BESAME MUCHO

Han pasado ya varios meses, quizá un año y medio; en realidad he perdido la cuenta. Sólo recuerdo haber vuelto como muerta después de mi debacle Sevillana. Tarde casi quince días de salir de la cama, bajé considerablemente de peso y no lo noté hasta que vino a visitarme mi amiga Mónica y me dio esa mirada que le das a los cadáveres cuando están reposando sus últimos momentos en el féretro antes de ser enterrados. Platicamos como si hubieran pasado años sin vernos y los años que viví en sólo unos cuantos meses en compañía de Julián parecían volver para perseguirme pero sin verme, parecían querer cazarme sin encontrarme. No quería vivir pero tampoco quería morir, no quería respirar pero sentía que me ahogaba si no olía la almohada que Julián solía poner bajo su cabeza, me moría si no absorbía con hambre y desenfreno el sudor dulce y perfumado de mi Sevillano que cayó en las sábanas y se secó dejando la esencia y la huella de la presencia de ese hombre que había desaparecido como yo estaba haciéndolo un día a la vez.



Salí un sábado sin ganas de querer hacerlo, sin ganas de volver al departamento que antes solía ser mío y ahora parecía expulsarme, sus paredes me escupían y yo ya no podía resistir más. Tenía ojeras de mapache y mis pómulos eran más pronunciados que los senos de Sabrina Sabrok; es decir, estaba realmente flaca, mis piernas y mis nalgas habían reducido un poco; yo nunca me he preocupado por mi figura ni me roba el sueño engordar o hacer ejercicio para evitarlo ya que el sexo es suficiente ejercicio para mantener mi silueta en forma pero sin sexo y sin ganas de comer y con ausencia de felicidad era un esqueleto con una sombra de necesidad de supervivencia en sus venas, en mis venas sedientas de sangre caliente



Fui a un antro de la colonia Polanco y después un poco entrada la media noche terminé en casa de un ingeniero de audio en la Condesa, ya había bebido todo lo que humanamente podía beberse y sin embargo estaba aún de pie y en mis cinco sentidos. Conocí a varios famosos y estrellas del medio artístico, algunos me miraban como a un bicho raro y otros querían descaradamente llevarme a la cama y aunque moría por sentir el peso del cuerpo de un hombre de verdad, no cedí y mientras la gente iba y venía y la música hacía casi imposible escuchar lo que todos se gritaban al oído, yo me senté en un loveseat de negro terciopelo, con un Martini en mi mano, mirando a todo y a nada al mismo tiempo, ausente de mi cuerpo, carente de nada y añorando un poco mi pasado como si mi ahora me estorbara y aunque me encontraba en una hermosa pequeña mansión muy moderna y elegantemente decorada relacionándome con gente agradable y bonita pero vacía, tan vacía como mi departamento y la ciudad después de Julián.



Eran las tres de la mañana y ya estaba a punto de irme cuando Jaime –el ingeniero de audio– me pidió acompañarlo a la terraza, yo un tanto desganada lo seguí por la vereda haciéndome paso entre la gente que bailaba y lucía tóxicamente feliz hasta que estaba ya afuera, en lo que parecía ser un bello y pequeño jardín, Jaime acariciando la cabeza de su perro doberman junto a un hombre de aspecto misterioso; alto, delgado, con nariz casi aguileña, su cabello ondulado, negro, largos dedos… Largos dedos, vestido de gris y negro, con un chaleco rojo, con barba y bigotes de más de tres días un poco desaliñados. Honestamente pensé que era un artista pseudointelectualoidemente petulante y presumido. Su rostro me era familiar, sé que lo había visto en alguna revista –sé que en la televisión no ya que no tengo televisión en mi departamento–, es guapo, con un cierto roce enigmático en su estructura ósea haciendo de él alguien realmente apetecible aunque mi líbido parecía haberme abandonado también.



–Noel te presento a Fanya; es ésta dulzura de quien te he estado hablando– Dijo Jaime invitando con su mano a Noel quien aventó al césped lo que quedaba de su cigarro y se aproximó a mí con su ego inflando su aura, estiró su mano y yo le di la mía… Acarició la palma de mi mano con su largo dedo índice y me miró fijamente.



