimos caminando hasta mi departamento que estaba practicamente cerca, y Leandro tenía muy buen tema de conversación, me estaba haciendo emocionarme, no era el típico modelo sátiro y con una burbuja en lugar de cerebro; ya habiendo bajado la comida y masticado una docena de chicles sabor menta estaba preparada para todo; Leandro no daba señas de ser gay y yo tenia la necesidad de poner mi sello por todo su cuerpo.
Estando platicando en la puerta de mi edificio, se acercó para mostrarme uno de sus lunares en su cuello (que están hermosos) pero yo pensé que me quería besar, entoncés me arrojé encima de él y lo besé con desenfreno; el me correspondió de la manera más francesa posible pese a su nacionalidad italiana. Sin embargo me hizo volver en compostura y me dijo que tenía que irse al hotel donde lo estaban hospedando pero que quería volver a verme. En ese momento no supe si me estaba jugando una mala broma o poniendome a prueba, pensé que subiríamos a mi departamento, entonces me regaló una sonrisa como de portada de revista y se fué.
Subí a mi habitación y no podía dejar de pensar en él. Me había cautivado completamente.
Lo volví a ver al medio día siguiente, fué a buscarme para acompañarlo a la filmación de un comercial, pude verlo en acción, es muy profesional, sabe lo que hace, y lo hace de manera elegante aunque todo parece hacerlo como en cámara lenta y ventilación propia.
Me invitó a comer y bromeé con él preguntandole que si me quería hacer engordar? Reímos y fuimos a un restaurante bonito en la Condesa; despues lo llevé en su auto a ver varios lugares que no debía perderse en la ciudad de México y nos agarró la noche justo cuando me estaba dejando en mi edificio; entonces yo con ganas y el muy lento, lo invité a pasar, miró su reloj, se miró en el espejo retrovisor, se acomodó su cabello y entonces se bajó del auto y entramos al edificio; lo abracé en el elevador, puse mis manos en sus nalgas y lo abracé fuerte, acerqué mi cuerpo al suyo y nos besamos, el elevador conspiró a mi favor ya que resonaba una hermosa melodía de piano y saxofón.

Y todo ocurrió muy rápido, desvestirnos, lo empujé a la cama, y me eché sobre su cuerpo, delicioso cuerpo, manjar; qué manjar me disponía a disfrutar; cuando me preguntó que si tenía velas, preferentemente rojas, e incienso de canela, o mirra y esencia de flores; entonces le respondí que si mi departamento parecía ser una tienda esotérica o la casita de Hansel y Gretel en medio del bosque? Y recordé que tenía en la alacena unas velas que usé una noche de apagón (me habían cortado la luz por exceso de pago pero mi patrocinador lo resolvió a la mañana siguiente).
Encendí las velas y rocié una fragancia arómatica de lavanda, y apagué la luz artificial, y guauuu, que hermosa se veía mi habitación, y holía fantásticamente, me monté sobre Leandro y le pregunté mordiendole su oreja suavemente: "Cuántas veces has hecho ésto que sabes qué pedir? No puedo esperar a saber qué se siente tenerte dentro de mí" Y me respondió con un beso, dos, tres; blancos, azules, rojos, amarillos, negros. Me besó mucho, pero aún no mostraba intenciones de meter su auto en mi cochera, y en mi negocio no permito que se estacionen afuera.
Saqué su miembro y comencé a acariciarlo; el me abrazó y me manipuló de tal forma que me recostó y acomodó boca abajo, y acariciaba mi cadera, mi espalda y me nalgueaba; la luz de las velas reflejaba nuestras sombras muy bien dibujadas en la pared; me penetró sin avisarme y comenzó a hacer ruidos muy extraños, y pujaba, gemía y me daba estocadas muy rápidamente, me sacudía, y yo traté de seguirle el ritmo; cuando dijo: "Mira que rico se ve mi cuerpo, mira como se ven mis biceps en la pared, mira, la sombra no miente, mira mis piernas, que bien me veo, que cuerpo. oh Dios, hasta mis abdominales se dibujan perfectamente".
