Cuantas historias esconderá un baño? Cuántas lágrimas se llorarán entre sus paredes y cuántas personas harán el amor bajo el cobijo de su privacidad?

El baño es definitivamente el lugar más sagrado de una casa, de una oficina, de un hotel e incluso de un prostíbulo, en un baño lavas tus pecados, te deshaces de la suciedad tanto fisiológica como del alma, un baño es como un escenario, eres libre, eres tú o puedes ser alguien más, eres en plenitud algo que no le muestras al mundo ni en estado de ebriedad; un baño, tan simple, tan misterioso; un baño es una iglesia donde nadie es diferente, el rico y el pobre son lo mismo y hacen las mismas cosas, los famosos y los desconocidos se arrepienten de la misma manera por comer picante, a veces rezas y te confiesas; un baño es un amigo que te escucha y no te juzga; en un baño nací, en un baño acabó todo.

Mi relación con Juan el político iba de maravilla, ya sabes, besos a todas horas, flores, chocolates, vestidos carísimos, zapatos de diseñador, comidas finísimas, abrazos en la noche y su infaltable beso en mi frente cada vez que se venía en mis pechos. La cara de los hombres al momento de eyacular dice mucho de su personalidad y acerca de cómo reaccionan ante los momentos más decisivos de la vida; hacen gestos chistosos, ponen sus ojos en blanco, se relamen los labios, penetran tan profundo que casi puedes sentir su pubis en tus entrañas, sientes el latido de su corazón justo en la punta de su pene, taladrándote sin misericordia, algunos insultan, otros declaman poesía u oraciones, hay hombres tan tiernos que incluso lloran, hay hombres agresivos, les gusta denigrarte, golpearte e incluso hacerte sangrar, casi todos te toman entre sus brazos y lo hacen con más fuerza mientras van terminando; la cara de Juan cada vez que eyacula no era muy distinta pero dios mío, era diferente.

En nuestros últimos encuentros sexuales, Juan ocultaba su cara, mordía una sábana o se cubría los ojos con las manos, como si estuviese jugando a las escondidillas, él simplemente no me miraba a los ojos, nunca lo hizo, ya me había acostumbrado al fuego de su glande y al frío de su mirada, la ausencia de sus pupilas deshojándome de mis ropas era tan palpable que en algunas ocasiones yo tenía que verme a un espejo, para mirarme como él debía de hacerlo, ya que me sentía lista, me entregaba, le permitía hacerme suya, gracias a él subí tres kilos en los últimos días, he comido delicioso, no puedo recriminarle nada, me ha dado vida de reina, aunque yo me sienta a veces prostituta, una impostora o un juguete.

Cometí el error de platicarle a mi madre lo que ocurría con mi genial relación, y decidió dejar Veracruz para venir a la gran ciudad. Ella le teme sobremanera a México, tiene la idea de que tras cada árbol hay un asesino en serie sediento de su sangre, teme que el suelo se partirá en dos a causa de un gran terremoto además de que para ella soy algo digno de sólo verlo una vez al año así que me sorprendió mucho que se atreviera a venir a mi departamento, dejando a un lado todos sus miedos y siendo la madre que sin decirlo, tanto necesitaba.

Mi madre aterrizó en la ciudad, fui a recogerla  y llegamos a la casa en el auto de Juan, él me había prestado su auto para cualquier emergencia ya que él usaba una camioneta blindada que le otorga el gobierno;  mi madre no pudo guardarse su opinión acerca de mi departamento, lo criticó todo, es decir, criticó que no tenía nada, mi estilo “disipado” de vida y que iba a morir algún día, sola,  sin tener el honor de heredarle algo a alguien, al mundo, a Dios, que una desempleada de tantos años como yo era simplemente un parásito; amo a mi madre pero lo que más amo de ella es que me despedaza con la voz más tierna y azucarada que te puedas imaginar.

Llevé a mi madre a casa de Juan, él aún estaba trabajando pero yo tenía mis propias llaves, a mi mamá le fascinó el pequeño palacio de mi novio y como si fuera la dueña y señora del imperio, me pidió un té de hierbabuena con dos turrones de azúcar holandesa; cómo diablos iba yo a conseguir los turrones de azúcar holandesa si Juan no lo tenía?... Afortunadamente mi novio tenía un hermoso frasco lleno de esos turrones, y le preparé su té lo más hirviente posible pero comienzo a pensar que la lengua de mi madre es insensible, no sintió nada excepto lo cómodos que estaban los sillones de Juan, lo suave y aterciopelada que estaba la cama y lo encantadoramente diseñada que estaba toda la mansión, miró la foto de Juan que yacía sobre el buró, acarició el marco y suspiró. Mi madre es  una mujer rica venida a menos, creo que tanto lujo le llenó de nostalgia su corazón, porque se encerró en el baño a llorar, se limpió la nariz y después salió.

Eres una estúpida, me dijo; eres una estúpida si alguna vez en tu triste existencia abandonas a éste hombre que te dará lo que nadie más puede darte.