–Eres más bella de lo éste rufián me había dicho. Soy Noel…– Interrumpí las palabras de Noel.



–Quisiera quedarme pero tengo mucho sueño; creo que mi apariencia puede revelarles más de lo que yo podría decir con palabrerías. No he estado bien y aunque no es de tu incumbencia, creo que no soy la mejor influencia o compañía ésta noche– Dije dando un paso hacia atrás buscando la puerta de salida.



– ¿Puedo llevarte a tu casa? – Preguntó Noel deteniéndome de mi lenta huida.



–Voy a ser honesta contigo… Acabo de terminar una relación… Bueno… En realidad ya han pasado dos o tres meses, y estoy devastada por dentro y por fuera y se ve que pese a tu apariencia de hombre devorador de mujeres y aunque eres consciente de que eres irresistible, no quiero tener sexo contigo ni con nadie hoy. Hoy salí pensando que iba a ser diferente o que algo me haría sentir diferente… Algunos tipos que están allá adentro en la fiesta ya abiertamente me pidieron ir a la cama y sé que es así la vida nocturna, o sea, yo soy la vida nocturna pero ésta noche tengo sueño, estoy apagada. No existo– Inevitablemente sentí una lágrima caer de mi ojo derecho, Jaime lucía demasiado incómodo, se despidió de Noel y de mí y volvió a su fiesta provocando que Noel se acercara a mí un poco más y aunque el bullicio y el ruido parecían reinar en la casa de Jaime, la voz de Noel hizo que el mundo quedara en silencio por un instante.



–No sé cómo me ves o qué percibes en mí pero parece que ya has hecho tu juicio de mi persona y pocas posibilidades hay para poder cambiar lo que piensas de mí. No me conoces ni te conozco, sólo pedí llevarte a tu casa, sabes que la ciudad es la boca de un lobo lleno de hambre y sólo para aclarar las nubes de tu mente, no quiero tener sexo contigo, al menos no hoy, no así y no ahora, no con tus ojos invadidos de melancolía y tus manos temblando…– Sus palabras me hicieron sentir cómoda, cálida y segura por primera vez en mucho tiempo –en el tiempo en que Julián no ha estado, ni él ni su exquisito y divino cuerpo– y le regalé una débil sonrisa. Noel articula perfectamente las palabras, habla como un artista, luce como un artista, es intelectual, se nota que es un hombre de mundo.



–Disculpa mi rudeza, has de pensar que soy una loca amargada y es que tal vez inconscientemente quiero desquitarme de los hombres… Y sin embargo todo lo que me pasa es mi culpa–



–Si tienes que irte déjame llevarte, doy lo que sea por que me lleves lejos de ésta fiesta repleta de faroles–



–Jajaja, juro que pensé que eso eras… Un alto y brillante farol–



–Caray, ¿eso pensaste de mí?... Creo que tienes razón… Soy un farol jajaja–



–Creo que eres más que eso, mira, me has hecho reír después de muchas noches en las que pensé que iba a morir de dolor–



– ¿Quién fue el idiota que te hizo sentir así? – Su rostro se transformó en el rostro de alguien serio, enojado y tomó mi mano, acariciando con su largo dedo índice la palma de mi mano izquierda.



–La historia es larga, la historia es sólo historia, la historia está hecha de personajes que dejaron de existir y aunque sus huellas prevalecen, en mí, su huella se irá desvaneciendo, sólo el fuego podría borrar de mi piel sus caricias y sus besos. Dios, soy una cursi incorregible…–



– ¿Quién te ha dicho que yo no soy cursi? En las canciones que compongo, en las letras que escribo muchas veces dejo más de mí de lo que debería, soy un tonto vulnerable ante lo que más amo, y eso es la música…– Sus ojos se encendieron con esa pasión que sólo los locos o los genios tienen por el arte que crean.



–No me equivoqué. Pensé que eras un artista y no fallé. Aunque he de confesarte que te imaginé más arrogante de lo que eres…– Sonreí y por dentro no podía darle crédito a ese bienestar que sentía correr por debajo de mi carne.



