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Cesar Arellano falleció la noche del pasado Martes 15 de Febrero. No hay mucho que decir.
Simplemente me queda la rabia de vivir en un país hermoso que está secuestrado  por el crimen, la corrupción y la impunidad.

Cesar fué en vida el fotografo de las fiestas, con un estilo único, y siempre con pasión ante la vida.
Sé que Cesar vivió plena e intensamente. No se quedó con ganas de nada, apoyó a los nuevos talentos, a los nuevos rostros de la moda, mientras los fotografiaba y dejaba archivada en fotos y en su blog, la historia de un país multifacético, triste y divertido.

Su ida fué inesperada y dolorosa para todos aquellos que lo conocieron, incluso para quienes no tuvieron el placer de haberle visto o charlado con él.

Para mí Cesar más que un fotógrafo o bloggero era un gran ser humano. El ego lo dejó en el cajón bien guardado. En el mundo era él y su cámara. Nunca necesitó de un ejercito de fashionistas tras de él para poder crear arte, su arte, a su estilo y bajo su ideal.

Él defendió la moda Mexicana, la retrató con orgullo y la compartió con el mundo entero.

Muchos lloran su muerte, muchos estamos frustrados y molestos con la vida o las circunstancias.
Sin embargo, él quisiera que estuvieramos en una fiesta recordándole como él fué. Los recuerdos son el mejor consuelo.

La muerte de un artista no es muerte, es sólo una transición ya que su arte es legado y el legado es lo más parecido a la inmortalidad.

Descansa en paz Cesar. 


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