Pero no me mira a los ojos madre!, me esquiva la mirada, se oculta cuando eyacula, soy invisible para sus ojos, le dije. Su gesto me revelaba que ella pensaba que eso era bobadas o sólo un pretexto para autosabotearme, deseo que estuviera en mi lugar y que sintiera lo horrible que se siente ser invisible para el hombre que dice que te ama, te toca, te coge pero no te mira.

El contacto visual lo es casi todo para mí, con los ojos yo cazo, elijo, desnudo, y pelo a los hombres cual plátanos, con los ojos ellos me acarician, me pellizcan los pezones, me besan, me lamen las caderas, masajean mis nalgas y me hacen el amor, pero Juan con sus ojos me sepultaba y no quería ser más un cadáver para él, mientras que con un dejo necrofílico me hacía el amor casi todas las noches.

El baño de Juan es inmenso, hermoso, pulcro como él y me hace sentir que estoy en una nave espacial que siempre me hace sentir placer, el excusado es la cosa más sofisticada que he visto, confieso que amo el chorrito de agua que roza mi clítoris, podría vivir media vida en el baño teniendo orgasmos, haciéndolo con algo parecido a Aquaman, pero cómo podría hacer eso, cuando afuera está él, que aunque no es perfecto, me lo hace mejor que cualquier superhéroe de historieta.



 A las 10 de la noche llegó Juan, le presenté a mi madre, le tomó un poco por sorpresa ver a su suegra, pero se llevaron de maravilla, noté mucha familiaridad entre ellos y me sentí cómoda y aliviada, pues aunque mi madre odia mi departamento, mi vida y lo que soy, al menos algo había aprobado, mi novio; ella me miró y me sonrió dejándome saber que había hecho algo bien, entonces pude aprovechar para ir a ducharme sin preocupaciones, hablé una hora dentro del baño con mi amiga Sofía y amaba el eco de mi voz que producían las paredes del baño, me sentía como en un estadio, y canté canciones que no sabía que me sabía, cuando bajé en bata y sandalias vi a Juan y a mi madre bebiendo whiskey,  hablando de vivencias las cuales no conocía y entonces pregunté qué ocurría…

Conozco a tu madre desde hace muchos años, la conocí cuando fui a Veracruz a dar mi servicio  de la universidad, y ella era asistente del hombre que era mi jefe, no ha cambiado casi nada, sigue igual de bella, ahora entiendo el origen de tu belleza y lo mucho que me tienes enamorado; dijo Juan con una inmensa sonrisa de oreja a oreja.

Sorpresas da la vida, dije, quién me habría dicho que mi madre quien es tu absoluta admiradora, al menos gracias a tu casa, te iba a conocer mucho antes que yo, eso me provoca una sensación extraña, el destino está loco, me siento tan contenta, aunque para mi madre yo sea un plan fallido al menos va a felicitarme de por vida gracias a mi relación contigo.

Mi madre no paraba de beber whiskey en las rocas, Juan me abrazó y me dio una nalgada, se sentó de nuevo en el sillón y siguió charlando con mi madre. No me sentí ignorada, aproveché no tener que preocuparme de la presencia juzgona de mi madre para ver algunas cosas en internet, pero estando tan aburrida me fui a dormir, rato después sentí a Juan recostarse junto a mí, me susurró al oído que me amaba tanto, que había alojado a mi madre en el cuarto de huéspedes y que mañana nos esperaba un día maravilloso.

Yo aún creo en las maravillas, pero a caso un hombre que no me hace sentir magia con la mirada es capaz de crear cosas maravillosas?

Desperté aproximadamente a las 4 de la madrugada, Juan no estaba en la cama y yo tenía mucha sed, bajé a la cocina por un poco de agua y lo vi leyendo el periódico, me acerqué y le noté su enorme erección, me haló fuertemente hacia él, estrujaba con tanta lujuria mis nalgas, recorría con sus manos toda mi espalda y seguía descendiendo, me dijo que estaba tan excitado pero que le daba un poco de pena hacerme el amor estando mi madre en la casa.

Tu cuerpo es una creación prolija de Dios, me dijo;  a veces  siento que no te merezco… Claro que me mereces, tonto; repliqué, pero a veces percibo que no me amas, nunca me miras a los ojos, me esquivas como si yo fuera una flecha que va a hacerte daño.

Juan me besó y subió las escaleras, antes de desaparecer volteó y me guiñó un ojo, entró al baño y yo me quedé abajo abrumada, queriendo gritar de júbilo y rabia, al mismo tiempo, me sentía liberada al decir lo que pienso, pero una vez más no me había mirado, él parece solucionarlo todo con besos, aunque tal vez su guiño y sus besos eran su manera de mirarme y de decirme cuánto me ama.