–Mujer, no soy arrogante. Bien, quizá nadie me lo había dicho así tan de frente–



–Quizá esa apariencia oscura, misteriosa y apetecible que tienes es sólo una armadura que te protege de mujeres como yo… Yo no soy buena…–



–Y yo no soy un santo–



–No quiero que quieras meterte en problemas; eso soy… Problemas, lágrimas, dolores de cabeza, ambas, soy abundancia y no tengo nada que ofrecerte. – Sus ojos parecían desearme más mientras yo seguía diciéndole lo nociva que podría ser si me tocaba.



–Si te toco…–



–Si me tocas, Noel, te voy a quemar–



– ¿Quién te ha dicho que no soy amante del fuego, que no quiero quemarme? –



–Nadie… Ya me tengo que ir–



–Yo te llevo y no acepto un NO por respuesta– Hice un puchero y luego le sonreí asintiendo con mi cabeza, fingiendo resignación. Entramos juntos de nuevo a la casa mientras que todos los presentes lucían un poco ebrios pero felices en sus cuerpos y con sus vidas, bailando, besándose, fumando, bebiendo, platicando o al menos el intento pues el volumen de la música estremecía hasta las paredes y la neblina de los cigarros ya fumados impedía tener una buena vista. Tropecé con los pies de alguien y casi caigo pero Noel me haló de un brazo impidiendo que mi cuerpo cayera hasta el piso. Ya de pie y bien incorporada, acomodé con mis manos mi cabello y le agradecí dándole un beso en su mejilla, el vello de su barba me hizo cosquillas y me hizo soltar una risita entonces él también se rio. Caminamos hasta afuera de la casa y en la acera de enfrente estaba estacionado su auto; no sé de marcas pero era un auto moderno, casi nuevo, plateado con tapicería de cuero negro. Olía a bosque, olía verde… Creo que olía a marihuana sin embargo decidí ignorar mi sentido del olfato y mientras Noel manejaba yo estaba taciturna y con la cabeza apoyada hacia atrás en el respaldo, con la mirada perdida en el parabrisas.



– ¿Y a qué te dedicas mujer? –



–A tratar de no morir– Volvió su rostro hacia mí y me miró con extrañeza mezclada con ternura. –Perdona, creo que soné demasiado dramática. Me refiero a que no tengo oficio ni beneficio. Algunas personas dirían que soy una puta, otras personas dirían que soy una socióloga…Yo simplemente sé que sobrevivo con el ímpetu de una hoja en la acera arrastrada por el viento–



–Caray, que estilo de vida tan delicioso. Se me antoja ser tú– Sonrió y puso su mano en mi pierna. Yo lo miré a los ojos y después bajé la mirada, me moví un poco reacomodándome en el asiento, sugiriéndole que quitara su mano, que me dejara en paz. –Te hizo mucho daño ¿verdad? –



– ¿Perdón? ¿A qué te refieres? – Le pregunté con asombro sin quitarle la vista de encima, después me distrajeron sus manos con sus largos dedos manipulando el volante; me imaginé siendo el volante, siendo acariciada por sus manos y sin darme cuenta suspiré.



–Caray, suspiraste… ¿Te hice suspirar? – Preguntó lanzando una sonrisa cautivante.



–Y decías que no eres arrogante Noel. No, suspiré por sueño, por hambre, por todo. – Sonreí de vuelta, dándome cuenta que Noel no era nada de lo que originalmente había pensando.