Seguía penetrándome pero sin caer en la cuenta si quiera que yo estaba ahí en la cama con él; yo sí me percaté que existe otra manera para los hombres de masturbarse y es la vanidad reflejada en la pared. Leandro comenzó a decir cosas en italiano, era tal su extasís que se olvidó que tarde o temprano tenía que irse sin haberse venido o visceversa; y seguía fanfarroneando y presumiendo su cuerpo; yo saqué del buró mi reloj alarma y le programé la hora pues tenía que levantarme temprano a las 8 a.m. pues para mí eso es madrugada.
El italianito decía: Mira que bonitas se ven mis nalgas, que buena luz de las velas, que buena escenografía.....
Queeeeé? Pero cariño, se supone que era una cogida de dos, no de uno; ésto no es una sesión fotográfica y tampoco es una corrida de toros donde sólo se cogen al torero y yo como toro me quedo arañando el suelo y bramando...
Leandro se vino y aún no se había ido, se acostó viendo al techo y suspiraba; y yo me sentía como si me hibiesen desinflado todita.
Se sentó súbitamente cómo si hubiese recordado algo que tenía olvidado por años pero no era nada por el estilo, comenzó a hacerme un interrogatorio o cuestionario larguisimo acerca de su actuación nocturna, llámese su masturbación vanidosa o léase tambien como el ego en la pared; y quería destruirle la voluntad, el ego, el orgullo, el amor propio y la vanidad, pero en el fondo de sus ojos abiertos grandemente como niño que está entrando a Disneyland ví su alma, y su vanidad no es más que un escudo, su ego no es mas que la mentira que los demás le han construido al rededor de su existencia para hacerle más fácil la vida ya que su caso es peor que el de un litro de leche frescam Leandro caducará más rápido que ese litro de leche; y no me atreví a decirle que era pésimo en la cama y no porque tuviese el pene chico o porque no supiese usarlo, sino porque se olvidó totalmente de mí, y se salió de ritmo y se obsesionó consigo mismo, con su pene reflejado como bate de baseball y con su cuerpo labrado como figurilla del David; ahora sé que fué lo que Narciso vió reflejado en el lago y se enamoró de ello.
En el justo momento que gritó de felicidad por su gran noche, comencé a alabarle el "gran" orgasmo que me había hecho sentir, y que era un digno italiano, que representaba bien a los sementales de su país, le dije que era perfecto y hermoso, que su miembro se parecía al titanic, casi suelto la carcajada, pero me enternecía ver cómo se iba inflando de orgullo y vanidad..
Qué vanidoso es, y que imbécil. Me dijo que yo era muy rápida en todo y que eso no era bueno, que me hacía ver como una mujer fácil y sin clase, y que en la cama me perdía y no sabía que hacer, que sólo porque el es un experto se pudo salvar la noche, me dijo que el hubiese querido dejar pasar más días para despues intimar. Se levantó de la cama, se vistió; tardó 45 minutos mirandose al espejo, peinandose y volviendose a peinar y quitando las pelusas invisibles que mi piso sucio haya dejado encima de sus ropas de Armani y Gucci. Se fué y ni siquiera me dió las gracias.
Ése estúpido modelo italiano me había dejado con la boca abierta y no precisamente por algo bueno o porque le pedía más, sino porque me reiteró lo que pensaba de los modelos. Son unos pendejos. La vanidad es su demonio, un demonio bulímico, que se alimenta de mentiras, se alimenta de hipocrecía, aunque no culpo a la gente que le miente y que trabaja con él, a mí me enterneció y no me pude simplemente decirle que ni a decepción llegaba.
Yo soy vanidosa como para vestirme bien, mantenerme en forma, bañarme todos los días y saber que valgo lo que cuesto y que pocos pueden pagarlo, pero cuando estoy haciendo cosas tan sagradas como el sexo, mi cuerpo es mi vehículo hacia el placer, haciendo que mi amante disfrute del viaje y juntos lleguemos al destino con sonrisa en boca y explosión en el vientre; ése italiano es más lento que un reloj sin pila, apuesto que los orgasmos de pareja se le escapan de las manos como agua.
Al final sé que lo que me dijo tiene un poco de verdad, aunque todo lo hago con clase; hasta para orinar se necesita clase; y sí soy rápida y mi actitud no lo oculta, pero para qué ser lenta en un mundo que se gira a 1,669.79225 km/h y en una ciudad tan grande donde tienes que llegar rápido para ganar tu lugar, en una ciudad donde tienes que salir con horas de anticipación para no llegar impuntual a tus citas? Para qué andarme por las ramas en una ciudad donde tengo que correr a toda prisa en el asfalto? La gente vive a prisa, yo vivo rápido, pero lo hago bien.