Cuando me aburrí de estar en la sala, leyendo revistas a altas horas de la madrugada, subí para dormir un poco más, pero escuché ruidos raros en el baño, pensé que algo malo le ocurría a Juan, pensé que le estaba dando un infarto, sus quejidos casi me matan de un susto así que corrí y abrí la puerta velozmente. Mas lo que vi es algo que me da náuseas recordarlo, ahí estaba mi madre, montada en Juan, ambos viéndose a los ojos como grandes amantes de toda la vida, con tanta pasión,  sus miradas se enredaban como ramas en una reja, ella se movía haciéndolo gemir como si fuese un toro salvaje y ella tratando de domarlo, él la había penetrado profundamente,  ambos se percataron de que yo los estaba viendo, estupefacta y con el corazón roto;  Juan lamía los senos de mi madre como si fueran caramelos derretidos y calientes, escurriéndose en su boca y ella arqueaba su espalda y se perdía de placer, yo me senté en el suelo del baño intentando llorar, en un punto dejé de notarlos, todo se desvaneció en blanco, pensé que era una pesadilla.

Fue tal el cinismo, terminaron, se besaron frente a mí y ella salió, semidesnuda, acomodándose la bata, agitada y aún extasiada.

Yo pensé que lo tomarías mejor, dijo Juan; no había vuelto a ver a tu madre y ella fue la primera mujer en mi vida, a ella le di mi virginidad y fuimos amantes mientras hacía mi servicio en tu tierra natal, creo que tú eras sólo una niña, no se, pero ver de nuevo a tu madre revivió muchas cosas en mí que pensé habían muerto ya, tu eres preciosa pero tu madre es uno de los capítulos más importantes de mi vida.

Pues métete el libro de tu retorcida existencia por el culo!, le grité, mientras sentía que mi garganta se desgarraba, las lágrimas comenzaban a fluir como gotas que se cuelan por el techo en plena tormenta.

No seas ridícula Fanya, has tenido sexo con 20 de mis compañeros, acostones casuales, noches de copas que creo ni recuerdas ya, dijo Juan con un tono de desprecio que desconocía en su voz; pensé que eras más liberal, si saco cuentas de tus compañeros sexuales prácticamente podríamos hacer un censo de población, no llores ahora sorprendida porque le hice el amor a tu madre en el baño de mi casa.

Pensé que no te importaba mi pasado, pensé que habías dado por hecho que no era una santa al momento de abordarme, disfrazada de geisha en una fiesta donde fui llevada para trabajar como acompañante, para mamarte el pito y hacerte morir de jodido placer, pensé que tenías dos gramos de cerebro y simplemente podías suponer que en cuestiones de sexo yo soy una maestra y tú pese a tu edad eres sólo un estúpido estudiante, le dije y me salí del baño.

Entré ahogándome en mi propio llanto a la habitación, recogí mis ropas y fui a ver a mi madre a su cuarto, le grité a todo pulmón que mi padre no merecía lo que ella le estaba haciendo, que ella era una rata, le dije que ni la puta más puta le haría a su hija lo que ella me hizo a mí, entonces mi madre muy digna, quiso darme una bofetada pero en su lugar yo se la di. Tal vez me condené por pegarle a mi madre, pero era lo mínimo que merecía, engaño a mi padre no sólo esa noche sino años atrás, si pudo hacerlo con Juan, quizá se ha estado acostando con otros hombres.

Salí devastada de la casa, no miré hacia atrás, llegué a mi departamento y arrojé por la ventana hasta la calle la maleta de mi mamá, me recosté a llorar y así amaneció, sintiéndome como un pedazo de mierda en un bacín público, recordando cómo Juan miraba a mi madre mientras estaban engrapados, miradas las cuales nunca me dio, ella es para él algo que yo nunca seré.

Los baños son testigos, cárceles y alas; el baño es el mejor lugar para morir, el baño es el lugar más sugerente, cuidadosamente diseñado para servir para muchas cosas además para la cual fue creado.

Mi baño es sencillo, limpio y el lavabo está roto; me enamoré sin pensarlo, me entregué sin medirme y me destruí con manos ajenas. Tal vez las personas somos como baños, nos cagan y la cagamos, nos humillan y nos orinan sobre la cabeza, nos limpian con flores, nos adornan con joyas y cuando algo apesta, un poco de perfume disfraza  u oculta lo que está podrido y hiede. Creo que soy mi baño, soy limpia, sencilla y tengo el corazón roto ésta noche, no se si pueda soportar más excremento de la vida, pero al menos el agua fluye y se lleva todo, las decepciones, humillaciones, el orín, y con un poco de suerte quizás el dolor; soy sólo un baño,  no sé a donde voy pero estoy donde debo de estar y estoy haciendo lo que debo hacer.

Tal vez mi empleo es vivir mi vida y limpiar lo que ensucio, sin embargo hay manchas que el cloro no puede quitar, hay momentos que simplemente no se pueden arrojar a las coladeras. Hay baños que nunca revelarán sus historias, tú cuentas la tuya? Deja que los azulejos inicien la charla.




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