– ¿Tienes hambre? –



–Un poco– Contesté con timidez. Cerca de la avenida en la que estábamos a las cuatro de la mañana nos estacionamos junto a un puesto de tacos y sorprendida me quedé de ver la sencillez de Noel quien bajó para pedir dos órdenes de tacos, sonriéndole al taquero y platicando de futbol y otras cosas. Yo me quedé en el auto reflexionando y viendo que Noel no era absolutamente nada de lo que había pensado cuando lo vi ahí en el jardín de la casa de Jaime, fumando, luciendo como un enigma de Da Vinci. No sé por qué pensé que éste hombre era prepotente y pedante. Por un momento olvidé mi pasado con todo lo que ello contenía y jalaba a cuestas. Olvidé mi pasado para estar flotando en el presente. Estaba en el auto de un artista aunque yo no sabía ciertamente quien era en el mundo de la música, él parecía ser el remedio inmediato a mis penas y mi patética existencia. Julián y sus fuertes brazos, su abrasadora sonrisa y su acento Sevillano desaparecían permitiéndome respirar con mayor facilidad. Es que pretextos sobran para aferrarme al recuerdo de mi Sevillano pero solo podría decir que él es el hombre que ha tocado puntos que no sabía que existían en mí; tal vez él los inventó, sus manos me deshojaban como el otoño deshoja los árboles, me dejaba desnuda, pero no sólo de ropas a mi cuerpo, su toque desnudaba mi alma, me hacía sentir que por primera vez estaba en el lugar y en el momento correctos con la persona que Dios hizo para mí. No sólo hacía el amor con él… Creábamos amor. Todo él era amor y yo me sentía como un ser hecho de amor. Julián me curó del dolor que dejó Ricardo el poeta, Julián me curó de las tristezas que ya habían hecho mella en mí, Julián me exorcizó y todos los fantasmas de aquellos viejos amantes habían desaparecido de mi cama, de mi cuerpo y de mi mente. Mi Sevillano me hacía sentir viva, quería vivir con él hasta que mi rubio cabello se hubiese convertido en canas y mi tersa piel se volviera un pergamino de arrugas. Me sentía tan ufana, me asomaba por el balón de mi ventana y veía a las personas pasar queriendo gritarles que en mi cama yacía el hombre más bello del mundo. Pensé que ya había hallado mi final feliz. A su lado la pobreza se podía mitigar con besos y la locura se podía aumentar con sus abrazos. Con él me convertí en la mujer que siempre quise ser pero que pensé que era imposible. Me sentía como pez en el agua en mi cuerpo, nunca tuve tanta confianza en mí misma y en un hombre como la que sentí con él pese a que tuvimos nuestras peleas y diferencias a causa de los excesos y las fiestas de carne que hicimos en nuestro departamento…Mi… Nuestro… Bueno, el departamento donde vivimos. Yo aún paso mis días ahí. Debo un mes de renta y no me preocupa deshacerme de esa deuda. Es sólo dinero… Es tan vulgar y…



–Caray mujer, ¿qué pasa por tu mente? Tienes una pequeña guerra en tu cabeza. Toma… Te pedí seis tacos al pastor y una quesadilla. Como no sé cual es tu sabor de refresco favorito, te traje la clásica coca cola de botellita de vidrio– Noel comenzó a comer y yo le agradecí con una sonrisa…No comí. Devoré los tacos haciendo que Noel abriera la boca y exclamando un WOW y reímos. Apenas volvió se disiparon de mi cabeza las sombras y los espíritus de Julián.



–Tienes novia–



– ¿Por qué esa pregunta? –



–No es una pregunta– Sonreí sin poder disimular un coqueteo con mi hombro izquierdo.



–No tengo novia, he tenido varias citas. Ya sabes. Salgo mucho, hablan de mí mucho en las revistas, he salido con dos actrices y a veces en las fiestas me presentan modelos y así, la noche a veces llega a su fin dos o tres noches después– Noel encendió su auto y lo puso en marcha.



–Oh… Ahora entiendo, jajaja. Jaime pensó que yo era modelo y decidió que debías conocerme para hacer que tu noche durada tres días. –



–No… Es evidente que tú no eres modelo… Tú luces como algo más…–



– ¿Algo más? – Bebí del popote en la botella, de manera sensual, fálicamente.



–Sí… Eres algo más –



–Voy a ser honesta contigo porque eres bueno y yo soy mala pero soy aun más mala mentirosa. No sé quién eres. Sí. Tu rostro es familiar. Sé que perteneces al glamour de las fiestas con alfombras rojas y las botellas caras de champaña y las luces y las cámaras y todos quieren saber de ti porque eres famoso pero yo no sé quien eres. Sé que eres músico porque ahorita me lo dijiste… Yo… – Noel detuvo bruscamente el auto haciendo rechinar los neumáticos en el asfalto, luciendo serio, frunciendo el seño.



–Bájate de mi auto…–



– ¿Cómo? –



–Bájate… No dejo que alguien que no sabe quien soy se suba a mi nave– Yo estaba atónita hasta que me percaté que su boca comenzaba a dibujar una sonrisa y soltó una carajada haciéndome reír. Le di un golpe en su brazo.