Ésta vez la liebre le ganó a la tortuga; cuidado Ana Gabriela Guevara que hasta a tí te puedo quitar la corona.
Voy a darte un consejo: Si andas con un modelo guarda todos los espejos, velas y lip glosses que puedas tener en casa o en tu bolso, es algo que me agradecerás toda la vida. Los modelos pertenecen a otra dimensión y las personas normales como yo tenemos la ciudad para seguir descifrando la vida. Yo soy real y tú?
Escrito por Fer Irigoyen.
Una confesión semanal de Fanya, la exhibicionista desempleada.
(c)2010
Apenas hace tres días estaba de "novia" de un modelo proveniente del país de las pizzas y el spaguetti; y no cualquier modelo sino uno muy famoso, imagen de marcas importantes como Calvin Klein (a veces uso trusas blancas de hombre y me parezco tanto a Kate Moss, soy una mona); él es practicamente perfecto; al menos su cuerpo lo tiene todo, no por nada es una estrellita y en México lo trataban como tal.
Lo conocí en una pasarela que me invitó una amiga; ella no es modelo ni nada pero siempre tiene pases para los mejores eventos, y ahí lo ví, Leandro es su nombre, estaba sentado junto a su booker (un viejo joto, cincuentón y con peluquín) y junto a una tipa que con una gota más de botox en su cara y podría reventarsele cual globo lleno de agua.
El ambiente estaba padrísimo, las luces y la música, las modelos y los outfits que mostraban, algunos muy buenos y otros como para fusilar al diseñador; en casi todo el tiempo en lo que transcurrió el evento no le quité el ojo de encima a Leandro, y es que con ese bronceado, se me antojaba una cucharada de nutella.
Al final de la pasarela, mi amiga me llevo a un antro donde se reúnen todos y todas las personas de la industria de la moda para "celebrar"; había un tipo que repartía condones en la puerta de los baños, supongo que en esas fiestas eso es contumbre y la aplaudo, al menos son orgiasticamente protegidos.
Se me había olvidado que existía Leandro hasta que llegó mi amiga del brazo con el hasta la mesa donde estábamos y me lo presentó.
Gloria: Fanya, te presento a Leandro, modelo italiano internacional, Leandro, te presento a Fanya, no es una belleza de mujer?
Leandro: Es absolutamente una belleza. Modelas?
Fanya: Gracias, pero nó, no modelo, en sí la vida es todo un show de pasarela y poses y pretenciones, para qué modelar?
Leandro: Al menos te pagan por hacerlo profesionalmente jajaja!
Fanya: Ja!!! Mucho gusto, tengo que irme, me llegó una llamada de mi tía la que no tiene teléfono. Ciao.
Odio la arrogancia de los hombres; en las mujeres es un instinto de supervivencia, pero en los hombres es como sacar el pastel del horno antes de tiempo y presumir que eres el mejor chef. Leandro me abordó en mi pequeña huída y me preguntó que si estaba molesta o que si algo de él me había molestado. Lo miré fijamente y de arriba hacia abajo y pude entonces quizá entender que tenía que darle una oportunidad al modelito; es decir, es un italiano y de manera predeterminada todos los italianos saben rico, pero nada como que yo le pusiese un poco de mi picante mexicano.
Como sea, con su par de manos enormes me tomo por los brazos y casi me cargó y me sacó del antro; me dijo que estaba aturdido de la mala música que estaban poniendo y yo le dije que estaba aturdida de ver como la gente en ese lugar es más falsa que mi inocencia.
Le saqué una risa sin intención y me llevó en su carrazo a comer tacos; casi pensé que era broma pero el me suplicó que si podíamos comerlos porque no había podido hacerlo y era de las cosas que tenía anotadas en su lista de: COSAS IMPOSIBLES DE DEJAR DE HACER EN MEXICO.
Me comí dos tacos; ok, ok, me comí siete tacos, ésta belleza tiene que ser bien alimentada; el se comió diez y pidió otra ración para llevar.
