CONFESIONES DE UNA EXHIBICIONISTA DESEMPLEADA: EL IDIOMA DE LAS PAREDES "VERSOS DE UNA MADRUGADA DE OTOÑO"
EL IDIOMA DE LAS PAREDES: VERSOS DE UNA MADRUGADA DE OTOÑO.
¿Qué dirían tus paredes si pudieran hablar? ¿Qué les dirías a ellas si tuvieras que justificar tus actos?
¿Qué pensarían las paredes de ti si pudieran sopesar? ¿Qué harías por ellas ahora para agradecerles el resguardo de tu intimidad?
¿Qué canción nos dedicarían? ¿Nos darían la espalda o nos colmarían con halagos?
¿Somos el reflejo de nuestras paredes?... ¿Qué somos para las paredes de nuestra habitación?
Somos el idioma de nuestras paredes, el lenguaje oculto entre los surcos, las manchas que pulsantes prevalecen en las esquinas, la pintura que suaviza las imperfecciones, somos lo que callan, somos lo que observan, somos lo que sufren y lo que disfrutan, somos los cuadros y fotografías que colgamos en ellas, somos los recuerdos que se quedarán grabados capa tras capa de papel tapiz. Nadie podrá negar que no estuvimos allí alguna vez, las paredes son nuestros más leales testigos, el refugio y la prisión de todo aquello que arrastramos en nuestras consciencias.
Mis paredes son el verdadero significado de la palabra amistad, compañeras de culpa, dicha y desengaño.
Julián se ha convertido en la pared donde penden mis esperanzas, es el cielo para mis ojos, mi boca, mis manos, mi piel y mi aliento; si alguna vez el cielo ha de tener rostro, ese rostro es el de Julián, mi Sevillano amado, mi lujurioso pedazo de paraíso, cuando el sol florece por ahí en ese cielo salpicado de nubes negras y la luz se cuela por las rendijas de la ventana, él abre sus ojos y se levanta de la cama, estira su delicioso cuerpo y nos prepara un café. Regresa a la cama para darme un dulce beso, bebe un sorbo de café y abre las cortinas para permitirle a la luz llenar la habitación entera, la ciudad ya está a las nueve de la mañana en todo su esplendor, estruendosa, brillante y llena de vida; Julián observa a la gente ir y venir, se pregunta de dónde vienen y hacia dónde irán los automóviles, parece un niño enternecedor invadido por la curiosidad, escudriñando los movimientos de los transeúntes, con sólo ropa interior y nada más, su exquisita anatomía es iluminada y la sombra de su silueta posa sobre mí que lo contemplo perpleja, lo ingiero con la mirada como una abeja el polen de las flores, sonrío sin darme cuenta, heme ahí, entre cuatro paredes, en compañía de un Sevillano, en el onceavo piso de un edificio de la Roma sobre la gran ciudad, sin sueño pero soñando, amando y siendo amada, voy hilando el firmamento por todo mi cuerpo, cazo estrellas de día, meriendo lunas, palpo el sol en cada beso.
Somos una pareja nómada postmodernista, desobediente de cualquier regla mundana, pies errantes pero almas que se quedan, somos enemigos del reloj, somos amantes de lo ajeno, él hurta mi corazón, yo succiono su aliento. Para cuando cae la tarde nos hemos entrenzado ya con un fuerte, tibio y aterciopelado abrazo, su acento derrite mis rodillas y mis manos acarician su nuca. Hacemos de la música siempre otra cómplice que inventa colores entre las paredes y vuelve a nuestros oídos para hacernos felices; él ama la música en idiomas complicados, yo amo cómo interpreta la melodía con los movimientos de su cuerpo, él es simplemente un ser apasionado, no tiene más adjetivos calificativos que la pasión misma rebosante por cada centímetro de su ser, comparte conmigo todo lo que le emociona, sus fantasías y los planes arquitectónicamente diseñados en su fértil imaginación, me hace parte de la casa que quiere construir a la orilla del mar, me invita a dormir una siesta y entre sus brazos a veces siento que muero, un poquito, muero de repente, me siento terriblemente dichosa y en paz, veo en sus ojos mi vida entera como si fuera una película que dura un minuto, él aprieta fuertemente mis manos, respira suavemente en mi cuello y entonces se entrega a los brazos de Morfeo.