–Eres un cruel. Malvado. Me asustaste, jajaja. Pensé que hablabas en serio–



–Jamás en la vida pero se de varios amigos y colegas que cuando sus egos son heridos tienen éstas reacciones un poco exageradas–



–Noel, tú eres diferente… Tú eres algo más– No pude evitar perderme en sus ojos que también se estaban ahogando en mí. Ambos en silencio, él apenas si podía mantener el auto en línea recta, yo con mi corazón saltando como niña exploradora que ha vendido ya todas sus galletas y chocolates. Quizás yo era para Noel un monumento en ruinas y puede que el se piense como un restaurador, un arqueólogo con instinto de cirujano del corazón. Para mí Noel era un misterio y al mismo tiempo un libro, una canción compuesta por Jimmy Hendrix, es irreverente, es la forma que desafió el molde. Sus largos dedos parecían ser ávidos exploradores. Su nariz imperfeta parecía haber sido cincelada por algún artista de la época de Miguel Ángel, un artista rebelde, un artista que no seguía normas, que las creaba, como Noel.



Llegamos a mi departamento que lucía tan deprimido, vaciado y silente como yo. Yo estaba agitada por haber subido las escaleras. Fui a la cocina por un poco de agua y Noel se sentó en la alfombra, en flor de loto, cuando volví con dos vasos de agua él estaba muy pensativo, como si algo lo perturbara, después me miró y estiró su brazo para tomar el vaso y bebió un poco. Miró la alfombra y desde ahí la cama, miró el techo y las paredes de mi departamento. Se veía tan inquieto. Abría su boca queriendo expulsar todas esas preguntas que se formulaban en su lengua pero algo lo detenía. Yo me senté en flor de loto también, frente a él, lo miré, quizá un tanto maternamente, es que me dio ternura verlo así, de lucir como un rockero rompecorazones a un niño vulnerable con muchas dudas. Tomé su mano y le regalé la mejor de mis sonrisas, una sonrisa sincera y feliz de existir. Sentí cómo en mis venas algo comenzaba a hervir. Era una sensación lejana, un recuerdo vago que comenzaba a volver a mi ser.



–No quiero tener sexo– Le dije provocándole inmediatamente una carcajada. Funcionó mi broma ya que quería distraerlo de su estado vulnerable y autista.



–Yo no quiero hacer nada que tú no quieras hacer. Sabes, estoy en tu nido. Es cálido aunque no hay muebles ni decoración–



–Mi departamento es como yo…–



–Mujer, tú eres algo más…–



– ¿Qué podría ser yo que no tengo nada para un artista famoso que lo tiene todo? – Noel se acercó a mí poniendo su rostro tan cerca del mío al punto que las puntas de nuestras narices se tocaban.



–Uno: No lo tengo todo. Dos: No soy tan famoso ni me interesa serlo. Tres: Tienes un universo para dar, mujer. Por ti podría crear un disco completo, en honor a tus ojos esmeralda. – Sonreí oprimiendo su frente con la mía, inhalando su aliento, acariciando su cabello, froté sus labios suavemente con los míos y me moví un poco hacia atrás. El fantasma de Julián volvió como relámpago y golpeó mi pecho robándome la respiración por un momento.



– ¿Ocurre algo? – Noel preguntó con un atisbo de susto en su rostro. 