Nos fuimos caminando hasta mi departamento que estaba practicamente cerca, y Leandro tenía muy buen tema de conversación, me estaba haciendo emocionarme, no era el típico modelo sátiro y con una burbuja en lugar de cerebro; ya habiendo bajado la comida y masticado una docena de chicles sabor menta estaba preparada para todo; Leandro no daba señas de ser gay y yo tenia la necesidad de poner mi sello por todo su cuerpo.
Estando platicando en la puerta de mi edificio, se acercó para mostrarme uno de sus lunares en su cuello (que están hermosos) pero yo pensé que me quería besar, entoncés me arrojé encima de él y lo besé con desenfreno; el me correspondió de la manera más francesa posible pese a su nacionalidad italiana. Sin embargo me hizo volver en compostura y me dijo que tenía que irse al hotel donde lo estaban hospedando pero que quería volver a verme. En ese momento no supe si me estaba jugando una mala broma o poniendome a prueba, pensé que subiríamos a mi departamento, entonces me regaló una sonrisa como de portada de revista y se fué.
Subí a mi habitación y no podía dejar de pensar en él. Me había cautivado completamente.
Lo volví a ver al medio día siguiente, fué a buscarme para acompañarlo a la filmación de un comercial, pude verlo en acción, es muy profesional, sabe lo que hace, y lo hace de manera elegante aunque todo parece hacerlo como en cámara lenta y ventilación propia.
Me invitó a comer y bromeé con él preguntandole que si me quería hacer engordar? Reímos y fuimos a un restaurante bonito en la Condesa; despues lo llevé en su auto a ver varios lugares que no debía perderse en la ciudad de México y nos agarró la noche justo cuando me estaba dejando en mi edificio; entonces yo con ganas y el muy lento, lo invité a pasar, miró su reloj, se miró en el espejo retrovisor, se acomodó su cabello y entonces se bajó del auto y entramos al edificio; lo abracé en el elevador, puse mis manos en sus nalgas y lo abracé fuerte, acerqué mi cuerpo al suyo y nos besamos, el elevador conspiró a mi favor ya que resonaba una hermosa melodía de piano y saxofón.

Encendí las velas y rocié una fragancia arómatica de lavanda, y apagué la luz artificial, y guauuu, que hermosa se veía mi habitación, y holía fantásticamente, me monté sobre Leandro y le pregunté mordiendole su oreja suavemente: "Cuántas veces has hecho ésto que sabes qué pedir? No puedo esperar a saber qué se siente tenerte dentro de mí" Y me respondió con un beso, dos, tres; blancos, azules, rojos, amarillos, negros. Me besó mucho, pero aún no mostraba intenciones de meter su auto en mi cochera, y en mi negocio no permito que se estacionen afuera.
Saqué su miembro y comencé a acariciarlo; el me abrazó y me manipuló de tal forma que me recostó y acomodó boca abajo, y acariciaba mi cadera, mi espalda y me nalgueaba; la luz de las velas reflejaba nuestras sombras muy bien dibujadas en la pared; me penetró sin avisarme y comenzó a hacer ruidos muy extraños, y pujaba, gemía y me daba estocadas muy rápidamente, me sacudía, y yo traté de seguirle el ritmo; cuando dijo: "Mira que rico se ve mi cuerpo, mira como se ven mis biceps en la pared, mira, la sombra no miente, mira mis piernas, que bien me veo, que cuerpo. oh Dios, hasta mis abdominales se dibujan perfectamente".
Seguía penetrándome pero sin caer en la cuenta si quiera que yo estaba ahí en la cama con él; yo sí me percaté que existe otra manera para los hombres de masturbarse y es la vanidad reflejada en la pared. Leandro comenzó a decir cosas en italiano, era tal su extasís que se olvidó que tarde o temprano tenía que irse sin haberse venido o visceversa; y seguía fanfarroneando y presumiendo su cuerpo; yo saqué del buró mi reloj alarma y le programé la hora pues tenía que levantarme temprano a las 8 a.m. pues para mí eso es madrugada.
El italianito decía: Mira que bonitas se ven mis nalgas, que buena luz de las velas, que buena escenografía.....
Queeeeé? Pero cariño, se supone que era una cogida de dos, no de uno; ésto no es una sesión fotográfica y tampoco es una corrida de toros donde sólo se cogen al torero y yo como toro me quedo arañando el suelo y bramando...
Leandro se vino y aún no se había ido, se acostó viendo al techo y suspiraba; y yo me sentía como si me hibiesen desinflado todita.