Cuando anochece, Julián sale a comprar pan y leche ya que últimamente tengo antojo de cosas dulces, no se si es porque el clima se ha puesto un poco frío o porque todo me sabe dulce desde que Julián está conmigo y quiero más, todo lo que se es que quiero mas.
No he vuelto a ver el calendario, puede que nos hayamos devorado días, semanas o meses sin salir de la alcoba, pero al asomar mi cabeza por la ventana y miro la ciudad como lo hace él, veo las hojas secas por las calles, en un romántico vaivén en las aceras, entonces respiro el Otoño que nos visita y que pronto dirá adiós, palabra que no quiero Julián diga nunca, porque aferrarme a él me lleva al cielo, porque mis paredes y yo lo necesitamos para tener una razón de ser y seguir de pie.
Después de cenar, en ocasiones jugamos ajedrez, o escribe anagramas con mi nombre en la planta de mis pies, besa mis dedos uno a uno, acaricia mis piernas de abajo hacia arriba, quita muy despacio la sábana que cubre mi pecho y mi vientre, sus ojos brillan más que cualquier farol, sus dedos exploran mis montañas tan fervientemente superando a aquellos que han escalado el monte Everest. Sus labios, beso a beso suben desde los talones hasta el cuello, pequeñas hormigas de fuego, venenosas y soberanas van cavando hondo en mí; me toma entre sus brazos y me estruja, me da la vuelta con la facilidad que voltearías la página de un libro, entonces muerde mi hombro, chupo sus dedos, recostada completamente siento su anatomía comprimir mi espíritu, su vehemente miembro se abre camino entre mis nalgas y entra gloriosamente como santo a una iglesia en pleno Pentecostés, cubre mi boca con su mano impidiendo mi grito, lame mis lágrimas, gimo a través de la piel, con cada movimiento de la cadera suya yo me mojo tanto, siento ríos brotar de mis entrañas, él ama ver mi rostro enrojecer de placer y dolor, yo amo sentir la saña de su cuerpo empalarme, la fuerza de sus músculos mimetizándose con mi gozo y con la noche, que a veces pareciera ser eterna, fisgona y excitada, la madrugada permanece flotante veinticuatro horas al día y cada día porta un disfraz diferente para ser un tercero en la cama, para saber lo que se siente ser mortal en el cuerpo de un dios.
A las cuatro de la mañana platicamos como si hubiésemos pasado una vida separados mas hay tanto que decirnos, él recostado boca abajo con las manos sirviendo como almohada, yo apoyo mi cabeza en su espalda, muevo mis dedos sobre su columna vertebral como si fueran las piernas de una modelo pretendiendo que su bella espalda fuese una pasarela, llego hasta aquellos hoyuelos de su espalda baja que tanto me fascinan, tratando de mantenerlo despierto mas el sueño a veces nos vence a ambos y nos dormimos sin darnos cuenta o nos quedamos despiertos desmenuzando los fragmentos restantes de la noche y su voz mantiene viva la luz que nos impide caer en las tinieblas.
“… Fanya, maja, ¿qué dirían las paredes si hablaran?”
“Éstas paredes me conocen mejor que mi propia madre y se que estarían orgullosas de mí, me felicitarían por lo feliz que soy, quizás me dieran consejos o comentarían detalles que paso por alto, me dirían que me amas o que después de tanto sufrimiento he encontrado a alguien que me hace la mujer más feliz del mundo…”
“¿Tanto soy para ti?
“Tonto, ¿qué no me has visto morir por ti? Todos los días rezo por ti y por mí, rezo porque nunca te vayas, rezo para agradecerle a los cielos porque te conocí, rezo para ser el motivo que te haga anclar tu existencia para siempre en ésta ciudad, rezo porque me consideres tu hogar, vivo para calentarte si el frío te asedia, duermo para escaparme en tus sueños y hacerte el amor en ellos, respiro para perfumar el aire que respiras con mi interior, despierto para verte a mi lado, hay veces que tú continúas durmiendo y yo me asiento en el suelo, me apoyo en la pared, siento que me abraza y acaricia mi cabello, allí permanezco un largo rato, contemplándote dormir hasta que te mueves y pareces despertar, entonces me meto bajo las sábanas de nuevo y pongo tu brazo a mi alrededor, la vida vuela cuando estoy contigo, la vida vive desde que tú estás…”
“¿Qué dirías tú si hablaras por mí?”