–Tengo tanto miedo. Miedo de ti, miedo de mí, miedo de mi departamento, miedo de mi cama, miedo de la noche, miedo del amanecer, miedo de la ciudad, miedo de las mujeres y miedo de los hombres. Tengo miedo de tener miedo porque estoy paralizada y me da pavor avanzar y darme cuenta que en el horizonte sólo resta un abismo para mí. – Comencé a llorar desconsoladamente, quería detener mi propio llanto pero no podía, entones Noel me abrazó y acariciando mi cabeza delicadamente, besó mi frente y nos recostamos, me acurrucó en su brazo y su pecho, mientras me miraba yo lloraba pero le sostenía la mirada, creo que algo en mí quería asustarlo para que se fuera de una buena vez y ya no quisiera volver. Ese algo en mí cree que ya no hay hombres buenos sobre la faz de la Tierra. Noel comenzó a tararear una melodía y resoplaba su aliento en mi cabello hasta que poco a poco todas esas lágrimas y desesperación reprimidas y que salieron a borbotones cesaron. Su voz sonaba tan sensual y tan cautivante. Era una melodía que no había escuchado antes. Él tomó mi mano y la llevó a sus labios. Besó cada uno de mis dedos       y seguía haciendo resonar esa dulce melodía entre sus labios. Estar junto a Noel, estar junto a un hombre era algo que no había hecho en las últimas semanas. Ha pasado mucho tiempo, abandoné mi sed de testosterona, abandoné mi instinto de intimidad por hibernar como serpiente en el invierno. Su cuerpo era caliente, hervía y humeaba, comenzó el sudor a mojar su frente entonces besé su frente humedeciendo de su sudor mi boca, Noel me miró enternecido, entregado a la profundidad de mis pupilas y limpió con su largo dedo índice mis labios. Volví a besar su frente y le dije: –No me limpies de ti– Entones me abrazó fuerte, casi asfixiándome, noté que él realmente no era el típico cantante famoso que después de la borrachera se lleva a cualquiera a la cama, la folla y le paga el taxi. Noel lucía meditabundo, distante y sin embargo ahí conmigo, revoloteando de una emoción que no puedo describir. Comprendí que el me veía como algo que yo no veo en mí, no después de Julián. Y Julián lucía tan lejos como lejos puede estar del Distrito Federal la bella y colorida ciudad de Sevilla. Noel siguió creando con su voz esa melodía, comenzó a tornarse un poco oscura, melancólica enredándose entre los vellos de mi cuerpo, erizándome los poros. Era como si su melodía fuera parte de mí. Como si yo fuera la letra de esa música. Sentía como si las notas que sus cuerdas vocales creaban fueran parte de mi cuerpo. Comencé a sentirme caliente, pero no caliente de excitación sino ese calor que te provoca sentir estar junto a una fogata en medio de una noche fría ya que tu cuerpo regula su temperatura correcta. Desabotoné el primer botón de mi camisa dejando a la vista de sus ojos marrones mi escote y mi sostén color púrpura. Sin embargo sus ojos estaban aún clavados en los míos. Él seguía cantando y yo sentía que flotaba y me movía fuera de mi cuerpo en la melodía, mi piel era la letra y aunque no me había besado en la boca ni en mi espalda ni en mis pechos ni en mi vientre, sentía que él me cantaba a mí, su música era yo, yo era su letra y rimaba en sus ojos, en su lengua, en el brillo de su frente que delataba que su cuerpo también hervía. –Estoy perdida– Le dije haciendo un lado la mirada, viendo a la nada.



–Entonces ya somos dos perdidos. ¿Tienes una brújula? –



–No. No tengo brújula ni mapas. Sólo tengo las líneas de las palmas de mis manos– Abrí mi mano izquierda y con su largo dedo índice comenzó a acariciar de arriba hacia abajo, dibujando suavemente círculos, flores, figuras que hacían desfigurarme de placer y emoción bajo mis ropas húmedas de gozo y sudor.



– ¿Cuál es tu canción favorita? –



–Es un clásico… Bésame Mucho de Consuelito Velázquez– Sonreí apenada y el tomó mi rostro por la barbilla y besó la punta de mi nariz.



–Qué romántica…– Dijo con un tono de su voz enronquecida que me hizo languidecer, anticipando el placer que me consumía.



– ¿Y tú? ¿Cuál es tu canción favorita? – Noel es un dios del rock Mexicano o al menos así luce, así que esperaba cualquier tipo de respuesta.