Se sentó súbitamente cómo si hubiese recordado algo que tenía olvidado por años pero no era nada por el estilo, comenzó a hacerme un interrogatorio o cuestionario larguisimo acerca de su actuación nocturna, llámese su masturbación vanidosa o léase tambien como el ego en la pared; y quería destruirle la voluntad, el ego, el orgullo, el amor propio y la vanidad, pero en el fondo de sus ojos abiertos grandemente como niño que está entrando a Disneyland ví su alma, y su vanidad no es más que un escudo, su ego no es mas que la mentira que los demás le han construido al rededor de su existencia para hacerle más fácil la vida ya que su caso es peor que el de un litro de leche frescam Leandro caducará más rápido que ese litro de leche; y no me atreví a decirle que era pésimo en la cama y no porque tuviese el pene chico o porque no supiese usarlo, sino porque se olvidó totalmente de mí, y se salió de ritmo y se obsesionó consigo mismo, con su pene reflejado como bate de baseball y con su cuerpo labrado como figurilla del David; ahora sé que fué lo que Narciso vió reflejado en el lago y se enamoró de ello.
En el justo momento que gritó de felicidad por su gran noche, comencé a alabarle el "gran" orgasmo que me había hecho sentir, y que era un digno italiano, que representaba bien a los sementales de su país, le dije que era perfecto y hermoso, que su miembro se parecía al titanic, casi suelto la carcajada, pero me enternecía ver cómo se iba inflando de orgullo y vanidad..
Qué vanidoso es, y que imbécil. Me dijo que yo era muy rápida en todo y que eso no era bueno, que me hacía ver como una mujer fácil y sin clase, y que en la cama me perdía y no sabía que hacer, que sólo porque el es un experto se pudo salvar la noche, me dijo que el hubiese querido dejar pasar más días para despues intimar. Se levantó de la cama, se vistió; tardó 45 minutos mirandose al espejo, peinandose y volviendose a peinar y quitando las pelusas invisibles que mi piso sucio haya dejado encima de sus ropas de Armani y Gucci. Se fué y ni siquiera me dió las gracias.
Ése estúpido modelo italiano me había dejado con la boca abierta y no precisamente por algo bueno o porque le pedía más, sino porque me reiteró lo que pensaba de los modelos. Son unos pendejos. La vanidad es su demonio, un demonio bulímico, que se alimenta de mentiras, se alimenta de hipocrecía, aunque no culpo a la gente que le miente y que trabaja con él, a mí me enterneció y no me pude simplemente decirle que ni a decepción llegaba.
Yo soy vanidosa como para vestirme bien, mantenerme en forma, bañarme todos los días y saber que valgo lo que cuesto y que pocos pueden pagarlo, pero cuando estoy haciendo cosas tan sagradas como el sexo, mi cuerpo es mi vehículo hacia el placer, haciendo que mi amante disfrute del viaje y juntos lleguemos al destino con sonrisa en boca y explosión en el vientre; ése italiano es más lento que un reloj sin pila, apuesto que los orgasmos de pareja se le escapan de las manos como agua.
Al final sé que lo que me dijo tiene un poco de verdad, aunque todo lo hago con clase; hasta para orinar se necesita clase; y sí soy rápida y mi actitud no lo oculta, pero para qué ser lenta en un mundo que se gira a 1,669.79225 km/h y en una ciudad tan grande donde tienes que llegar rápido para ganar tu lugar, en una ciudad donde tienes que salir con horas de anticipación para no llegar impuntual a tus citas? Para qué andarme por las ramas en una ciudad donde tengo que correr a toda prisa en el asfalto? La gente vive a prisa, yo vivo rápido, pero lo hago bien.
Ésta vez la liebre le ganó a la tortuga; cuidado Ana Gabriela Guevara que hasta a tí te puedo quitar la corona.
Voy a darte un consejo: Si andas con un modelo guarda todos los espejos, velas y lip glosses que puedas tener en casa o en tu bolso, es algo que me agradecerás toda la vida. Los modelos pertenecen a otra dimensión y las personas normales como yo tenemos la ciudad para seguir descifrando la vida. Yo soy real y tú?
Escrito por Fer Irigoyen.
Una confesión semanal de Fanya, la exhibicionista desempleada.
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In : FANYA
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