“Te amo…”
“¿Qué diría yo si hablara por ti?
“Te adoro como el religioso más fiel adora a su dios, te necesito como los peces necesitan el mar, te anhelo con el pecho y más al sur de nuestros instintos, te amo como una mujer debe amar a su hombre, te amo por voluntad propia, temerosa, fastuosa y perturbadoramente.”
“… Te faltó decir que yo, éste iluso extranjero te amo porque ves a través de mí, porque a tu lado la vida pasa en un abrir y cerrar de ojos y no pesa, porque me quiebro cuando me corro y me reconstruyes con un beso, porque juego a ser dios en tu reino, porque soy lo mejor que he sido desde la primera vez que te vi.”
“Te amo tanto Julián, quiero desaparecer en ti, quiero tragarme el universo de un solo bocado.”
“¿Por qué tanta prisa mujer? Dame un beso en el alma…”
“Tengo miedo…”
“Vida, olvida el tiempo, olvida la muerte y todo lo que nos pone en peligro, olvida olvidarme y recuerda que he de estar aquí cuando me necesites, ¿me ves yéndome a algún otro sitio? Yo pertenezco a tu lado, la arena no se muda a la ciudad, permanece junto al mar, las cosas han de ser como tienen que ser.”
El afán de las alas del colibrí invade mi corazón mientras lo beso, me tortura, se ofrece absoluto, inhumando mis más oscuros puntos débiles, zurciendo su cuerpo dentro del mío, huyendo como fugitivo entre mis senos; si fuéramos palabras yo sería arteria y el sería la sangre que galopa como corcel indómito, yo abierta y rendida a la orden de los prodigios que él realiza con su toque divino, con la respiración de su entraña que me inhala, nutriendo insaciablemente el fuego donde tanta humanidad ya ha sido incendiada, soy un páramo de ánimas, él lo exorciza todo con su presencia.
Muy pocas veces nos quedamos callados, el silencio de nuestros cuerpos urde telarañas, mi silencio estalla, su silencio me asusta, me atormenta, ¿y si se da cuenta de que no valgo nada? No es crea que no valgo nada, sin embargo no tengo nada que ofrecerle, excepto el cuerpo, el alma, la cama y mi habitación alquilada, temo que un mal día abrirá sus ojos y me verá sin las gafas de fascinación con las que me mira y me escarba, entonces el azúcar de su saliva se tornará amarga, sus manos se ausentarán de mis caderas, sus ojos seducirán al horizonte e inevitablemente se desvanecerá en él, pero entonces recuerdo que Julián no es un hombre como cualquier otro y evidentemente me hace sentir como la mujer más hermosa y amada de la ciudad entera. Somos un hombre y una mujer ocultos entre cuatro paredes, girando como muñequitos de marfil dentro de una caja de música, al son del amor, del sexo y de los sentidos, apropiándonos de lo que queda de luz, mezclando la noche con vino, en huelga contra la realidad que nos ha de destruir; él arriba y yo siempre con él, en él, ya no se quien es la cama ni quien la cobija; una voz me dice todas las mañanas que él se ha ido, despierto despavorida para comprobarlo pero ahí está, sin ropa pero conmigo, tal vez las paredes murmuran travesuras como Eco la ninfa y juegan con mi cordura, puede que vean el futuro y sólo me advierten, quizá después de todo sí hablan y son esas voces que oímos a veces y las confundimos con fantasmas chocarreros empero son la energía que asperjamos y que impregna los ladrillos; si las paredes han de hablar que le digan al mundo que fui una mujer que amo demasiado, tanto que en la biblia, las mujeres como yo solían ser apedreadas, que digan que no le pongo vestimenta al cuerpo y que todos los días amanezco con el hombre más maravilloso, que soy un lunar en su costado, que soy la insurrección de su pene, porque nada de lo digan podrá ser contradicho, nada de lo que hagamos podrá ser deshecho; dicen que en la guerra y en el amor todo se vale, tras las alcahuetas paredes todos somos artistas, algunos somos acertijos, algunos mentimos, padecemos, actuamos como interrogante aunque somos la respuesta, todos concretamos el destino, todos somos uno, sigilosos, inocentes, todos morimos como inmortales, todos renacemos como si nunca hubiésemos existido.

Pintura por Pinedo (c)
Confesiones de una exhibicionista desempleada by Fer Irigoyen.
In : FANYA
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