–Digamos que ésta noche “Bésame Mucho” también podría convertirse en mi canción predilecta. – Aún recostados, frente a frente, en medio de mi sala de estar, vacía, silente y con las paredes que derramaban excitación, comencé a desabotonarme los botones restantes de la camisa, relamí mis labios, y desabotoné su chaleco. Noel me quitó la camisa dejándome expuesta con el torso casi desnudo, con ese sostén púrpura y brillante de seda y encajes. Quería quitarme los jeans pero me perdí en el instante cuando los vellos de su barba comenzaron a recorrerme y a caminar mi vientre hasta que llegaron a mis pechos, su lengua humedecía el camino, su bigote me surcaba sin pudor. Mis poros delataron la excitación y mis pezones se levantaron como soldados al amanecer. Su boca besaba mi piel con ternura y paciencia avasalladoras, él actuaba como un león que había cazado a su presa y que ahora la tenía junto a su regazo y lentamente se disponía a devorarla. Me tomó entre sus manos y me dio la vuelta, dejándome boca abajo respirando hondo, jadeando sin querer hacerlo notorio. Y es que quería hacerme a la fuerte, no sucumbir ante la evidente emoción que me hacía agonizar de placer bajo su sabia y feroz boca. Su boca era manos y yo era su guitarra o tal vez un arpa y resonábamos en la oscuridad, cantando al unísono (aunque yo no sepa cantar y no afine ni una nota aunque de eso dependiera mi vida), el ritmo de sus húmedos besos, subiendo por mi espalda baja hasta llegar a mi cuello, mordió suavemente mi nuca, él es un vampiro quizás y con ganas de entregarme me di vuelta de nuevo y sin inmutarse siguió besando de mi ombligo hasta mis senos, mordió el encaje de mi pecho izquierdo hasta quitármelo y beso mil veces sobre mi pecho diciendo “Aquí yace sepultado tu corazón dando patadas de vida”. La humedad en mi vagina comenzaba a mojar mis pantalones entonces le pedí que me besara y él respondió “Pero esto es sólo el comienzo… No desesperes mujer”. Yo ya quería ser crucificada sobre él, quería que me perforara y olvidé todo pero el me detuvo, notó mi ansiedad y me pidió respirar profundo, relajarme, que cerrara mis ojos y lo siguiera a través de su voz. Comenzó a cantar de nuevo, esa melodía hipnótica y cerré mis ojos. Yo era Alicia en el país de los rockeros que parecen una maravilla. Seguía al conejo blanco hasta llegar a un agujero oscuro, me asomé y caí hasta el fondo, seguía viendo al conejo huir y me levanté y continué la persecución. De repente el conejo estaba frente a mí cantando “Bésame Mucho” haciéndome caer de rodillas al suelo, rendida, estupefacta y conmovida. El conejo se abalanzó a mi pecho y se fundió al instante en mi piel… La voz seguía moviéndose como serpiente entre mis poros hasta que dijo “Piensa que tal vez mañana yo ya estaré lejos, muy lejos de ti…” Abrí mis ojos arrancando mi mente y mi humanidad de esa fantasía deformada y colorida para ver a Noel sin chaleco ni camisa sobre mí, con su cabeza acurrucada sobre mis senos, con su pene aún adentro de mí, con sus dedos entrelazados en los míos, con su sudor goteando sobre mi piel.



–Tengo miedo de tenerte y perderte después– Le dije sin prohibirle la salida a una pequeña lágrima. Noel puso su barbilla entre mis senos, mirándome así, estirando mis brazos con los suyos hacia arriba en mi cabeza. Levanté mi cadera para abrirle el paso absoluto de mis entrañas a su duro instrumento.



–Tal vez mañana… Tal vez mañana…– Dijo Noel moviendo su cadera para atrás y adelante, con ritmo de batuta de director de orquesta. Yo, después de verle a los ojos y sonreírle de placer, perdí el punto, perdí el horizonte, perdí los motivos y perdí la pesada carga que no me dejaba elevarme. Él dentro de mí, yo muy en él, levitamos, libres, mojados y moribundos y aunque en ese momento no sabía todo de él ni conocía su biografía ni su carrera, lo adoré por lo que era. Conejo blanco, cantor, descomponiendo mi mundo a través de la composición de su boca, con su melodía inspirada en mí, cantando mi canción favorita. Su piel silbaba sobre la mía. Jaime, tal vez es un visionario después de todo, quizás ésta noche, su noche y la mía durará dos o tres o un millar. No sé cuánto es lo que dura la vida cuando dejas de preocuparte por ella y comienzas a vivirla.



Sí… Mi departamento es el cúmulo de dos habitaciones, una cocina, dos pasillos y un baño. Escasamente amueblado y yo cero centavos en mi bolsillo pero esa noche dormí con el alma llena, con la entraña llena, con el cuerpo lleno de besos de un león misterioso y volví a la vida; gracias a Dios.



CONTINUARÁ…



FANYA: CONFESIONES DE UNA EXHIBICIONISTA DESEMPLEADA -BESAME MUCHO-


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